Las Revoluciones

En España, la llamada Restauración, se encontró sumergida en dos guerras, la denominada Carlista, y la Guerra de Cuba. Y en Cuba lo que sembró el Ejercito Libertador Cubano en su lucha contra la metrópolis española, fue una verdeante Revolución social, que los yanquis: el sistema, por la mano activa que pusieron de Tomás Estrada Palma, disolvió el Partido Revolucionario Cubano, que en sus entretelas reivindicativas  iba mucho más allá de la lucha contra los españoles y su dominio imperial.

En España, cuando los curas vaticanos, se posicionaron tras las culatas de los fusiles de los militares españoles descontentos que estaban destinados en el norte de África, y también encontraron en los filos afilados de las gumías de los rifeños una venganza pendiente por las atrocidades, incluidos el gasear a poblaciones civiles marroquíes, que los españoles llevaban por años efectuando por las tierras del norte de Marruecos, aunque la soldada del enganche para subir a luchar contra España fue de las más elevada y sustanciosa de cuantas haya recibido tropa mercenaria alguna, la razón de la venganza marroquí contra el mal hacer español, también tuvo su peso en la balanza a la hora del enganche de magrebíes para matar españoles.

Las tropas españolas desplazadas al norte de África, frenaron a base de gases asesinos y balas compradas en el extranjero, los aires revolucionarios de una gente marroquí que quería instaurar su república, independiente del europeo, y que en el comienzo la dirigiera Abd-el- Krim.

Algunos de los que lucharon y fueron supervivientes de lo de Abd-el-Krim, después, a buen jornal mercenario, subieron en compañía de otros muchos hacia el norte, y en las tierras españolas ayudaron a frenar ¡y qué tremenda y fundamental ayuda!, frenaron a los españoles en su verdura ilusionante de cuajar un revolución social, gobernada bajo la forma administrativa de una República.

Cuando en Cuba se habla actualmente de Revolución, se piensa inmediatamente en Fidel y la Sierra Maestra. Cuando en España se habla de revolución, en vez de utilizar una palabra que tanto miedo le da al clero y a los casinos, se habla de Restauración, como si en España la hermosura de su Revolución que tanto miedo le dio al fascismo clerical no hubiera existido.

El bayamés político y profesor don Tomás Estrada Palma, uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano, como bien su nombre indica, en modo alguno había terminado su trabajo revolucionario cuando a finales del 1898 por orden recibida, como el que ha terminado la faena, disolvió el partido político que llevaba en su sustancia la misma revolución que años posteriores llevaron los rifeños de Marruecos y los españoles peninsulares.

El estrangulamiento de todas las revoluciones, porque el hombre detectó ya hace muchos que la cosa como iba no iba bien, ha sido y lo es la base dura y el blanco preferente a batir por las fuerzas del mal real, que es el que dice estar capitaneado por dios. Y, hasta aquí, esa forma egoísta de entender la sociedad mundial basada en el hambre y la miseria de la inmensa mayoría de la población, aunque mal, muy mal, ha ido rulando; pero al acabarse y que ya no se le puede sacar más manteca a los pobres de la tierra; como todo comienzo tiene un fin; es probable que estemos, viendo los gobernantes que tenemos y la apatía de los pueblos, ante los días finales de una sociedad.

Porque a pesar de las incesantes granujerías que le ocasionamos al planeta, hay más hambre que nunca, hay más injusticia que nunca, y nos empezamos a achicharrar o a congelar porque nos hemos cargado llenándolo de mierda el regulador térmico de esta planeta que es el mar, y secado todas las corrientes terrestres de agua de la tierra firme.

Echar un vistazo por los que nos han presentado como líderes del mundo que habitamos, el contemplar uno a uno a los antirrevolucionarios o contrarrevolucionarios hijos directos de todos aquellos que anularon los aires frescos que querían traer las revoluciones: la mejicana; las muchas y variadas en América, en Europa, África y Oceanía, nos ha traído lo que tenemos vigente sin futuro alguno, sin esperanza alguna, porque lo único que está progresando es el costo de mantener el egoísmo mundial por encima de la lógica universal de reparto.

La palabra revolución pone de muy mal humor al fascismo que se dice creyente de un dios mayor soberano. Y si no llega a ser porque en su día triunfó la Revolución Rusa y rescató a toda una millonada de gentes del barro y la injusticia, ahora, esos amagos que ya estamos viendo de esclavos que están durmiendo a pie de bancal en el puto suelo para poder aguantar las más de catorce horas de trabajo en el campo a cambio de veinte euros diarios, sería un puestazo de trabajo.

Sin revolución multitudinaria de los pueblos contra lo que hay establecido, no hay ni presente ni futuro. Años atrás el continente que nos contenía como especie, no estaba física y geográficamente podrido. Ahora lo está, y para sobrevivir la mayoría de gentes y animales sobre este planeta es de necesidad capital una profunda e imparable revolución que se lleva para adelante toda la basura acumulada que nos cubre.

Si estamos todavía a tiempo.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.