Los cubanos no se benefician con los negocios estadounidenses, Castro sí

Editorial publicado por el periódico estadoundense The Washington Post en su edición del 16 de septiembre de 2016, en relación con el impacto de la nueva política estadounidense sobre Cuba y los cubanos.

Fuente: Café fuerte

Al reflexionar sobre el impacto sobre la libertad política y económica en Cuba de la apertura diplomática del gobierno de Obama a ese país comunista, mantenga esta cifra en mente: $ 50 dólares. Esa es la cantidad que cada visitante estadounidense tiene que pagar al régimen de Castro por una visa de turista cada vez que él o ella viaja a la isla, como  la administración alienta agresivamente a la gente a hacer. El año pasado, 160,000 personas visitaron Cuba desde Estados Unidos, lo que se traduce en $8 millones, lo que no es una calderilla para un régimen con problemas financieros. Esos números están en camino de duplicarse  en 2016.

Hacemos esta observación para colocar en una perspectiva más amplia los últimos titulares celebrativos sobre la renovación de los viajes aéreos regulares desde  Estados Unidos a Cuba. Si cree que la política del presidente  “empoderará” el  incipiente sector privado cubano como una fuerza opuesta al estado dominante, se equivoca. El dinero fácil de visados caros es un ejemplo relativamente de menor importancia en los hasta ahora exitosos esfuerzos del régimen para cosechar beneficio directo de la nueva relación con Estados Unidos. Aún más importante es el hecho de que las fuerzas armadas cubanas poseen las empresas de turismo dominantes del país, y esas empresas están ampliando su papel previendo una afluencia de estadounidenses.

Como reportó recientemente la Associated Press (AP), el ejército cubano se ha hecho cargo de una oficina previamente autónoma que controla La Habana Vieja, una importante atracción turística, así como un banco responsable de la mayoría de las transacciones financieras internacionales de Cuba. Gaviota, una empresa de turismo de propiedad militar, se encuentra en medio de lo que  AP llama “una ola de construcción de hoteles”, que Cuba necesita porque sus instalaciones hoteleras carecen de capacidad suficiente, por el momento, para dar cabida a cientos de miles de visitantes adicionales de  Estados Unidos. Hasta la fecha, los operadores privados cubanos habían estado llenando el vacío por el alquiler de habitaciones en sus casas. Las actividades de los militares demuestran que el régimen no tiene ninguna intención de compartir el mercado con estos cuentapropistas, como son conocidos los cubanos con pequeñas empresas son conocidos en español. El gobierno de Obama afirma que el apoyo a estos empresarios es un objetivo principal de su política; los ve como una fuente potencial de  presión de la clase media a favor de la democracia. Mientras tanto, autoriza a los hoteles Starwood, una megacompañía de Estados Unidos, para unir fuerzas con el Estado cubano en la operación de hoteles administrados por el gobierno.

Despojada de la retórica de magnanimidad, la tendencia fundamental de la nueva dispensa en las relaciones Cuba-EEUU, avanza hacia la colaboración entre las empresas estadounidenses y los porteros militares en la isla, en la que las ganancias tienen prioridad sobre los derechos humanos básicos del pueblo cubano. Si esto suena familiar, es porque resulta muy parecido a la disposición que alguna vez existió entre Washington y el régimen cleptocrático de Batista que Fidel Castro derrocó en 1959.

Traducción: CaféFuerte

Hispanista revivido.