París, 20 de noviembre de 2015.

Querida Ofelia:

Te envío este interesante análisis que me ha mandado desde Miami, donde vive exiliado, el amigo poeta y periodista disidente Yndamiro Restano. Te ruego que lo hagas circular entre los amigos allá en San Cristóbal de la Habana, pues es un testimonio que puede contribuir al esclarecimiento de nuestra historia contemporánea.

“Crecí en medio del antagonismo esencial de la Revolución Cubana, que no era precisamente un conflicto de clases económicas sino el enfrentamiento inevitable entre la conciencia democrática de la nación cubana y la mentalidad autoritaria también presente en nuestra historia. “Una República general no se funda como se manda un campamento” ya le decía nuestro Apóstol José Martí en carta memorable a Máximo Gómez. Pero no escuchamos a los fundadores, especialmente a Martí y a Ignacio Agramonte. La mentalidad autoritaria, nos llevó de tragedia en tragedia durante el siglo XX y llegó a su delirio con la construcción del Igualitarismo Totalitario. Por mi parte, desde mi infancia, por la militancia comunista de mi familia, conocí de la existencia de los cinco arquitectos del poderoso estado totalitario cubano. Me refiero a Osvaldo Sánchez, Joaquín Ordoqui, Francisco Ciutat de Miguel, Wilfredo Velázquez ( más conocido entre los militantes de acción del Partido como el compañero José) y Aníbal Escalante. Los 4 primeros fueron hombres de la KGB y formaban la dirección del aparato militar del Partido. El último era un talento de la organización y un sustancioso orador, que puso todo el poder político, económico y social del país en manos de la ORI: Acrónimo del Partido Comunista, que se enmascaraba una vez más. Ahora como Organizaciones Revolucionarias Integradas.

Hay un revolucionario marxista, Alfredo Guevara, que jugó también un papel clave en la historia de la Revolución Cubana, porque fue un mentor de revolucionarios y un enlace genial entre los comunistas y el movimiento revolucionario democrático cubano. Pero Alfredo Guevara no está entre los cinco artífices del totalitarismo cubano sino que representa una disidencia marxista tolerada frente al totalitarismo. Por otro lado, con respecto a Aníbal Escalante, es importante recordar, que después del golpe de estado de Batista, en algún momento Blas Roca se marcha para China y queda Aníbal al frente del Partido. Aníbal estaba a favor de la táctica insurreccional. De ahí, el nivel de decisión casi omnipotente de Aníbal cuando asume la secretaría de organización de la ORI, ya que esta actitud suya de no marcharse del país, levantó moralmente su figura, al mismo tiempo, que desmoralizó la de Blas Roca.

El hecho de enterrar a Blas Roca en el Cacahual, donde descansan los restos de Antonio Maceo, respondió más a la sumisión de Blas Roca a Fidel Castro, que a una supuesta lealtad con el socialismo y mucho menos con la nación cubana del conocido dirigente comunista. Blas Roca siempre incondicional a Moscú se entrega de pies y manos a Fidel Castro, pues ya existía un acuerdo secreto entre el Partido y el 26 de julio y además porque no tenía alternativa ante el impulso arrollador de Fidel Castro por escalar al poder absoluto. Basta recordar la Ley de la Sierra número 2 que condenaba a muerte a todo político, que intentara buscar una salida cívica a la crisis que atravesaba la república. Es decir, la única solución eran Fidel Castro y sus guerrilleros; no había otra cura para la situación que la violencia, pero la violencia de Fidel Castro. Específicamente la parte guerrillera que controlaba absolutamente Fidel Castro. Pues, el hecho más heroico de toda la guerra contra Batista que fue el ataque al Palacio Presidencial fue condenado por Fidel Castro. En el caso del Segundo Frente del Escambray, que era plural desde el punto de vista ideológico y el cual no era controlado absolutamente desde la Sierra Maestra, Fidel Castro intentó en repetidas ocasiones que se disolviera y que fueran sus miembros para las montañas orientales. Obviamente, cuando todas sus astucias fracasaron, organizó junto con Wilfredo Velázquez y Osvaldo Sánchez, la invasión al centro de la isla y nombró al Ché Guevara, jefe de la provincia de Las Villas. Sin embargo, Gutiérrez Menoyo y sus oficiales mantuvieron cierta autonomía, tanto es así que muchos políticos condenados por la Ley de la Sierra número 2, encontraron refugio en ese frente de guerra.

Por supuesto, la violencia siguió después de llegar Fidel Castro al poder. A los pocos meses de la huída de Batista, se produce el golpe de estado contra el Presidente provisional Manuel Urrutia; que termina definitivamente con toda esperanza democrática y con la Revolución Constitucionalista. A partir de esta acción de fuerza, ya se prohibe la política y la autoridad es sustituida por el poder, la demagogia y la violencia. Aunque a Fidel Castro le quedaba un largo camino por delante para obtener el poder absoluto. Pues, a pesar de que Blas le entrega el Partido a Fidel Castro y se crea la ORI, el poder del Partido seguía vigente, ya que Aníbal Escalante era su Secretario de Organización. Además, las organizaciones que integraron la ORI aceptaron como base teórica el marxismo-leninismo y Aníbal dominaba este conocimiento filosófico; es decir, poseía también una autoridad intelectual en este sentido. Además, al aceptar las tres organizaciones que formaban la ORI el marxismo leninismo como pensamiento político, de hecho se acababa el pluralismo revolucionario. Pues, el marxismo-leninismo, que es la justificación teórica del por qué no se cumplieron las profecías de Marx, plantea la tesis del Partido de Vanguardia poseedor de la verdad histórica, en sustitución de la clase obrera, porque Lenin argumenta que la división interna del proletariado no le permite superar el sindicalismo. A partir, de esta integración sobre la base teórica del marxismo-leninismo, acordada por figuras relevantes de las tres organizaciones participantes, los revolucionarios demócratas constitucionales son declarados bandidos y enemigos del pueblo. Es decir, con la fabricación de la ORI no se produjo un frente amplio ni una alianza sino que tanto el Directorio Revolucionario 13 de Marzo como el Movimiento 26 de julio, renunciaron a la democracia como programa político y aceptaron el programa comunista de transformación de la sociedad y la construcción de la dictadura del proletariado. Obviamente, la dictadura hay que construirla a sangre y fuego. Por lo tanto, la constitución de 1940, que había abolido la pena de muerte era un obstáculo para el futuro totalitarismo. Sin fusilar sin reprimir sin intrigar sin mentir sin propaganda sin demagogia y sin anular drásticamente, por medio del terror, la separación de poderes y las libertades públicas no se puede estructurar un régimen totalitario.

La Constitución de 1940 al igual que la de Weimar tenía que cesar. En Alemania, Hitler la suspendió; en Cuba se declaró inoperante porque era una constitución burguesa y se descalificó como posibilidad jurídico-política. Batista ya la había suspendido e impuesto unos estatutos. Fidel Castro sustituyó los estatutos del Batistato por la Ley Fundamental, la cual permitía construir legalmente la Dictadura del Proletariado, el Estado Policíaco. La Constitución de 1940 era un demonio tanto para Batista como para Fidel porque es el documento más revolucionariamente democrático que ha elaborado la nación cubana.

Por supuesto, no se puede construir el comunismo sin los comunistas. Pero Fidel quería comunistas incondicionales a él. A Fidel Castro le interesaba poco el signo ideológico de la gente mientras no peligrara su proyecto de poder personal; para él lo importante era que todos fueran sus incondicionales. Además, Fidel Castro era un talento de la demagogia y contaba con un gran apoyo popular. En lo que respecta a su conocimiento de los teóricos importantes del marxismo-leninismo, había leído algunos textos de Lenin que le facilitó mi padrino Lalo Carrasco, pero no poseía el bagaje teórico ni la historia comunista ni la experiencia política de Aníbal Escalante. Entonces, tendrá lugar una dramática lucha por el poder entre Fidel Castro y Aníbal Escalante, entre el caudillismo fidelista y los comunistas, de la que sale vencedor Fidel Castro, en buena medida debido al apoyo de Blas Roca y de otros líderes del Partido, que se quebrantaron ante el terror y la megalomanía fidelista. La complicidad de estos comunistas importantes, que le temen a Fidel Castro por su capacidad para azuzar a los segmentos más atrasados e ingenuos de la sociedad y por su obsesión de poder absoluto a cualquier precio, termina con toda posibilidad racional y creativa en la vida nacional al entronizarse ya definitivamente el culto a un semidiós en que todo este aparato de propaganda y represión convierten a Fidel Castro. Este aparato estaba destinado a divinizar al Partido, pero Fidel Castro lo capitaliza para él.

