Migrantes relatan pagos a traficantes, transportistas, policías y guerrilleros a lo largo de casi 8.000 kilómetros del continente

 

Cubanos_LNCIMA20151121_0160_1

Cubanos entrevistados por La Nación dan cuenta de que la red de coyotes tiene su trabajo inicial en la propia Cuba, donde las noticias sobre la llegada exitosa de los migrantes motivó a familias enteras a dejar su país y aventurarse a dar un salto al vacío. El primer salto es hacia Ecuador, donde tienen libre acceso.

Los grupos arriban a Quito con instrucciones sobre dónde llegar y a quién buscar. Obtienen chips telefónicos y, a su vez, una red de contactos en los demás países de la región, que incluye a miembros en Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México y en el último punto: Estados Unidos.

“Gracias a Dios dimos con personas que nos guiaron, nos pidieron plata, pero fueron honestos. Nos movieron de hotel en hotel hasta que nos montaron en la lancha para ir a la playa e ir a Panamá. Pero no fueron personas malas porque hay quienes sí han topado con personas malas”, relató en Costa Rica María Elena Guerra, sobre su paso por Colombia.

Los isleños salen con la firme idea de llegar a cualquier punto de los Estados Unidos, y disfrutar de los beneficios de la Ley de Ajuste Cubano , vigente desde 1966, que les permite acceder a un estatus migratorio especial.

Cubanos consultados en la frontera con Nicaragua coincidieron en que el trayecto más peligroso, y con más cobros, fue el de Colombia.

17/11/2015. Frontera norte, peñas Blancas, La Cruz, Guanacaste. Cubanos siguen a la espera de que se les permita seguir camino hacia los Estados Unidos, el gobierno de Nicaragua envió a su ejercito para impedir el paso por su país de los isleños. FOTO: Andrés ARCE / GN.
17/11/2015. Frontera norte, peñas Blancas, La Cruz, Guanacaste. Cubanos siguen a la espera de que se les permita seguir camino hacia los Estados Unidos, el gobierno de Nicaragua envió a su ejercito para impedir el paso por su país de los isleños. FOTO: Andrés ARCE / GN.

“En todos los retenes, los policías de Colombia nos quitaron dinero, nos viraron para atrás. Estuvimos presos un día y el mismo jefe de Migración hizo negocio con nosotros”, relató a La Nación Nasandy Soto, una enfermera de 34 años que viaja con su esposo, Eduardo Valdez, un marino mercantil de 45 años.

Un migrante que prefirió no identificarse, por temor a represalias, afirmó: “A mí en Colombia me cogió la guerrilla; lo único que me quitaron fue dinero, que era lo que querían y no pasó nada”.

Nasandy Soto sostuvo que en Colombia, aun cuando las autoridades les daban salvoconductos para pasar el territorio, los policías les cobraban mordidas.

En el caso de Panamá, el Servicio Nacional de Migración de ese país informó de que, solo en el 2015, entraron a su territorio 21.000 cubanos de forma irregular (6 de cada 10 eran hombres).

Ojos cerrados. El canciller costarricense, Manuel González, afirmó que es hora de trabajar con “responsabilidad” y no dejar más el tráfico de migrantes en manos de las redes de coyotaje, y que han hecho verdaderos clavos de oro con los dólares de los cubanos.

El diplomático recalcó que los naciones de la región se han negado a discutir el tema: “Hay que abordar el problema, y no permitir que los países sigan indiferentes. Cuando esto no ha sido problema, porque todo ha estado bajo la mesa, al amparo de las redes del tráfico internacional de personas, se ha vuelto a ver para el otro lado. Ahora que surge el problema y se hace más visible, pues es el momento de actuar con absoluta responsabilidad de parte de todos los países involucrados”, afirmó González.

En el caso de Costa Rica, antes de que explotara esta crisis migratoria, se dieron facilidades para que los caribeños atravesaran el país, en vista de que las autoridades no tenían la capacidad de procesar la ola de migrantes que cada día llega a la frontera con Panamá, en Paso Canoas.

Se les permitía ingresar por la frontera sur y se les concedía una citación oficial para presentarse en San José, con el fin de que completaran el trámite migratorio de deportación a un tercer país: Nicaragua, que les cobraba $80 (¢43.000) por pasar, según dicen los cubanos.

Sin embargo, ellos evitaban las oficinas en San José y seguían su camino al norte. De miles, solo unos cuántos llegaron.

Kattia Rodríguez, directora de Migración, aceptó que en el 2012 pusieron una buseta para que la Policía de Migración moviera a estas personas, pero la quitaron porque eran demasiadas.

Actualmente, de San José a Peñas Blancas estos migrantes se mueven con transportistas que les cobran $50 (¢27.000) por persona.

La cifra de 21.000 es sorprendente, si se toma en cuenta que dos años atrás era de 2.000.

 Fuente: Esteban Mata, La Nación

Deja un comentario