Las cosas que ignoramos

No se mueve una aguja en el mundo sin que los EE.UU. den su consentimiento

Hay cosas, asuntos, trajines, que uno no llega a entender a lo largo de la vida; y, sea para bien o para mal, sabe analizar otras, y no se calienta más el coco pesando la causa o efecto que producen. Pero en esos otros asuntos que no encajan, que se alejan de toda lógica de comprensión, aunque para eso se fundó y nació la República Argentina y sus sicólogos, uno no alcanza a comprender.

Uno, servidor, no alcanza a comprender como en un mundo donde el sentimiento de vengar, de hacer pagar los daños cometidos errores, de ser perdedor de algo, no lo perdona nadie ni ningún estamento en particular, existen dos grupos humanos que presentan dos aptitudes ante el pasado y el presente que no cuadran con aquello que es la regla general vigente en este mundo de venganzas, envidias y odios.

Los Hebreos, los Judíos, por mucho que se brujulee en la crónica que conocemos desde su aparición como gentes unidas bajo el mismo precepto religioso, nunca han tenido un amigo o aliado tan poderoso como ahora, los EE.UU.; hasta tal extremo de alianza que muchos no sabemos si los citados EE.UU. son una pedanía económica de Tel Aviv, o Tel Aviv es un estado más de los EE.UU que tiene baile y danza propia.

La apariencia de amistad y alianza para lo que haga falta entre ambos y diferentes países, nos deja con la boca abierta, al margen de que nos deja con sabor de que somos unas muy malas personas, cuando vemos que el mundo judío respeta con reverencia económica los interesas vaticanos, no les toca un pelo sus intereses, después que por siglos, y muy especialmente en el siglo pasado el Vaticano no se le encogió el habito a la hora de tomar partido –se aceptan excepciones que confirman regla- por el lado fascistas, y tirar con la recortá, plenos de indiferencia, con lo que le estaba pasando al pueblo judío.

Está claro que uno no es partidario de que el comportamiento mundial – aunque en el fondo es así y mucho más cruel y vengativo – no tenga el primitivismo del Huno conquistador Atila que tenían por norma beberse la primera sangre del primer enemigo vencido en la batalla y vestirse con su cabellera, siguiendo una costumbre de aquellos pueblos orientales que solo respetaban con devoción a sus caballos, pero no nos encaja a la gente de la calle, que teniendo como tienen ahora los judíos el tremendo poder bélico estadounidense de su lado, no se hayan ni acercado a los muros del Vaticano a hacerle ni un corte de manga después de la indiferencia que mostraron hacia su exterminio ¿O no fue así?.

Por otro lado, los superpoderosos EE.UU. que no se mueve una aguja en el mundo sin que ellos den su consentimiento, aunque le dejen mirar a los rusos, y, últimamente a los chinos, en el patio trasero de su casa americana, a lo largo y ancho de todo el extenso continente Americano, América no es para los Norteamericanos, sino que todo lo americano es propiedad Norte Americano, excepto cuando dice el vaticano que se queden calladitos que están más guapos, que es un asunto suyo, y, entonces, las grandes corporaciones gringas se hacen a un lado, y se ponen de terratenientes vecinos de las propiedades terrenales del clero vaticano, y agradecidos con que el clero no se las expropie y los mande por arriba del Río Grande a explotar esclavos modernos.

Tales poderes tan tremendos, después de tanta chulerías informativas como tenemos que aguantar hasta el extremo que cualquier acontecimiento gringo tenemos que verlo de por fuerza en nuestros televisores y todavía falta que nos pongan algo, por decir un nombre, una noticia libre sobre como siguen tejiendo la lonas las gentes Chachapoyas, son asuntos mosqueantes, incomprensibles, para los que nos gusta estar informados y salimos por las ventanas modernas a dar opiniones respecto a muchos asuntos.

Hay quienes dicen que el milagro de Atila, el éxito de sus continuas victorias sobre los romanos o cualquier pueblo que se le pusiera por delante, no consistía en su tenacidad como gente de una gran resistencia sobre el caballo, sobre el cual comían, dormían y hacían el amor, al margen de que sus ancas les servía de fogón para calentar su comida, por lo general carne y pan, sino porque antes de comenzar una batalla, los Hunos habían aprendido de los pueblos Iranios como los Escitas, que lanzando flechas previas con malos augurios, y símbolos gafes, la batalla estaba ganada.

Pero en el caso que nos ocupa, pocos son los jóvenes y no tan jóvenes, que salgan de unas sucursal vaticana contentos y convencidos con el sermón que le han soltado. ¿Dónde está el truco. Qué es lo que lanza de continuo el Vaticano?.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis