Gaspar, Baltasar y Melchor regresaron a Baire después de cinco décadas

Por Antonio Domínguez García (Especial para Caracol de agua)

Desde que tengo uso de razón veo en Baire, mi pueblo, aquí en el oriente de Cuba, una estructura grande a medio hacer. Recuerdo haberle preguntado a mamá qué se iba a construir allí; siempre me dijo, “una iglesia”; yo, un tanto ingenuo, volvía a preguntarle: ¿Por qué no está terminada? ¿Faltó acaso el milagro del Día de Reyes? Vieja, ¿perdieron la fe los que la iniciaron?

El domingo 3 de enero, en la iglesia a medio hacer se dieron cita muchas familias, sobre todo niños que esperaban a unos personajes que recorrieron Baire con un atuendo llamativo,  unas extrañas barbas, estaturas diferentes y llamaron la atención de todos. Eran los reyes Gaspar, Baltasar y  Melchor; sí, los Reyes Magos; increíble, ¿verdad? Su alegría era contagiosa, sobre todo para los más pequeños que nunca los habían visto. El regreso de  estos magos sin magia fue una fiesta innombrable.

Ya en el punto de concentración, -la citada iglesia-, se dramatizó lo sucedido hace unos cuantos años en la historia del cristianismo  donde el hombre era lo más importante. Allí, entre juegos y canciones, niños y familias completas retomaron una tradición que alguien dejó de cultivar, quizás por descuido, tal vez por dedicar esfuerzos a consignas vacías, a defender sueños sin convicciones, todo enmarcado en los deseos del hombre  nuevo y su tenaz batalla por construir una sociedad más equitativa y justa. En ese camino olvidó que, para los hombres, las ilusiones son el motor que guía la vida y la dota de sentidos.

Los Reyes Magos retornaron.

Por suerte para los miembros de la Parroquia de San Bartolomé de Baire, las ilusiones no se apagaron, los Reyes Magos retornaron y con ellos el pueblo de Baire comenzó a  darle vida a lo que será su nueva casa, la vieja estructura ubicada en calle 11, o mejor dicho, la que está por el Policlínico. En diciembre los feligreses realizaron una limpieza del local.

El Día de la Epifanía del Señor, domingo 3 de enero, con la presencia de un centenar de familias junto a sus niños,  la iglesia católica  de Baire inició el camino hacia una nueva sede; sin fanfarronería y con el apoyo de los que conservaron intactas sus ilusiones y el deseo de hacer el bien a la comunidad, salvando tradiciones que nunca debieron morir, o al menos estar en un coma profundo del que hoy han salido con este retorno de los Reyes Magos.

De forma sutil está logrando una juventud con valores cristianos, pero también  con educación formal.

Deberían muchos de los que critican sin mirar el esfuerzo y los resultados, aprender de esta comunidad cristiana,  que tiene dentro de sus objetivos más abarcadores, la formación de niños,  adolescentes y jóvenes, en una cultura de lo bueno, lo sano, lo útil, y los valores que hoy nos desgastamos tanto en formar. De forma sutil está logrando una juventud con valores cristianos, pero también  con educación formal, un comportamiento ciudadano adecuado y valores que los convierten en personas más útiles a la sociedad, sin perder de vista la genuina defensa de tradiciones como la del Día de los Reyes.

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