A partir de la purga contra Aníbal y sus seguidores, ya la Divinidad no es el Partido sino Fidel Castro. La divinidad para los comunistas era el Partido, una divinidad impersonal, que era omnipresente, omnisciente y omnipotente. La adoración al Partido era una especie de panteísmo político, en el que el Partido representaba una divinidad ubicua en todo el acontecer de la vida nacional y que, obviamente, tenía su santuario en Moscú. En tiempos de Aníbal el populacho coreaba “la ORI, la ORI, la ORI es la candela”: Y la ORI de una forma u otra era una institución. Pero cuando ya Fidel Castro toma el poder absoluto, ya no es la ORI es Fidel quien realiza todo lo bueno y nunca nada erróneo ni perverso. Fidel Castro está más allá de todo juicio crítico. Ahora Fidel Castro, el caudillo, es la candela que exige obediencia ciega. “¡Para lo que sea, como sea y donde sea: Comandante en jefe, ordene!”

Esta sumisión absoluta al gran caudillo sólo es equiparable al Heil Hitler! En la historia de Cuba jamás: ni Batista se atrevió a exigir obediencia ciega a toda la sociedad cubana, eso quedaba para los batistianos. En el fidelismo la obediencia ciega era impuesta a todo un pueblo y el que no aceptaba esta desaparición existencial a través de la sumisión, era reprimido en diferentes grados o tenía que marcharse del País.

Es decir, aquí hay dos pasos. En el primer paso, Fidel Castro se une secretamente a los comunistas y destruyen el Movimiento Revolucionario Democrático Cubano, que era plural. Este acuerdo entre el Partido y Fidel es anterior al desembarco del Granma. Por supuesto, esta alianza es secreta y ya cuando se organiza la ORI aparece Aníbal Escalante como el sectario que aniquiló el movimiento revolucionario cubano. La coartada era perfecta, no fue Fidel Castro sino Aníbal Escalante. Por lo tanto, como Aníbal y el Partido han realizado semejante crimen, Fidel tiene que liquidar a todos los comunistas que no se le entreguen de manera incondicional y lo reconozcan como el Máximo Líder de la Revolución Unipersonal. Entonces, ya en el segundo paso, Fidel Castro se enfrenta a los comunistas problemáticos representados por Aníbal y se adueña del poder absoluto. A partir de ahí, ya no hay pluralidad revolucionaria ni un Partido con democracia interna, sólo la voluntad del semidiós y la maquinaria burocrática compuesta en cada nivel por funcionarios incondicionales a ese voluntarismo terco. Entonces, se establece una alianza estrecha entre la burocracia y el semidiós; pues se necesitan mutuamente. La burocracia era el laberinto, donde se perdía la conciencia individual mientras que el semidiós era la voluntad, la mente y la imaginación creadora de toda la sociedad transformada en una masa aprisionada dentro de la estructura de hierro del Igualitarismo Totalitario. Las profecías de Marx no se cumplieron: Las que se verificaron fueron las de Martí cuando señaló los dos peligros que tenía la idea socialista.

