Las camelias de Chanel y la aplanadora de la Calle 8

El techo de camelias de Chanel, bajo el cual mi esposa y yo dormimos cada noche, en nuestro apartamento de La Ciudad Luz. © Félix José Hernández.
El techo de camelias de Chanel, bajo el cual mi esposa y yo dormimos cada noche, en nuestro apartamento de La Ciudad Luz. © Félix José Hernández.
El techo de camelias de Chanel, bajo el cual mi esposa y yo dormimos cada noche, en nuestro apartamento de La Ciudad Luz. © Félix José Hernández.

París, 3 de mayo de 2016.

Querida Ofelia:

Esta noche será “histórica” para San Cristóbal de La Habana, pues Karl (no Marx sino Lagerfeld), hará desfilar a sus modelos de Chanel por  nuestro bello Paseo del Prado. He leído varios artículos al respecto y comentarios de protesta.

Aquí en La Ciudad Luz, para asistir a un desfile de moda de un gran modisto,  también es por invitación personal. Sobre todo son invitadas las señoras millonarias y de la aristocracia (éstas últimas a veces como ‘decoración’), que pueden comprar los trajes, cuyos precios no bajan de varias decenas de miles de euros cada uno. También son invitadas las estrellas de cine o periodistas especializados en la moda.

Leí la declaración de una “compañera” habanera, según la cual: “las cubanas no pueden comprar ropas de Chanel debido al ‘bloqueo’ imperialista yankee”. Por mi parte huelgan los comentarios.

Hay quienes están habituados a utilizar una aplanadora en la popular Calle 8 de Miami, para como protesta,  destruir obras de los artistas que van a Cuba. Me parece que va a trabajar mucho en los próximos meses. Yo propondría que la aparcaran junto al Restaurante Versailles, así la tendrían a mano. Claro no le podrían pasar por arriba a un barco de cruceros de Carnival, pero sí a los artículos de la casa Chanel. Ya estoy imaginando la gran cantidad de damas que patrióticamente llevarán sus: trajes, carteras, zapatos, joyas, etc., para que sean destruidos por la celebérrima aplanadora.

Aquí en París, cuando uno compra un artículo Chanel, el paquete de regalo es sellado con una camelia blanca de tela. A mi esposa se le ocurrió ir pegándolas al techo de nuestro dormitorio desde hace tres décadas.  Por ello, cada noche descansamos bajo un techo muy chic de camelias de Chanel. Le propuse  que las despegáramos y las enviáramos a la Calle 8 para que la aplanadora las destruyera, pero ella lógicamente no estuvo de acuerdo.

Y así mi querida Ofelia, van las cosas por estos y aquellos lares.

Un gran abrazo desde la Patria de Coco Chanel,

Félix José Hernández.

 

 

Hispanista revivido.