Si hace un año, todos los analistas y observadores esperaban que el “deshielo” con el presidente Obama iba a impulsar efectos benéficos sobre el comportamiento de los indicadores económicos, las previsiones no se han cumplido

  • Sin un ‘mercado’ amparado por instituciones jurídicas que garanticen el acceso a los derechos de propiedad de todos los cubanos poco se podrá hacer.

Elías Amor Bravo, economista

No es fácil entender lo que está ocurriendo en la economía castrista en este primer semestre de 2016. Si hace un año, todos los analistas y observadores esperaban que el “deshielo” con el presidente Obama iba a impulsar efectos benéficos sobre el comportamiento de los indicadores económicos, las previsiones no se han cumplido. Hace unos días, Murillo, el zar de las reformas, anunciaba en la Asamblea general que el PIB de la economía aumentaba un modesto 1%. Poco tiempo después, era cesado de manera fulminante, siendo sustituido por el octogenario Cabrisas, hasta ahora dedicado a las inversiones extranjeras.

¿Qué está ocurriendo en la economía castrista para que ni el aumento de las remesas de los cubanos residentes en el exterior, ni el creciente número de viajeros que ofrece la estadística oficial, los acuerdos de condonación de deudas con los países del Club de París y el agitado número de empresarios que viajan a la isla en busca de oportunidades, esté dando resultados positivos?
Para dar respuesta a esta pregunta, hay que remontarse a tiempos anteriores a 1994, antes del llamado “período especial” para poder situar el modelo analítico que permita entender lo que se esconde detrás de los procesos económicos.

Antes de 1994, la economía castrista era un conglomerado de propiedades y activos totalmente controlados y en manos del estado, que había eliminado la libertad económica, la libre empresa y el mercado como instrumento de asignación de recursos desde las reformas revolucionarias iniciadas 34 años atrás. Si ese aparato de ineficiencia e intervención absoluta funcionaba era gracias a las subvenciones soviéticas y del área del CAME, que permitían a la isla obtener financiación para poner en funcionamiento esas estructuras improductivas, dirigidas a atender fines distintos que la libre elección de bienes y servicios por los consumidores.

¿Qué está ocurriendo en la economía castrista para que ni el aumento de las remesas de los cubanos residentes en el exterior, ni el creciente número de viajeros que ofrece la estadística oficial, los acuerdos de condonación de deudas con los países del Club de París y el agitado número de empresarios que viajan a la isla en busca de oportunidades, esté dando resultados positivos?

Con el llamado “período especial” se rompió el flujo de recursos financieros procedentes del bloque comunista, y el régimen se ve en la necesidad, no querida por la dirigencia política, de recorrer caminos en la distancia contraria, y así, surgen en Cuba, después de 34 años de prohiciones y penalizaciones al ejercicio de la libertad económica, pequeños emprendedores que se abrieron rápidamente camino en un entorno en que el aparato estatal improductivo entraba en grave crisis, sin respuesta a los problemas urgentes de la sociedad cubana. La incorporación de la doble moneda, que aún sigue en vigor, fue un ejemplo del tipo de medidas acordadas en aquellos años de dificultades.

La situación parecía quedar resuelta con la llegada de Chávez al gobierno en Venezuela y los acuerdos del año 2000 entre Castro y el mandatario bolivariano según los cuáles se facilitó el intercambio de petróleo por servicios profesionales a unos precios que beneficiaban a la economía castrista. El régimen aprovechó esta nueva financiación procedente del exterior y cercenó todos los procesos de actividad económica privada que el período especial había provocado, al tiempo que se decidió, entre otras actuaciones controvertidas, la reestructuración del sector del azúcar. Todo ello en un proceso rígido de recentralización y control económico por parte del estado. Un regreso a los viejos tiempos de la ortodoxia estalinista.

Los sucesos de 2006 que llevaron a la alternancia de los Castro en el poder, Raúl por Fidel, trajeron consigo los llamados “Lineamientos” y una propuesta de transformación económica orientada a ganar tiempo, sin perder el control de la economía. Y en ello estamos. Cierto es que las reformas introducidas han abierto espacios para la actividad privada, pero sigue faltando la libertad económica y el mercado como instrumento de asignación de recursos escasea o se cuestiona cada vez que los precios aumentan por la ineficiencia del tejido productivo.

Sin embargo, la consecuencia más significativa de los llamados “Lineamientos” es que el bloque pétreo de propiedad y gestión estatal que era la economía castrista antes de 1994 se ha fragmentado y en su lugar aparecen tres segmentos escasamente relacionados entre si.

Las reformas introducidas han abierto espacios para la actividad privada, pero sigue faltando la libertad económica

El primero, el aparato estatal o sector presupuestado, en el que se encuentran numerosas empresas estatales y que es el foco de ineficiencia productiva y de mal funcionamiento de la economía. Este segmento aún representa la parte más importante de la economía en términos de producción y empleo y aunque el régimen persigue su reducción, los problemas surgidos con la organización sindical y protestas ocultas por la propaganda, han frenado la intensidad del proceso de los primeros momentos.

El segundo segmento, el área de las divisas, concentra los principales conglomerados empresariales de propiedad estatal, igualmente, pero con una vocación internacional orientados a la producción de artículos y servicios competitivos. Un sector que está bajo control de la dirigencia política del país y que, aun cuando representa un pequeño trozo de la economía, su productividad y capacidad de generación de valor añadido y recursos financieros, es muy elevada. Vinculado a este sector se encuentran los proyectos de inversión extranjera (como los hoteles y el turismo) que siguen el modelo de gestión complementaria, sin acceder a la titularidad de los activos, hoy por hoy, la única fórmula que aceptan las autoridades.

Las remesas que envían las familias y los ingresos por turismo, no revierten sobre los sectores más productivos, sino que caen de lleno en el segmento orientado a las divisas que se apropia de estos recursos sin que tengan su retorno hacia el bienestar y calidad de vida de los cubanos.

El tercer segmento son los llamados “cuenta propistas”, los arrendatarios de tierras, los productores agrícolas independientes y el conjunto de emprendedores que han surgido a raíz de las reformas, autorizaciones y licencias concedidas a cuenta gotas por el régimen, pero que han cambiado radicalmente la esfera de la economía, generando actividad, empleo y riqueza que, al menos de momento, no se puede capitalizar. Este sector es promisorio y debería ser estimulado, y no acosado fiscalmente por el régimen, para favorecer su crecimiento y consolidación de escalas. No parece que esa sea la estrategia, al menos actualmente.

Pues bien, el problema principal de los ministros de economía en el régimen castrista es cómo articular la relación entre estos tres segmentos de la economía para que su funcionamiento integrado permita aprovechar todo el potenciar de generación de renta y riqueza. Por ejemplo, las remesas que envían las familias, y que pueden continuar aumentando, o los ingresos por turismo, no revierten sobre los sectores más productivos, sino que caen de lleno en el segmento orientado a las divisas que se apropia de estos recursos sin que tengan su retorno hacia el bienestar y calidad de vida de los cubanos.

Este es el problema y no otro. Mientras que esa interacción entre los segmentos descritos, que los economistas conocen desde que el economista ruso Leontieff presentase las famosas tablas input output, no se produzca por medio de instituciones jurídicas que garanticen el acceso a los derechos de propiedad de todos los cubanos y la asignación de los recursos por medio del mercado, poco habrá que hacer. Tan solo ir observando cómo la economía sigue inerte sin que los motores externos la activen realmente. Queda mucho por hacer.

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Hispanista revivido.

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