La intransigencia de los industriales catalanes ante las reivindicaciones autonomistas y librecambistas de los cubanos fue la chispa que prendió la guerra independentista. Y, tras el 98, pasaron en un instante del más exaltado patriotismo español al separatismo. Por ello, Jesús Laínz se atreve a poner fecha al nacimiento de la burguesía catalana, tal y como la conocemos ahora, en torno a 1898. Hasta ese momento era un grupo reducido de nacionalistas catalanes que revindicaban la lengua (y no les hacía caso nadie como ellos mismos reconocieron). Por eso, y haciendo caso a la historia, podemos pensar que la gran culpable de la rebelión cubana fue la burguesía catalana, dice Laínz:

El factor más importante, aunque no único, fue la negativa por parte de los catalanes a conceder a los cubanos la menor autonomía administrativa y política, y la posibilidad de comerciar con quién le diera la gana. Ellos no podían vender todo el azúcar que producían a la península, porque no lo podíamos consumir los peninsulares, y se lo querían vender a los yanquis, como es lógico, que era un comercio enorme que tenían al lado. No lo podían hacer por la política arancelaria del gobierno español. La entidad que se opuso más férreamente a la concesión de autonomía política, de autonomía administrativa y de libertad de cambio a los cubanos fue el Fomento del Trabajo nacional, y la razón por la que estalla la guerra de Cuba finalmente en el 95 fue por eso, porque sencillamente se le estranguló económicamente a los cubanos para favorecer, por supuesto, no solo a la industria catalana sino la de toda la toda la península, pero los abanderados fueron siempre el Fomento del Trabajo nacional y demás entidades empresariales catalanas.

La política proteccionista benefició durante dos siglos a una industria catalana que gozó privilegiadamente tanto del mercado nacional como del colonial. Lo curioso es que según la elaboración histórica catalanista 1714 significó el final de la soberanía catalana y el comienzo de la opresión española. Sin embargo, fue precisamente entonces cuando comenzó la prosperidad de Cataluña, que pronto se destacaría como la región más industrializada de España. Desde entonces, hasta ahora, han pasado 300 años de privilegio catalán. Momento para preguntarse quién es realmente el que roba.

Fuente: LD

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