Las aventuras y desventuras de Doña Matilde L. Álvarez. Primera parte: Las Joyas.

París, 21 de agosto de 2016.

Querida Ofelia:

Recibí desde Miami la primera parte de las tres aventuras y desventuras de nuestra querida amiga Matilde L. Álvarez. Te la envío pues sé que te va a agradar y para que la hagas circular entre nuestros amigos allá en San Cristóbal de La Habana.

 “La Aventura #1: Las Joyas

Miami, 20 de agosto de 2016.

Yo no tenía las joyas de ninguna corona pero sí varias prendas de familia y muy bellas que venían de Laura Goree, mi bisabuela francesa. Ella era la madre de mi abuelo Felton Zimmerman. Cuando él se casó con mi abuela Amalia Gallegos, se las regaló todas a ella. De mi abuela Amalia pasaron a mi madre y de mi madre a mí.

Otras habían sido regalo de mi padre (fallecido) a mi madre o para mí y además mi anillo de graduada del colegio del Sagrado Corazón y el de casada. Todas tenían gran valor sentimental para mi madre y para mí.

El esposo de una amiga de la familia, A.W., había tenido una posición importante en una embajada y se ofreció a principios de 1962 para sacarnos, a través de ella, una caja de tamaño mediano con las prendas. Necesitaban dos direcciones, una en España y otra en los Estados Unidos para decidir por dónde saldrían, así que le llevé la susodicha caja con las direcciones y el teléfono de dos tías de mi esposo Alberto: Sophie en Madrid y Luisa en Miami.

A través de personas amigas que iban saliendo exiliadas les hicimos saber que una de ellas dos recibiría la caja y que nos avisaran por carta, que ya las “primas” habían llegado, para estar tranquilos.

Así fueron pasando los años, nosotros salimos exiliados en 1968 y “las primas nunca llegaron”, lo cual fue la fuente de otra “desventura” ¡Se habían perdido todas nuestras prendas!

Siguieron pasando los años y llegó el 1974. Un día de ese año recibí una llamada  de un señor que se identificó como un tal Rigoberto (con un apellido chino), preguntando por mí. Me identifiqué y me dijo que él era el ahijado de A.W. Entonces  recordé que A.W. tenía una criada china y su hijo, que vivían con ellos y que era madrina del niño pues lo había bautizado. Ese era Rigoberto. Me dijo que tenía imperiosa necesidad de verme entonces. Daba la casualidad que era un domingo y Alberto había subido ya en el auto a mi madre y a sus padres que eran bien mayores, sólo faltaba yo. Le dije que tenía que venir en dos o tres horas porque estábamos a punto de salir con nuestros mayores ya en el auto y me dijo : – “No, no, no, tiene que ser ahora mismo, es imperioso que sea ahora”.

Para qué decir lo que nos molestó ese ultimato, pero esperamos estoicamente al chino que estábamos seguros que tenía un apuro de dinero. Al rato se apareció en casa. Cuando abrí no quiso ni entrar, me saludó y extendió la mano… ¡con la caja de las prendas! que yo hubiera reconocido entre mil.

Por poco me desmayo, empecé a llorar y mi madre que estaba sentada en la sala cuando vio la caja que también reconoció, entre pucheros la oí decir: “un milagro de Dios”. ¡Lo era sin duda alguna!  Rigoberto entonces agregó que el señor que le acababa de tocar la puerta para darle la caja solamente le había dicho: –“excuse the delay it happened in London’s airport”, “perdone el atraso ocurrió en el aeropuerto de Londres”.

El no entendió nada del mensaje y pensó que yo lo entendería, para mí ¡era en chino, como chino era Rigoberto! que por cierto se marchó tan rápido como había llegado. Otros misterios más. ¿Cómo le habían entregado la caja a Rigoberto y no a ninguna de las tías y cómo él sabía que la caja era nuestra y tenía mi dirección? Tremendos misterios.

Para no mantener el suspenso innecesariamente contaré lo que A.W. en una visita a Miami nos aclaró que había pasado. En 1962 cuando se iba a mandar nuestra caja, y a última hora, decidió que ella quería mandar algo más y como Rigoberto ya estaba en Miami decidió dar la dirección de Rigoberto para la entrega de todo. Con su revolico para salir del país se le olvidó decírnoslo.

¿Cómo Rigoberto sabía nuestra dirección? Como A.W. tenía la dirección de las dos tías de Alberto y como tía Luisa vivía en Miami a través de ella Rigoberto nos localizó. Pero aun quedaba un misterio: ¿Qué era eso de… “perdone el atraso, ocurrió en el aeropuerto de Londres?”.

Cuando  me retiré, empecé a trabajar de voluntaria junto con Alberto para ayudar a Monseñor Emilio Vallina con la habilitación de la nueva iglesia de San Juan Bosco en la Pequeña Habana. El estaba en otras actividades distintas a las mías, pues yo trabajaba con A.L. en llevar los records de las donaciones para habilitar la iglesia de imágenes, vitrales, bancos etc. Como el también era un exiliado cubano compartimos muchas historias de las cosas que habíamos pasado. Un día me mencionó como le habían robado unos cuadros que nunca habían llegado y que estuvo esperando inútilmente por años. Yo no pude por menos que contarle toda la historia de mis prendas y el misterio de “lo del aeropuerto de Londres”. A eso me dice: – “¿Pero tú fuiste una de las del aeropuerto de Londres?”. Yo me quedé totalmente patidifusa con sus palabras y sobre todo por la historia que me hizo.

Resulta que un empleado, no se supo si de la línea aérea que transportaba cosas de las valijas diplomáticas o del aeropuerto que las recibía para reenviarlas a sus destinos, sospechando que algunas cajas o paquetes contenían cosas de valor las empezó a robar y a almacenar en un rincón de una especie de ático que había en el aeropuerto de Londres. Aparentemente ese individuo desapareció, sabrá Dios por qué. Pasaron los años y nadie sabía de la existencia de ese rincón. En 1974 al empezar con algunas obras de construcción en el aeropuerto de Londres, ese rincón lleno de todos esos objetos se vino abajo y se descubrió que eran cosas que debían haberse enviado a las direcciones que contenían. Según A.L. eso en 1974 se había publicado profusamente en la prensa, pero nosotros no nos habíamos enterado.

Conclusión: ¡Las prendas salieron en 1962, llegaron a mis manos en 1974 y en 1998 nos enteramos el por qué de la demora en recibirlas!” Matilde L. Álvarez.

En junio del 2012 Doña Matilde L. Álvarez publicó su primer libro titulado “Perfumes del Mar y mis Recuerdos”, en abril del 2013 “Encuéntrate conmigo en las Estrellas”, en septiembre del 2014 “El Cofre de mis Recuerdos” y en octubre de 2015 “Con mis blancas gaviotas”. Todos fueron presentados en la Casa Bacardí del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos (ICAAS) de la Universidad de Miami.

Le deseo muchos éxitos a esa gran dama de la Literatura Cubana que es Doña Matilde L. Álvarez. Su preciosa amistad me honra.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.