La construcción del Igualitarismo Totalitario (por parte de los estrategas y expertos del comunismo, especialmente por la labor de estos Cinco Artífices que hemos mencionado), fue aprovechada por Fidel Castro, quien se aferró al poder con uñas y dientes, para su propio delirio de grandeza. El Igualitarismo Totalitario, el cual, obviamente, es más reaccionario que el capitalismo, fabrica casi de manera natural un Duce, un Führer, un Comandante en Jefe. En este sistema de opresión nadie tiene nada: ni propiedad ni opinión ni capacidad creativa y crítica, en fin, nadie tiene personalidad. Solamente el gran caudillo megalómano convertido en semidiós es quien controla absolutamente el poder financiero y el militar-represivo así como la información. En el caso de Fidel Castro, llega al poder absoluto mintiendo y engañando a sus compañeros del 26 de julio. Mintiendo no en el sentido ideológico solamente sino en el sentido pragmático de la política. Es decir realizando pactos secretos con los comunistas. No es el caso de Stalin o de Mao, que nunca negaron su militancia comunista.

En fin, Fidel Castro es un joven de formación jesuita y sin trayectoria de izquierda, que había transitado por uno de los grupos gansteriles que atormentaban la república y había participado en algunas acciones violentas así como en una frustrada expedición contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Además, hizo algunos intentos políticos, sin resultados positivos. La ideología de Fidel Castro es el poder y en su transacción con los comunistas, puso en el juego político nacional las cartas del mito y el carisma como motor de la maquinaria totalitaria, la cual está compuesta por varios aparatos verticales de guerra, represión y control económico e ideológico-cultural. El mito y la megalomanía, los comunistas se los dejaron a Fidel Castro. Pero el diseño, la construcción pieza a pieza del sistema vertical y cerrado, a partir de la caída de Batista, fue obra de los Cinco Artífices Ocultados. Por supuesto, estas cinco personalidades estaban entrenadas y dirigidas por Moscú. Sin el apoyo de los comunistas (que era el apoyo de la Unión Soviética) y sin el respaldo del Movimiento Revolucionario Democrático Cubano, presente también en la mayoría de las ciudades del país, especialmente en La Habana y Santiago de Cuba; Fidel Castro se hubiera muerto de hambre en el Pico Turquino.

El Movimiento Revolucionario Democrático Cubano realizó acciones contundentes que estremecieron a la dictadura batistiana, desde la Noche de las Cien Bombas hasta el Ataque al Palacio Presidencial. Además de enviar armas y víveres para las fuerzas guerrilleras. El Partido, por su parte, apoyó el liderazgo de Fidel Castro, pues como ya hemos visto existía una estrategia secreta combinada entre el líder del 26 de julio y los comunistas. Osvaldo Sánchez viajó a México y se reunió con Fidel Castro, según EcuRed, página de historia oficialista que administra el gobierno cubano. En esa reunión, de acuerdo a esta misma fuente, Osvaldo Sánchez le expone a Fidel Castro toda una serie de planteamientos en relación con el Movimiento Revolucionario y se ponen de acuerdo para relanzar la lucha armada contra la dictadura batistiana, la cual se reiniciaría con la expedición del yate Granma. Este acuerdo se pone de manifiesto, entre otras cosas, en todo el trabajo organizativo de las dos columnas invasoras, que comandadas por Camilo y el Ché Guevara, llegaron al centro de la isla. Aquí jugaron un papel rector El Compañero José (Wilfredo Velázquez) y Osvaldo Sánchez. Incluso, la Operación Cajas de Tabaco, que era el traslado de Camilo y sus hombres a Pinar del Río, fue planeada casi en su totalidad por Velázquez, quien se reunió con Fidel Castro en la Sierra Maestra para ultimar los detalles de esta importante acción guerrillera. Flavio Bravo también viajó a México el 10 de noviembre de 1956 y se reunió con Fidel Castro para reiniciar la lucha armada contra Batista una vez que los expedicionarios del Granma tocaran tierra.

