Esos disparates solo pueden generar distorsiones  e interpretaciones absurdas

 

De Pío Moa

Las versiones de la guerra sostenidas comúnmente sobre la guerra civil, no solo por la izquierda, sino también por gran parte de la derecha,  son falsas. No falsas en tal o cual aspecto, sino falsas de raíz. Un ejemplo: sostener, como se hace habitualmente, que la democracia la representaban una amalgama de stalinistas, marxistas revolucionarios, anarquistas, golpistas como Azaña y racistas separatistas es en sí mismo un disparate total. Y ese disparate fundamental solo puede generar distorsiones  e interpretaciones absurdas. Otro ejemplo: se dice que que las izquierdas representaban el progreso y los intereses de los trabajadores y las derechas representaban los privilegios de una oligarquía oscurantista y explotadora.  El hecho real es que cuando gobernó la izquierda, la miseria  de la gente aumentó, junto con mil violencias y desórdenes, mientras que bajo gobiernos de derecha iba ocurriendo lo contrario. Además, todos aquellos partidos tan interesados en la prosperidad  y el progreso de los trabajadores se atacaban entre sí, incluso asesinándose. De aquellos progresistas diría el propio Azaña que solo eran capaces de una “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”.

En segundo lugar me di cuenta de que las réplicas a aquellos enfoques disparatados eran muy débiles. Eran débiles porque quienes replicaban  eran muchos menos y estaban peor situados en la universidad y los medios que los progres. Y eran débiles también porque, aunque señalaban muchos hechos y datos que desmentían la versión progre, no los encuadraban en una visión general de la guerra y de los intereses que se jugaban en ella.  Y estaban siempre a medio camino y a la defensiva.

Además, la denigración del franquismo se ha hecho tan abusiva en estos años que casi nadie osa defender con argumentosla verdad sobre aquel régimen. Aunque se critique a la izquierda y los separatistas, parece que hay que dejar claro siempre que los otros eran peores. Pero la realidad es que si hubo un peligro de revolución totalitaria, y lo hubo, fueron los nacionales y nadie más quienes salvaron al país de ella. Y que si hubo un peligro de disgregación o balcanización de España, fueron también los nacionales quienes  lo evitaron. Y  hubo ese peligro,  porque tanto la insurrección del 34 como el Frente Popular fueron una alianza de las izquierdas y los separatismos. Y si hubo un peligro de exterminio de la cultura cristiana, como evidentemente lo hubo, fueron los seguidores de Franco quienes lo impidieron. Así que lo que se jugaba en la guerra no era una democracia en la que ya nadie creía, sino la subsistencia de la propia España y de la cultura cristiana.

En tercer lugar me di cuenta de que estos enfoque disparatados no eran agua pasada sino que inspiraban la política actual tanto de la izquierda como de la derecha. La izquierda falseaba la historia y la derecha quería privar de su historia real a los españoles arguyendo que “había que mirar al futuro”, y por tanto a la hora de la verdad seguía al PSOE y compañía. Por poner dos casos entre muchos: la ETA ha gozado de una colaboración amplísima salvo el período de Aznar y aun entonces con fallos. ¿Por qué? Porque la ETA se había opuesto al franquismo y reune los dos aspectos del Frente Popular: es separatista y revolucionaria. Por tanto sus crímenes estaban más o menos justificados y había que darles una salida política, es decir, convertir el asesinato en una forma de hacer política.  Esa colaboración de los gobiernos con la ETA ha hundido prácticamente el estado de derecho. Otro ejemplo: ¿ por qué los separatismos han sido apoyados y financiados por los gobiernos de derecha y de izquierda? Porque habían luchado contra los nacionales en la guerra civil, y por tanto eran progresistas, mientras que oponerse a ellos y defender a España resultaba “franquista” o “facha”. Y todavía seguimos en ello.  Podríamos seguir con la llamada memoria histórica y tantos asuntos más. La falsificación del pasado enferma el presente, enferma la democracia.

Por consiguiente, clarificar la historia real es una necesidad y una obligación para quien  sienta un mínimo compromiso con su propio país y con su propia sociedad. Porque solo esa clarificación puede dar lugar hoy a políticas sanas que alejen el peligro de repetir lo peor de nuestro pasado.

Hay un tema básico en todo esto, y es la cuestión de la democracia. Aunque la democracia es una forma de gobierno históricamente reciente, se la considera la única legítima en la actualidad. Por consiguiente, la izquierda  y los separatistas han jugado esa baza, a pesar de que ellos siempre fueron los enemigos más dañinos de la democracia. Se apoyan en que el franquismo tampoco fue democrático, pero hay una gran diferencia. Franco, al llegar la república, era partidario de una democratización en orden, pero después de la experiencia republicana, él, como casi toda la derecha, concluyó que la democracia en España solo servía para abrir paso a la revolución y la disgregación del país y que los intereses de partido, sin ningún valor por encima de ellos, disgrega a la sociedad. Por ello pensó en lo que llamaban democracia orgánica. Ahora no  voy a extenderme sobre esto, pero sí señalar que la palabra democracia es empleada en sentidos muy distintos por unos partidos y otros. Y que en España, la derecha nunca ha tenido y sigue sin tener un pensamiento democrático, mientras que la izquierda siempre ha tendido al totalitarismo. Estas cuestiones las trato en un libro próximo, La guerra civil y la democracia en España. Este va a ser mi último libro sobre estos asuntos.

Así que mi labor historiográfica puede describirse como un intento de clarificar el pasado reciente, desde la gran crisis moral del 98, la guerra perdida contra Usa, sin la cual no se explican los sucesos posteriores, la república y la guerra misma. He dedicado la mayor parte de mi labor a investigar todo esto y el franquismo. Al franquismo le he dedicado dos libros: Años de hierro y Los mitos del franquismo. Y he extendido la la labor a la historia general de España, que viene siendo no menos falsificada, y he publicado Nueva historia de España.

Con una breve introducción a la historia de Europa, tan desconocida en un país tan ultraeuropeísta e hispanófobo como el nuestro,  espero terminar este año mi trabajo como historiador.

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Hispanista revivido.

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