Madrid, 2 de junio de 2015.
Querida Ofelia:

Una exposición que muestra una de las facetas más desconocidas de la obra de Korda, sus retratos femeninos, y desvela la pasión que el autor del famoso retrato del Ché Guevara sintió por la belleza de la mujer.

Korda. Norka, 1958. Fotografía de portada de La Mujer suplemento del Diario de la Marina. Sombrero diseñado por Ginette Aussude. © Korda, VEGAP, Madrid, 2015

Alberto Díaz Gutiérrez (Cuba, 1928-2001), más conocido como Korda, alcanzó fama internacional por su retrato del Ch2 titulada “Guerrillero heroico”. Más allá de esta icónica fotografía, Korda sintió auténtica pasión por representar la belleza femenina llegando a señalar que fue la necesidad de captar la belleza de las mujeres lo que le hizo fotógrafo. Era tal su obsesión, que el retrato femenino constituyó el nervio angular de su trayectoria.

Korda creó una amplia colección de imágenes caracterizada por su particular estilo y por el uso de luz natural. En los últimos años, el Estate Korda ha llevado a cabo una incansable labor de recuperación.

A través de una selección de sesenta retratos en blanco y negro, la muestra cuenta la historia del infatigable deseo del fotógrafo por inmortalizar la belleza de las mujeres.

La exposición, comisariada por Ana Berruguete, ha sido organizada por PHotoEspaña, la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y el Museo Cerralbo.

Korda, retrato femenino, forma parte de la Sección Oficial de PHotoEspaña 2015 y permanecerá abierta al público en el Museo Cerralbo hasta el 6 de septiembre de 2015.

“Alberto Díaz Gutiérrez (La Habana, 1928- París, 2001), más conocido como Korda, no es sólo uno de los fotógrafos más importantes de la fotografía cubana, y por extensión latinoamericana, sino también universal. Su fotografía del Che Guevara titulada “Guerrillero heroico”, es posiblemente la imagen más reproducida, y en los formatos más insospechados, de nuestra historia visual. Sin embargo, más allá de esta imagen, Korda es uno de los fotógrafos más interesantes del siglo XX al desarrollar un estilo único e inconfundible.

 Si el retrato de uno de los líderes de la Revolución cubana fue el que le dio tanta fama internacional, fue otro tipo de retrato, -el femenino-, por el que sintió auténtica pasión. En más de una ocasión Korda llegó a señalar que fue la necesidad de captar la belleza de las mujeres lo que le hizo fotógrafo. Era tal su obsesión, que el retrato femenino constituyó el nervio angular de su trayectoria. Aprendió la técnica de manera autodidacta retratando a mujeres. Desarrolló su estilo a través de la fotografía de moda y publicidad, donde se reservó las campañas que implicasen fotografiarlas.

 Aplicó el mismo lenguaje, caracterizado por el retrato simbólico y atemporal, a los líderes de la Revolución y en ella, también buscó mujeres bellas a las que retratar. Cinco meses más tarde de una última sesión fotográfica llevada a cabo con modelos profesionales en São Paulo, siendo ya un reputado artista internacional, Korda falleció en París.

 Esta es la historia que cuenta la exposición: el incansable deseo por inmortalizar la belleza de las mujeres. Pero es un relato inacabado puesto que el archivo personal de Korda fue intervenido en 1968 y con ello, una gran parte de su obra perdida. El Estate Korda, dirigido por su primogénita Diana Díaz, con la inestimable colaboración de Reinaldo Almira, está llevando a cabo en los últimos años una labor incansable de recuperación. Para la ocasión, se han seleccionado sesenta retratos en blanco y negro (también los hizo a color) fechados entre 1952 y 1960, además de una selección de su última sesión del año 2000, que nos descubren una faceta menos conocida del autor que, sin embargo, marcó su trayectoria artística y biográfica.” Ana Berruguete
La primera mujer que Korda -por entonces, Alberto Díaz- fotografía fue Yolanda, su novia de juventud, intentando simular esas sesiones y posados que publicaban las revistas de la época, siempre extranjeras. Tendría 16 ó 17 años, y para ello cogió prestado a su padre su cámara Kodak 35, hasta que algunos ahorros le permitieron comprarse su primera cámara en una Casa de Empeños. De Yolanda sólo se conservan unas diapositivas malgastadas, pero sabemos que le dedicó un álbum entero.

Todavía como fotógrafo amateur (profesionalmente se inició como agente de ventas) fotografió a Julia López, con quien se casó en 1951, año en el que también nació su primera hija, Diana.

Julia López fue la menor de una familia de ocho hermanos, de extracción muy humilde, que vivía en Santa Fe, un pequeño pueblo costero a 10 kilómetros al oeste de La Habana. Pudo estudiar solamente la primaria ya que a los 13 años comenzó a trabajar en la casa de una familia adinerada para poder ayudar a su familia. En 1950, con 17 años, conoció a Alberto, quien al independizarse se había ido a vivir a Santa Fe. Él tenía 21. Ya casados, Julia le acompañó en sus viajes comerciales por varias ciudades y pueblos de Cuba o para ver las carreras de coches, de las que ambos fueron muy aficionados. En sus viajes, Alberto la retrató insistentemente.

Julia fue su primera modelo, sin serlo de forma profesional, en estas primeras fotografías que nunca fueron publicadas en las revistas, sino que quedaron en el ámbito familiar. Con ella, Korda ensayó poses, ángulos y luces, que luego le caracterizaron como uno de los mejores fotógrafos de moda de la época. Ya como fotógrafo profesional, Julia, al igual que su hija Diana, sirvió de modelo para algunas de sus primeras campañas publicitarias hasta su separación en 1956. Era su primera etapa como fotógrafo de publicidad.

En 1954 Alberto ganó un concurso al realizar una campaña para la compañía de seguros Godoy Sayán. El premio fueron 500 pesos y un pequeño local en el edificio La Metropolitana, situado en la calle O’Reilly, donde fundó su primer estudio de fotografía –Korda Studios-, junto con Luis Pierce Byers.

Dos años más tarde, para satisfacer la creciente demanda de una clientela variada y diversa, decidieron trasladarse a la calle 21, zona céntrica de El Vedado, a un nuevo local más amplio, al que dieron el nombre definitivo Studios Korda, también marca comercial con la que firmaron indistintamente muchos de sus trabajos. Pero poco a poco el estudio ganó fama no sólo como un estudio comercial de fotografía sino, también, como un centro generador de ideas más allá del mero encargo, lo que les diferenció dentro de un ambiente publicitario muy competitivo.

En el estudio, Alberto se reservó siempre las campañas publicitarias más importantes que implicasen retratar a mujeres. En ellas, desarrolló toda una creatividad propia y vanguardista, pero inserta, a la vez, en el lenguaje de la fotografía de moda internacional que aprendió de revistas como Vogue o Harper’s Bazar, lo que hizo que Studios Korda fuera identificado con su estilo. Pero mantuvo también una actitud transgresora para los cánones de la época, al poner en contraposición directa la belleza femenina y lugares poco habituales como paisajes en decadencia. Trabajó fuera del estudio la luz de exteriores de manera excepcional.

La mayoría de estas imágenes fueron publicadas por la revista cubana Carteles, en su sección “Cine Bellezas”, acompañadas por textos escritos por Guillermo Cabrera Infante bajo el seudónimo de G. Caín, que contribuyeron a enfatizar su carácter narrativo. Korda trabajó, también, para grandes diseñadores de la época como Bernabeu, Melly López, Pepe Fernández, René Sánchez, Rivero y Mojeno, Marffel y Sánchez Mola que tuvieron abiertos sus talleres de alta costura en La Habana de los años cincuenta.

En enero de 1959 triunfó la Revolución y Korda se convirtió en uno de sus fotógrafos más reconocidos. La moda y la publicidad empezaron a ser vistas como reminiscencias pequeño burguesas pertenecientes al pasado, por lo que poco a poco dejó de ser una fuente de ingresos para modelos, diseñadores, fotógrafos, agencias, etc. Cuando el trabajo de estudio empezó a ser casi inexistente, Korda salió a la calle a buscar a sus modelos en los desfiles, celebraciones y mítines políticos.

Desde el inicio, Korda seleccionó personalmente a las modelos de las que acudían a su estudio para ofrecerse pero, también, de mujeres anónimas elegidas al azar en la calle que le cautivaron por su belleza. Al poco tiempo de abrir los Studios Korda, Alberto conoció a Nidia Ríos, una joven estudiante de la escuela americana de La Habana que le llamó enormemente la atención. Nidia, una joven alta, rubia platino y delgada, carecía de experiencia como modelo, por lo que fue aprendiendo a medida que Korda afinó su técnica en este nuevo género. Las fotografías de Nidia que Korda fue publicando en las revistas la dieron una rápida popularidad y la convirtieron en una de las modelos cubanas más importantes.

