París, 21 de octubre de 2015.

Querida Ofelia:

Aquí tienes otro testimonio de nuestro viejo amigo ex guerrillero del Escambray Miguel García, sobre la lucha contra el régimen de Batista en esa zona villaclareña hace más de medio siglo. Es parte de nuestra modesta contribución para hacer conocer lo que realmente sucedió en aquella época en nuestra querida Patria.

Miami, 19 de octubre de 2015.

“No tardaron en llegar, los carros fueron parando uno tras otro al lado de la cuneta. Primero frenó el carro donde venía Pando y sus acompañantes, luego el camión de arena que conducía las armas, y después los dos carros que traían a los expedicionarios. Todavía no concluían los abrazos y estrechones de mano, cuando el camión estaba volteando su carga sobre la cuneta.

Para Menoyo fue una sorpresa el recibir equipos transportados en un camión de arena, la idea no era de las mejores porque, sin dudas, aunque los guerrilleros se esmeraran en dispersarla, dejaría un rastro. De conocer este detalle, Menoyo hubiera seleccionado otro lugar de recepción menos visible, tal vez junto a un río, donde pudieran tirar la arena para desaparecerla mejor. Pero ya los guerrilleros no tenían tiempo para lamentaciones, lo importante era poner a salvo los equipos bélicos y alejarse lo más pronto posible.

En medio de la engorrosa operación de escarbar entre la arena para sacar los paquetes de armas, el camión y los carros se fueron, dando por terminada su misión. El chofer que trajo a Ramón Pando, antes de partir, dejó coordinado, el día y la hora en que recogería al propio Pando y a Clodomira.

El Dr. Armando Fleites, llegó como expedicionario aquella noche. Menoyo y él se conocían bien porque Fleites estuvo, en calidad de médico, al frente de la Organización Médica Protectora del Obrero (OMPO), durante los días en que Menoyo fue Jefe de Acción del Directorio y colaboró con Menoyo, ofreciendo, valientemente, los locales de la OMPO para la lucha, llegando, incluso a guardar en aquellos recintos, fósforo vivo. Además, Fleites fue testigo de los dos viajes de Menoyo a Miami para arreglar con Faure Chomón todo lo concerniente a la apertura del II Frente y más tarde presenció personalmente el incumplimiento de los acuerdos del Directorio, al llegarles armas inservibles. Los dos Menoyo y Fleites tenían una excelente relación y se alegraron al reencontrarse, pero ellos no tenían tiempo ni de conversar en aquellas circunstancias.

Eloy visitó dos veces Miami a finales de 1957 para informar sobre la situación en Cuba y solicitar a la dirección nacional la autorización y ayuda para abrir un frente guerrillero en las montañas del Escambray, con el objetivo de aliviar la situación militar en la Sierra Maestra y además tratar de dividir la isla en dos partes. En los dos viajes se realizaron extensas reuniones. Faure Chomó no creía en la lucha guerrillera en las montañas, estimaba que el Directorio tenía un compromiso histórico y su idea era golpear duro y a la cabeza en La Habana, con un posible nuevo atentado a Batista, pero el acuerdo final decidió que el Directorio luchara en el frente guerrillero y en la capital, por lo que las armas y esfuerzos serían compartidos a la mitad entre los dos frentes de lucha. Además se ratificó que una expedición marítima llevaría los armamentos adquiridos a Cuba.

Menoyo que estaba deseoso por concluir la faena cuanto antes, y desalojar aquella concentración de alzados y expedicionarios del lado de la carretera, concluido el recibimiento Eloy se dirigió a Armando Fleites y le dijo: “ustedes los que se van a quedar en el Escambray como parte de la guerrilla -eran: Rolando Cubela, Luis Blanca, Alberto Mora, Gustavo Machín-, van para un campamento provisional para pasar la noche”. Mientras Menoyo con los otros volvió al campamento principal.

Aquella noche parecía interminable por el intenso trabajo que realizaron los guerrilleros, pero con fortuna, la operación concluyó en las primeras horas de la madrugada permitiéndolos un pequeño descanso.

Al amanecer se dio inicio a una nueva jornada, reforzaron las postas de vigilancia y después de un ligero desayuno, el Dr. Armando Fleites y Menoyo retomaron la conversación de la noche anterior.

La información que tenía Armando Fleites era escalofriante, pero cierta. Entre Menoyo y Fleites, trataron de encontrar soluciones alternativas que pudieran convencer a Faure Chomón para que cambiara su proyecto.

Faure Chomón, Eduardo García Lavandero, Enrique Rodríguez Loeche, y Alberto Blanco sólo venían a hablar con Eloy y después seguirían para La Habana.

