Mentiras sobre la ruptura de EEUU con el castrismo. En respuesta a un artículo aparecido en el periódico Granma

Por Tania Díaz Castro, Cubanet.

LA HABANA, Cuba.- Vale la pena responder a un artículo aparecido en días pasados en el periódico Granma, escrito por Elier Ramírez Cañedo, donde cree haber esclarecido los hechos de la ruptura yanqui con Cuba.

Comienza señalando, no sé si por ingenuidad o mala fe, que cuando Fidel fue invitado por la Sociedad Americana de Editores de Periódicos para viajar a Washington, el 15 de abril de 1959, “…el presidente Eisenhower prefirió irse a jugar golf, en vez de recibirlo y tratar de comprender al guerrillero cubano”, como si éste hubiera sido invitado por la Casa Blanca.

Luego se refiere a que Fidel viajó no para pedir dinero, sino “para explicar los rumbos que tomaría la Revolución y lograr sí la comprensión del gobierno y el pueblo norteamericano”.

¿Creyó realmente este colega que los politólogos norteamericanos necesitaban que Fidel les explicara el rumbo que tomaría su régimen y que lograría la comprensión del gobierno?

Luego agrega que “todo pudo haber sido menos traumático para EE.UU., de haber respondido de manera diferente a la Revolución, en vez de una reacción airada y hostil, que sólo logró incentivar y acelerar la radicalización del proceso y el acercamiento a la URSS”.

¿No sería mejor decir: traumático para la economía del pueblo cubano?

Se equivoca Ramírez Cañedo si piensa que en algún momento pasó por la cabecita de Fidel que los estadistas norteamericanos se doblegarían a su influjo y aceptarían sumisamente todas las barbaridades que cometió como improvisado estadista, cuando bajó de las montañas en enero de 1959 y mirando al cielo juraba que no era comunista.

En la tempranísima fecha del 7 de enero de ese año, sin haber llegado Fidel a La Habana, EE.UU. reconoció a su nuevo gobierno, lo más acertado que hizo, porque era mejor esperar y tener bajo observación a un atolondrado joven, que pretendía erigirse como el mayor enemigo de los yanquis, aunque supiera de antemano su fracaso.

Tengamos presente que, un poco después, llegaban al exilio de Miami numerosos líderes políticos de larga trayectoria democrática, colaboradores de la lucha insurreccional, todos decepcionados y traicionados porque habían descubierto la demagogia empleada por el nuevo caudillo, al referirse a las libertades civiles, elecciones generales y participación en el gobierno de todas las fuerzas opositoras.

¿A qué incapacitados mentales dirigió Elier Ramírez su artículo del miércoles 4 del pasado enero, cuando señaló que “sin haber tomado medida alguna que afectara sustancialmente los intereses norteamericanos, Eisenhower se mostrara poco corporativo y más bien adverso con Fidel”?

Cauteloso y paciente fue el gobierno norteamericano, mientras el líder cubano amenazaba con “las cosas van a ser muy diferentes en Cuba”, a través de kilométricos y efervescentes discursos, que provocaban la ruptura con EE.UU.

Aún así, el famoso articulista oficialista asegura que no hubo provocación alguna por parte de Fidel. ¿Ni siquiera cuando en 1959 y 1960, procedió a nacionalizar todas las propiedades estadounidenses, jamás indemnizadas y anunciadas en 1953, a través del documento La historia me absolverá?

La noticia de que EE.UU. rompía relaciones con Cuba aquel 3 de enero de 1961, no fue sorpresa para Fidel. Conociéndolo como lo conocimos bien, era lo que estuvo esperando durante más de dos años, de acuerdo a sus cálculos, a los errados pasos que daba, los que, aunque tarde, ya empezaba a reconocer como errores, ante la desaparición de una óptima industria nacional y una economía tan en bancarrota, que ni la URSS pudo apuntalar.

Por estos días, la televisión cubana está proyectando una entrevista inédita a Ernesto Che Guevara el 13 de diciembre de 1964, siendo ministro de Industrias, por los estudios CBS-TV de Nueva  York.

Muy sorprendidos debieron quedar los cubanos de la isla cuando escucharon que el Che confesó que había sido un error la política cubana contra EE.UU., en lo referente a las primeras acciones, que condujeron al rompimiento total.

En dicha entrevista, vista por primera vez en Cuba, el Che se refirió a que “unas relaciones armoniosas con EE.UU. sería muy bueno para nosotros desde el punto de vista económico, ante las dificultades que afronta Cuba para obtener materias primas, repuestos de piezas y, sobre todo el azúcar, ya que no tenemos el mercado cercano de EE.UU.”

Es obvio que en 1964, o tal vez desde antes, había arrepentimiento por parte del gobierno castrista por haber provocado el rompimiento con EE.UU. Un punto este de la historia que seguramente tuvo en cuenta el señor Barack Obama cuando trató de normalizar esas relaciones, con la misma dictadura de entonces y sin percatarse que ya era demasiado tarde.

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