Las islas desventuradas

Las desventuradas fueron cedidas a los jesuitas  por el navegante Juan Fernández

Es muy probable que se aclare mucho en el testamento, en la cesión de las islas solitarias en la mar Pacífica, conocidas como Islas de Juan Fernández, de las Cabras, o Desventuradas, que, al parecer, primero del todo para nuestro conocimiento, las divisara Magallanes en 1.520, y tiempo después, en 1.574 el navegante Juan Fernández, hace el descubrimiento como suyo, y a su muerte en 1.599 en Santiago de Chile, las legó, no su propiedad que no la tenía, sino la concesión real de ellas a los Jesuitas, compañía que como esta casi recién fundada, 1.540, agarraban para su patrimonio aunque fuera un clavo ardiente.

Son muchas fechas y muchos asuntos a lo largo y a lo ancho de una América preciosa, rica en gestas, personas, hechos y circunstancias, que van a ser irrepetibles, por la valentía a narices (por no escribir un taco) de los españoles ante la soledad tan espantosa en la que se encontraban en aquellas distancias, y la dignidad de unos naturales que demostraron una mayor decencia patria, que cuando se asoma ahora algún imperialista con una tarjeta sim, y la posibilidad de un teléfono móvil.

No consigo encontrar el citado testamento de cesión del navegante Juan Fernández a los Jesuitas, le he mandado algunos recados modernos a la casa central de ellos, pero ni púas; todo en base de intentar resolver un asunto que no deja de tener su misterio histórico, y que es de necesidad de aclarar en la crónica respecto a un persona nombrada, el marino Juan Fernández, que unos dicen que nació en Cartagena de España, y otros dicen que nació en Huelva, y, Juan Fernández, en la parte que conocemos, o que personalmente conozco de él, no dijo nada.

Ante el Oidor de la Real Audiencia de Lima, don Alonso Maldonado de Torres, el dos de febrero de 1.590, dice Juan Fernández que lleva 40 años correteando por Chile, que tiene unos 60 años de edad, que vive en Santiago de Chile y que es Piloto Mayor de aquellos mares y aguas.

Si en 1.590, dice Juan Fernández tener unos 60 años, tuvo que nacer sobre el 1.530, si fue cartagenero de España, en Cartagena, si fue de Puerto de Santa María, en Puerto de Santa María. Mismo lugar, Puerto de Santa María, del que dijo en su testamento proceder un Piloto Mayor, llamado Juan Fernández, residente en El Callao, hijo de Juan Fernández y de Andrea de Escalera.

Como los pilotos, aguja y ballestilla al hombro hacían de agrimensores y les fijaban las tierras a los conquistadores o usurpadores de terrenos indianos, la crónica chilena o peruana da anotación que Almagro hizo todo los posible por ahorcar a un piloto llamado Juan Fernández, porque no estuvo conforme con los mojones que puso a sus posesiones, aunque, ante la carencia de pilotos, después lo perdonó. Pero el tal piloto no volvió nunca a ir donde estuviera Almagro.

En 1.499, el rey don Manuel de Portugal, le dio licencia a Joao Fernándes, que vivía en la Isla Tercera, para que junto a comerciantes de Bristol y gentes de Las Azores, fueran a descubrir islas donde no hubieran estado antes cristianos. Y el lusitano navegante Quirós, en 1.546, hablando de Gonzalo Pizarro dijo que “Llevaba por capitán de mar un Juan Fernández, villano, natural de Palos, maestre largo tiempo del Galeón de los Gobernadores, casado y vecino de Lima.

Porque al Juan Fernández al que se refiere mi admirado Inca Garcilaso, que no sabía de donde era, no puede ser el marino del que intentamos hablar, porque el Inca habla de que estaba con Pizarro y con Alvarado por el Perú, corriendo el año de 1.531, recién nacido, al parecer el Juan Fernández que tratamos de localizar, no por la posibilidad de ser cartagenero, paisano por lo tanto, sino porque una vez más, la crónica nos han enmarañado un navegante que probablemente avistó antes que ninguno otro, la extensión territorial de Australia.

El Juan Fernández, el navegante que fue a la conquista de Chile, preparado por si las cosas iban bien marear por el Estrecho de Magallanes y llevar recado y rapiña a España, tuvo que ser un excelente nauta, y el arte de navegar no te lo dan en una tómbola al comprar una papeleta.

Juan Fernández de Alderete, Juan Fernández de Almendras, Juan Fernández de Villalón, Juan Fernández Garcés, Juan Fernández de Portocarrero, todos marinos, todos citados por la crónica. Pero en Chile, en la ciudad de Santiago fundada por don Pedro de Valdivia, en las primeras naves que llegaron en ninguna de ellas aparece nuestro Juan Fernández, ni en 1.543, ni antes con Almagro, ni en Valparaiso.

Barbosa Machado, en su Biblioteca Lusitana, incluye a Juan Fernández diciendo que era portugués.

Y los Jesuitas modernos, dejando que servidor se deslome tratando de darle luz a un asunto a una persona y a unas islas que los historiadores ni las nombran: Fernández de Oviedo ni las nombra. Tampoco lo hace López de Velasco. Antonio de Herreta tampoco. Luis Tribaldos de Toledo solo dice que se dan muy bien las cabras. Pero ni Góngora Marmolejo, historiador de todas las cosas que acaecieron en Chile hasta 1.576 las nombra, ni Marino de Lobera, historiador de Chile hasta 1.590 las citan.

Los jesuitas Ovalle y Rosales, se limitan a decir que las islas  fueron de ellos. El inmortal Ercilla, cuando nombra los accidente geográficos chilenos en La Araucana, pudo hacerlo y no lo hizo. Me queda mucho por ver, pero Jesuitas. S.O.S. el testamento a lo mejor me saca de muchas dudas.

¡Ah, se me olvidaba! Soy de los que pienso que con una temperatura media de 15,5º centígrados Robinson Crusoe, se hubiese muerto de frío en la isla que quiere darle su imaginada estancia.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.