Poco más tarde, Korda incorporó a la modelo Natalia Magali Méndez Ramírez, conocida como Norka, que para entonces trabajaba profesionalmente en la televisión y empezaba a hacerlo para la alta costura. Con Norka, una mujer delgada de gran estatura y curvas clásicas, de piel muy blanca y ojos claros, formó enseguida un dúo creativo que les hizo colaborar activamente entre 1956 y 1963. La revista O Cruzeiro Internacional llegó a dedicar un artículo a esta dinámica pareja que fusionó fotografía y elegancia a la perfección. Norka fue su musa y modelo favorita.

Norka se convirtió también en la segunda esposa de Korda y madre de otros dos de sus hijos. Sus embarazos la retiraron temporalmente de la moda, no obstante, el fotógrafo continuó trabajando con Nidia Ríos y Norma Martínez -una estudiante de magisterio que Korda acabó convirtiendo en modelo profesional en 1958- así como también con Maricusa Cabrera y Miriam Socarrás, entre otras.

En abril de 1959 durante un viaje oficial acompañando a Fidel Castro, Korda conoció en Nueva York a Richard Avedon, a quien admiraba profundamente. Allí, al mostrarle algunos retratos de Norka, éste le instó a desplegar su propio estilo liberándose de otras influencias. Pero Korda no negó ni quiso rechazar la impronta que tanto Avedon como otros grandes de la fotografía de moda americana como Irving Penn, tuvieron en su propia obra.

Korda recreó en su estudio de La Habana ambientes modernos y estableció una unión con la retratada que trascendió cualquier tipo de mensaje publicitario. Sus imágenes, independientemente de su contexto comercial, son retratos que funcionan por sí solos, dada la capacidad histriónica de sus modelos y la puesta en escena dirigida por él.

Esta creatividad rompió con el prototipo de imagen publicitaria cubana de la época: frente a las mujeres caracterizadas por su voluptuosidad, de poses provocativas que incitaban al deseo carnal -gestos propios de la sociedad “machista” cubana de entonces- Korda apostó por líneas y contornos casi abstractos y elegantes; por la suavidad de movimiento y la síntesis de elementos en la composición, como señaló la historiadora de la fotografía cubana Cristina Vives.

A pesar de todo, Korda llegó a ser criticado por publicar algunos retratos de mujeres desnudas o semidesnudas en la sección “Cine-Bellezas” de la revista Carteles. Ante estas acusaciones Korda pidió a Lourdes Colete, secretaria de Studios Korda, que se vistiera de riguroso negro y posase para una sesión en el cementerio de La Habana que publicó, como réplica, bajo el título de “La belleza y la muerte”, en la misma revista en 1959.

Pocas semanas después de la entrada de los rebeldes en La Habana, Korda fue llamado junto con Raúl Corrales, Osvaldo y Roberto Salas al primer viaje de Fidel Castro, ya como primer ministro, a Venezuela. El hecho de que le eligiesen siendo un fotógrafo de moda (algo tildado de frívolo por la Revolución) y no de prensa, llama mucho la atención. La explicación radica en que Korda, más allá de lo que fotografió, supo extraer todo el valor semántico de un retrato.

En su obra, Korda se limitó a sustituir a sus modelos por los nuevos líderes, manteniendo esa estética basada en la imagen informativa pero, al mismo tiempo, simbólica, de la fotografía más comercial. Como dijo de nuevo Cristina Vives, Korda “fue, por suerte, un improvisado “fotorreportero” pero un experimentado publicista.” Cuando la publicidad y la moda dejaron de ser fuente de trabajo para los fotógrafos en Cuba en los años siguientes al triunfo de la Revolución, Korda mantuvo abierto los Studios Korda. A partir de entonces, simultaneó la escasa fotografía de estudio con los viajes en labor periodística junto a Fidel y con las pocas campañas publicitarias que trataron de promocionar en el exterior los productos nacionales por excelencia: el turismo y la artesanía, para las que utilizó a Norka como modelo.

En 1960 la revista Carteles dejó de publicarse, por lo que empezó a colaborar de forma más esporádica en la sección “La ninfa constante” de la revista Cuba. Pero en el nuevo contexto las modelos fueron seleccionadas por sus atributos morales: fueron mujeres trabajadoras o estudiantes y, además, fue imprescindible que las fotografías se acompañasen por entrevistas en las que transmitieran su deseo de contribuir a la nueva sociedad.

Por otro lado, el apoyo popular a la Revolución se manifestó a través de concentraciones, desfiles, mítines, campañas de alfabetización, etc., donde Korda incorporó nuevos protagonistas a su estética, esta vez en forma de símbolos (banderas, fusiles de milicianos(as), sombreros de campesinos, faroles de los alfabetizadores), pero en estos eventos buscó también un bello rostro o un hermoso cuerpo que fotografiar, en fin, una imagen femenina.