Obviamente, cuesta trabajo admitir , después que se conoce la historia ocultada de la Revolución Cubana, que la Dirección Nacional del P.S.P. estaba celebrando casualmente el cumpleaños de Blas Roca en Santiago de Cuba, el mismo día del ataque al Cuartel Moncada realizado por Fidel Castro y sus seguidores, en mayoría pertenecientes a la Generación del Centenario. La historia puede ser trágica, irónica, pero nunca ingenua. Máxime cuando había comunistas entre los heroicos asaltantes a la fortaleza militar. Uno de ellos, por supuesto, era Raúl Castro, quien nunca ha negado su militancia comunista ni se ha disfrazado de revolucionario democrático. Me imagino que Raúl Castro tuvo que debatirse entre su fidelidad al Partido y la lealtad a su hermano. Tal vez, logró conciliar esta tensión de lealtades con una digerible conclusión de conciencia. Es decir, incluyendo la megalomanía de su hermano como un elemento motriz en la construcción del comunismo totalitario. ¿Hubieran existido los totalitarismos que hemos conocido sin Stalin sin Benito Mussolini sin Hitler sin Mao Zedon?

Además a Raúl Castro no le interesaba mucho el aspecto teatral del totalitarismo sino la imposición de la “Dictadura del Proletariado”. Recuerdo que tanto a mi familia como a otros militantes de fila que conocí, lo que le interesaba era que se estableciera en Cuba un comunismo fiel a Moscú. A ellos no les interesaba mucho el teatro político: Unas veces demagógico, otras macabro; y finalmente absurdo.

De cualquier manera, en mi casa, por las noches, tenían lugar tertulias habituales. Encuentros que se realizaban en la terraza del apartamento en que vivíamos, situado en 21 y G, en el Vedado. Y yo recuerdo, que una de esas noches, cuando precisamente se reflexionaba sobre el tema del asalto al cuartel Moncada, mi tía Yeya, a quien yo quería y respetaba mucho, dirigiéndose a los contertulios, dijo: “Yo no acabo de entender el modo en que ustedes razonan, porque parece que se les olvida que donde estaba Raúl; estaba el Partido.” Yeya era muy aguda y poseía mucho olfato político.
¿Sería cierto este axioma de Yeya?

A favor de Yeya hay fuentes, entre ellas, el periodista de la TV de Camagüey, Noel Manzanares Blanco, así como la revista cubana Calibán, las cuales dicen que Ñico López era un hombre del Partido. López, por su parte, participó en el ataque al cuartel de Bayamo, que fue una acción combinada con el asalto al Moncada. Raúl en Santiago y Ñico López en Bayamo. Incluso, existen varias fuentes que opinan que Sarría respondía al Partido. Sarría, aquel militar que salvó a Fidel Castro, después del fracasado asalto a la fortaleza santiaguera.

Lo cierto es que cuando Yeya pronunció su axioma, parecía liberada del secretismo y del instinto conspirativo de los comunistas. Su axioma provocó un silencio absoluto. Sin dudas, Yeya había dado en el blanco. Su axioma como axioma al fin, era indiscutible, pero convincente. Sobre todo porque aquella intuición no salía de la nada. Yeya había hecho su vida dentro del Partido y su axioma nacía de un duro y pesado bagaje de vivencias. Además, Yeya sabía que en los procesos revolucionarios, unos luchan por el poder y otros por la libertad. Fidel Castro y los comunistas lucharon por el poder. La Generación del Centenario, la Generación Martiana, lo hizo por la libertad. Entonces, a partir de esta dicotomía siniestra, la Revolución se convirtió en tragedia porque la culebra del poder fue asfixiando el alma de la libertad. Tenía que ser ese el resultado porque los comunistas antes de tomar el poder piensan que la clase obrera es la humanidad. Y después que se adueñan del mismo, creen que la burocracia es la humanidad. Finalmente, creen que Dios es el partido; o fabrican un semidiós con el terror y la mentira.

Por mi parte, aunque yo era muy joven por aquella fecha, el axioma de Yeya me enseñó la matemática aplicada de la intriga política. La aritmética de los payasos del poder. Por supuesto, más allá de esta banalidad del mal como decía Hannah Arendt, las matemáticas puras crean ese lugar ontológico, donde hablan las estrellas y la aurora cuando rompen la oscuridad. ¡Qué lástima que no las entendamos! Cien puntos para el axioma de Yeya. Axioma especial de contenido empírico. Anagnórisis”. Yndamiro Restano

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño,

Félix José Hernández.

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