La noche en que llegaron, Menoyo mandó a buscar al campamento provisional al Dr. Armando Fleites y le preguntó cuáles eran las armas que venían desde Miami en la expedición. Eso le sorprendió a Fleites, pero le enumeró todas las armas que habían traído. Menoyo le dijo que solamente había recibido: 47 carabinas italianas, que en Miami se compraban a $12.50 cada una

Fleites le contestó: “en el yate transportábamos: una ametralladora calibre 50, cuarenta, sub-ametralladoras Thompson, una sub-ametralladora Stein, dos fusiles anti-tanques de 55 mm., con su parque, 50 carabinas italianas, dos ametralladoras de aviación de 30 mm. adaptadas a bípode, un rifle Winchester, dos fusiles M3, una cantidad no precisada de granadas de mano y abundante parque para los armamentos, una ametralladora Thompson para Cubela, una ametralladora Stein para Tony Santiago y un rifle posiblemente Winchester para Luis Blanca”. Esa respuesta me dejó sorprendido porque el número tan pequeño de armas recibidas contradecía el acuerdo tomado con Chomón y la Dirección Nacional en Miami, en el cual se comprometieron a entregar el 50% de los armamentos.

Menoyo enmudeció, y empezó a escuchar, como en la lejanía, el relato de Armando.

– Fleites prosiguió: “ Vienen también, uniformes, cantimploras, cuchillos, y..”.

Menoyo Sintió que la cabeza le daba vueltas. De no ser por Armando Fleites, no le hubiese creído la información a nadie, sencillamente lo tiraría a broma o pensaría que se trataba de alguna intriga personal. Pero no, todo era verdad. Las esperanzas cifradas en esa expedición se esfumaron en el aire.
Y se fueron a reincorporar hacia el grupo, mientras Menoyo le pedía a Armando que se reservara la noticia, por el momento, para que los hombres no perdieran el entusiasmo y no bajaran la velocidad en una operación que podía volverse muy peligrosa en cualquier momento.

Evidentemente, Menoyo necesitaba ordenar sus ideas y variar los planes. Empezó por comunicarle la noticia que le dio Armando, a Lázaro Artola, luego los dos analizaron, brevemente, la situación y concordaron en que, si el ejército detectaba la arena en la cuneta de la carretera, tendrían a los soldados de Batista metidos en el campamento.

Por otro lado, tenían el deber moral de proteger las vidas de los expedicionarios, precisamente porque la mayoría de ellos no venían a formar parte de nuestra guerrilla, estaban simplemente de paso. Eloy decidió llevarlos a un rancho que Artola construyó en la finca Planta Cantú, a pocos kilómetros de El Cacahual, donde el levantó su primer campamento.

Menoyo decidió que Lázaro Artola partiría inmediatamente hacia el campamento, llevándose al Dr. Armando Fleites junto con Ramón Pando Ferrer y Edelmira (más tarde supimos que su verdadero nombre era Clodomira Ferrals). Lázaro llevaba además, la misión de colocar las armas recibidas en la medida en que llegasen a El Cacahual, en una cueva cercana que utilizaban como almacén.

A Darío Pedros , Menoyo le encargó la delicada misión de servir de anfitrión al grupo de expedicionarios y para que pudiese cumplir bien su misión, le asignó a uno de los prácticos. Darío hubiese preferido quedarse con ellos en el campamento, pero comprendió de inmediato la importancia de su misión: aquellos jóvenes, que eran novatos en las montañas y que además no pretendían quedarse en El Escambray, podrían generar muchísimos obstáculos, en caso de que nos interceptara el Ejército y ellos estaban en el deber de facilitarles que llegaran a La Habana sanos y salvos.

Darío reunió a los expedicionarios anunciándoles que marcharían lentamente, de uno en fondo. Les advirtió que el camino sería muy irregular, pero que afortunadamente, la mayoría del tramo lo realizarían por zonas llanas. También, les explicó que si alguno se sentía cansado durante la caminata, que le hablara para hacer una breve pausa de descanso.

Ninguno de los expedicionarios hizo pregunta alguna, por lo que Darío dio la orden para que el guía iniciara la marcha. Menoyo vio distanciarse al grupo y sintió un alivio enorme. Sabía que el rancho de La Planta Cantú disponía de una buena visibilidad sobre una gran extensión de terreno llano. De atacar, el ejército, de seguro se concentrarían en El Cacahual, disponiendo el grupo de expedicionarios de un fácil acceso al exterior. Por supuesto que no quedaban libres de todo peligro, el hecho de poner un pie en El Escambray, ya era un riesgo, pero al menos Menoyo trató de tomar las mejores medidas de seguridad para ellos.

Todos los expedicionarios que llegaron eran gentes muy valientes y además, estaban bien armados, ninguno portaba carabinas italianas. Uno llevaba una Smith Corona calibre 3006, Cubela una ametralladora Tompson, Tony Santiago una ametralladora Stain de 9 mm, Faure Chomón un M3, igual al que Menoyo portaba, y así sucesivamente. De decidir quedarse, evidentemente podían formar una buena guerrilla de gran poder ofensivo.

No obstante, a Menoyo dadas las circunstancias, la seguridad del grupo le preocupaba.

Concluido el intercambio con Fleites, Menoyo pasó a tratar con Pando Ferrer, el coordinador de retaguardia. Pando le dio un informe minucioso donde acentuó los logros alcanzados en su difícil tarea, y su deseo era regresar al llano, cuanto antes para continuar su labor”. Miguel García Delgado

Un abrazo desde La Ciudad Luz, con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

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