Por: Casimiro Sánchez Calderón

La política no aumenta el coeficiente intelectual de los atrevidos a practicarla. Es una tendencia suicida más de las muchas que nos mueven en la vida. Nos puede hacer más vivos, más pillos, más desconfiados, más prudentes, más resentidos, y muchas más cosas, pero nunca más inteligentes.

Felipe González ya lo era cuando llegó al poder, y además era muy vivo y sabía lo que quería cuando en Surennes, sin experiencia alguna en la clandestinidad ni bagaje político, se hizo lider del Partido Socialista antes de ser Presidente.


Aznar era más mediocre, por eso se dedicó tanto a aprender idiomas, sobre todo catalán, y estropeó su gestión al final por la corrupción de algunos de los suyos y por ese carácter tan propio que intimida más que agrada.
Zapatero tuvo una gran ocasión para haber destacado. Era humilde, aunque bastante distante y eso en su partido se paga. La crisis se lo llevó por delante.


El Sr. Rajoy no necesitaba siquiera ser inteligente, porque los señores notarios y procuradores, que tienen que aprenderse los numerosos y pesados temas de la oposición de memoria y recitarlos como el catecismo, con la memoria les sobra, y lo demás loaprenden de las personas, de las familias y de la vida más que los de Lepe y Tomelloso juntos, aunque ganen más que estos últimos. A pesar de que le caían todos los días chuzos de punta de su partido por la corrupción, fue prudente, duro y eficaz en la gestión.


Al actual presidente se le escapan las riendas de la prudencia. Primero, porque en política no se debe prometer, sabiendo sus fluctuaciones, ninguna cosa importante que no se esté seguro de realizar, y porque se dan pistas al adversario, que te las puede pisar. Además, lo excesivamente sobado no vende.


El problema de la inmigración se le va a llevar por delante, porque por mucha que sea su solidaridad, empeño y creencia de que puede superar su temenda realidad, es una tarea que no puede realizar solo, y, desgraciadamente, solo se va a encontrar en una Europa donde el problema migratorio eleva gobiernos y los deshace en solo días.


El Sr. Presidente sí va a tener una gran ayuda: las torpezas cometidas en el Congreso del PP por parte de los delegados eligiendo a un presidente del Partido que se va a quemar entre pleitos, si no está quemado ya. Si los populares hubieran elegido a Soraya, una de las personas más inteligentes que tienen, más dura en las grandes batallas políticas, limipia que sepamos en favores, y con una gran experiencia política, el Sr. Presidente del Gobierno ya estaría con algún hormiguilleo en las piernas.


En fin, confiemos en que el famoso dicho falle y, sí, La Moncloa aumente la inteligencia.

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