Lothar Baumgarten. El barco se hunde, el hielo se resquebraja

Lothar Baumgarte. El barco se hunde, el hielo se resquebraja. Fotografía de 2001. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Madrid, 5 de noviembre de 2016.

Querida Ofelia:

El Museo Reina Sofía presenta, en su sede del Palacio de Cristal del Parque del Retiro, El barco se hunde, el hielo se resquebraja (The ship is going under, the ice is breaking through), una escultura sonora de dos horas de duración que el artista alemán Lothar Baumgarten ha creado específicamente para este espacio. Baumgarten, que durante cuatro décadas ha trabajado con paisajes sonoros, se centra en la fragilidad de la estructura de cristal abovedada de este edificio del siglo XIX para crear esta obra a partir de una serie de grabaciones en audio, realizadas entre 2001 y 2005, del deshielo de las orillas del río Hudson en el Estado de Nueva York.

Gracias a un meticuloso trabajo de edición y montaje, en el que cada uno de los altavoces de la instalación funciona como miembro de una orquesta, el artista logra generar la ilusión de que lo que se está resquebrajando es la propia bóveda del Palacio de Cristal. Basándose en la transparencia de la presencia arquitectónica de su armazón de cristal, establece una analogía tonal entre el sonido que provoca el deshielo y el derrumbe de las acciones y los activos en los mercados financieros, haciendo referencia a la especulación provocada por el crecimiento económico ilimitado y sus efectos en el dramático cambio climático.

El barco se hunde, el hielo se resquebraja (The ship is going under, the ice is breaking through), Baumgarten se centra en la fragilidad de la estructura de cristal abovedada de este edificio del siglo XIX que —y esto es algo que a este artista, cuyos proyectos siempre tienen muy en cuenta las arquitecturas y casuísticas concretas de los lugares en los que se desarrollan, le interesa resaltar— está estrechamente vinculado con la historia colonial: fue construido en 1887 con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas, una de las últimas colonias españolas de “ultramar”.

No es la primera vez que una obra de este artista, que a lo largo de su carrera ha recurrido a una gran diversidad de soportes, materiales y medios expresivos (fotografías, películas, dibujos murales, grabados, narraciones, intervenciones arquitectónicas, etc.), se articula en torno al sonido o tiene a este como uno de sus elementos centrales. Ya ocurría, por ejemplo, en Da gefällt‘s mir besser als in Westfalen. Eldorado (1968–1976), uno de sus primeros proyectos, donde evocaba una imaginaria selva tropical a través de grabaciones sonoras e imágenes fotográficas que había realizado en una zona pantanosa a orillas del río Rhin, entre Colonia y Düsseldorf. O, más recientemente, en Seven Sounds / Seven Circles (2009), donde trabajó con sonidos que fue registrando durante un periodo de casi cuatro años en Denning’s Point, una pequeña península yerma que se adentra en el río Hudson, cerca de la ciudad de Beacon, Nueva York.

Al igual que en Seven Sounds / Seven Circles, el carácter escultórico de la instalación sonora que ha concebido para el Palacio de Cristal viene dado por la complejidad tonal y la dimensión sinfónica de la composición que el artista ha generado. Dicha composición tiene una estructura cíclica y expansiva —es decir, en ella es tan importante la espacialidad como la temporalidad—, de modo que la sensación de desmoronamiento del edificio va in crescendo, envolviendo al espectador hasta hacerle sentir que la amenaza de derrumbe es inminente.

Desde los comienzos de sus trabajos, Baumgarten ha abierto nuevas posibilidades de expresión y reflexión artística a través de un trabajo en el que pone en cuestión los sistemas de pensamiento y representación occidentales, así como la manera en que desde estos se construye nuestra percepción y relación con otras culturas. En su obra, encara y desarma los principios de ordenación que determinan la forma en que se aborda la diferencia cultural, siendo uno de los primeros artistas de su generación que tomó conciencia de que la historia del arte occidental no se puede desligar de la historia del colonialismo.

Ya en los inicios de su carrera, se interesa por la vida y los modos de organización social y cultural de las comunidades indígenas. Desde la convicción de que había que desmontar los cánones poscoloniales que persisten en el ámbito de la etnografía y la antropología, realiza proyectos como Unsettled Objects (1968-69), donde da cuenta de cómo los sistemas de presentación y clasificación de las colecciones etnográficas se han usado —y se siguen usando— como herramientas para imponer la visión occidental del mundo.

En 1968, empezó a explorar cómo se configuran los vínculos que los individuos —y las comunidades a las que pertenecen— mantienen con los territorios en los que viven. Podemos verlo como una especie de heredero del naturalista, aventurero y humanista alemán Alexander von Humboldt, que inicia así un complejo proceso de indagación crítica en torno a la relación dialéctica entre naturaleza y cultura que ha seguido desarrollando hasta la actualidad.

A finales de la década de los setenta y durante parte de los años ochenta del siglo XX, decide vivir con los yãnomãmi, que apenas habían tenido contacto con el mundo exterior, en la región tropical amazónica entre Venezuela y Brasil; experiencia que le marca profundamente. Baumgarten, que siempre ha concebido la práctica artística como algo que debe estar en diálogo directo con la vida, busca confrontar y desbordar los límites de la cultura occidental mediante una exploración directa, no mediatizada, y vivencial de otras culturas.

Lothar Baumgarten. El barco se hunde, el hielo se resquebraja.  Del 3 de noviembre de 2016 al 16 de abril de 2017. Palacio de Cristal, Parque del Retiro. Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Coordinación: Soledad Liaño.

Agradezco al Gabinete de Prensa del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, por la documentación puesta mi disposición, lo que ha permitido publicar esta crónica.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.