LOCURA Y VOLUNTAD DE PODER

París, 1 de diciembre de 2015.

Querida Ofelia,

Entre las numerosas personas que pude encontrar en La Florida durante tres semanas, se encuentra el viejo amigo poeta y periodista disidente Yndamiro Restano. Sentados en un café miamense en compañía de nuestro amigo común Miguelito, Yndamiro nos dio su punto de vista sobre el ansia de poder y el egocentrismo, que logran crear a los funestos dictadores que todos conocemos, amparados por ideologías totalitarias. A continuación te transcribo sus palabras:

“El estudio de las distintas versiones del totalitarismo nos revela el peligro que corre nuestra especie cuando nos olvidamos de la libertad, que nos permite crearnos una personalidad propia. Toda tentativa de colectivizar, de masificar, la individualidad es una trampa de la personalidad autoritaria para poder manipularnos. Pensemos, un instante, la fuerza imponente que adquirieron el fascismo, el comunismo y el nazismo en el siglo pasado. Totalitarismos que tienen varias raíces, pero que fue la manipulación del mito por parte de personajes resentidos, lo que le imprimió su impulso genocida y arrollador.

El comunismo y el fascismo se fabricaron sobre dos grandes mitos. El primero, sobre el mito de que la clase obrera va a conquistar el poder e implantar la dictadura del proletariado para liberar a toda la sociedad. Difícil de digerir esta hipótesis sobre todo porque parte de liberar a través de una dictadura, lo que parece una contradicción insalvable. Pero eso enuncia el mito, que ha sido calificado de tesis científica y el cual además, sirve, por supuesto, para legitimar todo el genocidio y la destrucción que ocasionan los totalitarismos. El fascismo, por su parte, logra exaltar las pasiones más inconfesables a través de la divinización del estado: mito proveniente de Hegel. Todo en el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado. Sin olvidar, que el Duce siempre tiene la razón. El nazismo, se fabricó especialmente desde el mito de la raza superior.

Pues, estos mitos convertidos en toda una estética de dominación predominaron en el siglo XX y todavía perduran en algunos lugares. Por supuesto, en esta investigación iniciada por nuestro amigo Roger Redondo sobre el papel de la KGB en el siglo XX cubano, estamos comprobando la importancia de dominar el lenguaje para controlar el pensamiento colectivo y las pasiones así como para purgar de culpas las conciencias cuando los seres humanos son arrastrados a conductas bárbaras. Hemos conocido personas de la talla del enigmático compañero José, de Angelito y de otros estrategas estalinistas, que como los antiguos condottieri en las ciudades italianas del renacimiento, eran contratados por Moscú para cumplir misiones militares en diversas partes del mundo. Ya hemos visto como el compañero José desde la sombra de un Viejo almacén de Sancti Spiritus, en el centro de Cuba, penetró el movimiento guerrillero cubano y dirigió operaciones militares de infiltración como la que realizaron las dos columnas guerrilleras que provenientes de la Sierra Maestra pudieron llegar al centro de la isla. Angelito, por su parte, coronel del ejército soviético, estuvo al mando de las tropas comunistas que se enfrentaron a los campesinos y a los revolucionarios democráticos cubanos, que habían descubierto la conspiración comunista que se iba adueñando de todo el poder. Obviamente, estos revolucionarios se sentían traicionados. Ellos habían luchado por el restablecimiento de la República y de la Constitución de 1940. Sin embargo, los comunistas decían que estos revolucionarios democráticos y martianos, no habían alcanzado la profundidad teórica del marxismo. No los movía el mito de la Dictadura del Proletariado sino la libertad de los seres humanos.

Esta conjunción de mitos para movilizar a la gente en forma irracional y resentidos, esta arma de masificar las individualidades en manos de los grandes ególatras de la historia, esta unidad orgánica de mito y resentidos, produjo los totalitarismos del siglo XX. La locura de poder, que no es otra cosa que la victoria del ego. El resentido no es más que un ego descreído, nihilista, sin contenido ético; que rechaza de manera absoluta cualquier escrúpulo humanista. El loco de poder es un súbdito de su ego. El resentido insaciable rompe completamente con el Yo Providencial y en su delirio exalta su propia voluntad de poder como única arma para su reconocimiento y salvación. El Yo Profundo es negado de manera rotunda por el ego. Finaliza, toda posibilidad de diálogo interior. El loco de poder miente, ordena matar, se exalta, traiciona; no hay escrúpulos, no hay límites; sobre todo porque todo esto lo hace el resentido para salvar a la humanidad a través de la dictadura del proletariado, del estado divino o de la raza superior. Pero al final, los grandes totalitarios son pobres diablos y de una forma u otra, cualquiera que sea su final, sienten apagarse los furiosos animales alucinados que amenazaban desde sus ojos. Ellos durante su locura de poder lo aprendieron todo sobre la maldad y temen. Siempre los dictadores temen: son esclavos de su ego que les llena de temores y de desconfianza. Por eso controlan y controlan totalitariamente. La locura de poder es la victoria del miedo sobre la libertad”. Yndamiro Restano

La última frase de las declaraciones de Yndamiro merece ser esculpida sobre el mármol: “La locura de poder es la victoria del miedo sobre la libertad”.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

Foto: Yndamiro Restano.

Hispanista revivido.