El 14 de marzo de 1968 Studios Korda fue intervenido por el Departamento de Lacra Social del Ministerio del Interior. Todos los negativos y equipos fueron confiscados y llevados a paradero desconocido. Semanas más tarde, sólo se recuperaron los negativos dedicados a la Revolución, que son los que actualmente se conservan en los archivos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de Cuba.

En 1979, después de dejar el Instituto de Oceanología donde trabajó fotografiando el fondo del mar, Korda comenzó a trabajar como director de fotografía de la recién creada revista OPINA en un intento por retomar el periodismo publicitario, a la vez que realizó fotografías de publicidad para la firma de rones Havana Club. También colaboró con la casa de modas “La Maison,” donde se promovió un nuevo tipo de moda, teniendo como base la utilización de tejidos frescos y de colores llamativos en concordancia con el clima soleado y tropical. De igual manera, en la primera mitad de los años ochenta Korda colaboró con el Ministerio de Turismo, anunciando lugares dedescanso, recreación, restaurantes, etc.

En aquellos años –la década de los ochenta- se produjo un ligero respiro en cuanto a las dificultades económicas de la Isla por el apoyo que aportó el bloque de países socialistas a Cuba.

A pesar de este retorno a la fotografía de moda, Korda era ya un reputado artista internacional al que se invitó a realizar exposiciones tanto individuales como colectivas, de sus conocidas fotografías de la Revolución. Nueva York, México, Sidney, Madrid, París, Perpiñán, Milán, Sicilia, Venecia, entre otras muchas ciudades, exhibieron su trabajo y le aportaron gran fama internacional, principalmente por su imagen mítica del Ché.

En octubre de 1988, la exposición Momenti della Storia, Alberto Korda comisariada por Giuliana Scime en el Centro Culturale Editoriale Pier Paolo Pasolini de Sicilia, expuso por primera vez, sus fotografías de moda junto a las de la Revolución.

En diciembre del año 2000 Korda viajó a São Paulo invitado a exponer en esa ciudad. Aprovechó su estancia para realizar varios retratos de familia a la entonces alcaldesa de esa ciudad, Marta Suplicy, y llevar a cabo, además, una sesión fotográfica- la última de su vida- con varias modelos brasileñas, culminando así, en palabras de su amigo y escritor Jaime Sarusky “su intensa trayectoria vital y profesional cargado de paciencia y sabiduría regresando, entre recuerdos y renovados bríos, a las sonrisas y los gestos elegantes de las muchachas de moda.”

Cinco meses después, el 25 de mayo del 2001, falleció en París el más versátil y privilegiado fotógrafo cubano de todos los tiempos.

La comisaria de la exposición Ana Berruguete, es licenciada en Historia del Arte y Diploma de Estudios Avanzados (DEA) por la Universidad Complutense de Madrid, donde prepara en la actualidad una tesis doctoral. Ha sido asistente de comisariado e investigadora en proyectos expositivos del MNCARS, Museo de Bellas Artes de Bilbao y MEIAC, entre otros. En los últimos nueve años se ha especializado en fotografía dentro del departamento de Exposiciones de La Fábrica, siendo en la actualidad la Responsable de Exposiciones del festival PHotoEspaña. Paralelamente desde el año 2000 colabora en distintos medios de comunicación, ha sido profesora invitada de másteres y cursos universitarios y ha participado como experta en programas de visionado de porfolios de fotografía. Entre las exposiciones que ha comisariado destacan (Re)presentaciones. Fotografía Latinoamericana contemporánea (Tabacalera, Promoción del Arte, Madrid; Centro Cultural Chacao, Caracas; Sesc Consolaçao, São Paulo; La Regenta, Las Palmas de Gran Canaria) y Paysages habités, Le Château d’Eau, Toulouse.

Korda, retrato femenino. Exposición del 2 de junio al 6 de septiembre de 2015. Museo Cerralbo. Ventura Rodríguez, 17. 28008 Madrid. Organizan: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes y Museo Cerralbo) PHotoEspaña. Coordinación: Sara Rivera Dávila. Digitalizaciones: Reinaldo Admira. Copias fotográficas: Juan Manuel Castro Prieto. Enmarcado: Marco Estudio S.L. Diseño gráfico: Javier Martínez. Montaje expositivo: Amar XXI. Comunicación: PHotoEspaña. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Promoción del Arte y Museo Cerralbo). Agradecimientos: ESTATE KORDA.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.

 

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