Así de simple y de complejo y completo: Magallanes. Y con tal apellido queda delimitado un hombre que sigue ostentando un misterio en el entorno de su viaje, que, norma de la casa de la crónica  española; una crónica de sacristía grandilocuente, nos sigue llenando de dudas a todos aquellos que nos gusta, en la historia y en la vida, la verdad; que nunca es relativa y sí concreta y meridiana.
Fernando de Magallanes, también conocido como Hernando de Magallanes (en portugués Fernäo de Magalhäes; Sabrosa, Portugal; primavera de 1.480- Mactan, Filipinas; 27 de abril de 1.521) fue un militar, explorador, marino y navegante portugués de linaje noble. Fue nombrado por la Monarquía Hispánica adelantado y capitán general de la “Armada para el descubrimiento de la especería” y comendador de la Orden de Santiago.
Si uno entra a consultar al organismo, al catecismo y  academia que modernamente está dando anotación e información sobre todo lo que pasa y pasó en el mundo, el buscador google; un buscador eminentemente de sardina sajona, de ascua encendida sajona Usa, puede leer lo enunciado arriba, y ya sabe sobre Magallanes demasiado, según el entender real hispano sobre un personaje histórico que la crónica castellanizó a tope, y ha dejado, por el momento, grafiado el Estrecho Austral del Continente Americano con su nombre.
Hace unos pocos días, por el mes de abril, por su día 27, en plena primavera, murió hace quinientos años el que, al parecer, nació en Portugal también en primavera; En ese reino, ahora república, que desde la vecina España nada sabemos en la cotidianidad de su calendario porque así lo demanda la casa Usa y “obediencia de vida que le prestan los desinteresados medios de comunicación españoles” para que vivamos completamente, como buenos vecinos, de espaldas.
Y si el sistema no acepta que los “pequeños” estemos unidos y en contacto, y lo que interesa al dicho sistema es que estemos atentos a sus consignas e informaciones; a las noticias que ellos provocan y existe la obligación de publicitarlas hasta de gratis, esa triste manera de hacer la crónica no es nada novedoso ni actual, ya que los avatares históricos, caso de Magallanes, a pesar de que tan solo han pasado quinientos años de la fecha que acontecieron, el modo y manera como están asentados en los libros y se explica en la cátedra, es de una simpleza de escuela de parvulitos.
Quiere la crónica dar la sensación que la corte del emperador don Carlos el Primero como Carlos por España y Cuarto por la línea usurpadora del asiento del trono de Castilla por su abuelita la reina Isabel (Isabel, después Juana, después Fernando, después Carlos) estaba muy interesada en conocer el mundo que se habitaba, y el rey emperador y sus bailaguas que ostentaban puntillas hasta en sus calzones de dormir, no podía hacerlo en virtud de su preocupación por el mundo que les daba cobijo.
Y así, más o menos, fletaron unas naves para que dieran la vuelta al mundo y conocerlo; y saber el valor de un grado supuesto que ya son capaces de conocer el valor del perímetro de la “bola” que nos acoge. Y con una exposición de este fundamento queda España como un reino preocupado por la ciencia; algo que nunca ha acontecido ni acontece en nuestra actualidad más allá de la compleja y densa ciencia futbolera.
La expedición de Magallanes, lo mismo que la anterior denominada colombina, fueron un pasto exquisito para que jueces y fiscales y letrados, en la tradicional apariencia de que son la ley, la justicia y el orden social, comieron en cantidad; generaron cantidad de documentos la mayoría de ellos quemados o desaparecidos, supuesto que por la vía de ellos se determinan con claridad que la monarquía española entonces y ahora, empieza donde empiezan las luchas intestinas por el poder del asiento real, y acaba donde acaba su verdadero pueblo: el clero.
Lo Colombino acabó con los largos Pleitos Colombinos y un galimatías histórico que no concluye en nada positivo verdadero. Lo de Magallanes acaba con los juicios contra su factor general Juan de Aranda, una serie de luchas intestinas entre castellanos y portugueses; y por parte alguna aparece la verdadera derrota, aquella que el científico luso Ruy Falero y su socio expedicionario Magallanes mostraron corriendo el año de 1.518, hace ahora quinientos años, a la casa real de España para que les diera sus bendiciones para emprender un viaje comercial a por las valiosas especies del Moluco.
Y por esa razón partieron cinco naves al viaje; para tornar ricas y hacer ricos a los ricos. Pero nada sabemos del por qué Magallanes tenía tanta seguridad y balizado la existencia de un paso austral Americano marítimo interoceánico, y abandonó, en contra del sentir general de la flota, el rumbo ya conocido de doblar el perímetro africano que los llevaría a la tierra de la especiería a cargar las bodegas.
Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. A mi primo y amigo José Pérez Palmis
    UN GRAN DERROCHE
    No sé dónde va
    lo bueno,
    lo que oportunamente
    hizo conjunción
    para hacer
    y nacer
    un hombre distinto,
    diferente,
    bueno.
    He visto pocos,
    pero los he visto;
    gente buena,
    como José Pérez Palmis,
    ninguno en hornacina,
    ni policromado;
    llenos de tierra,
    de ir de necesidad
    en necesidad,
    los zapatos,
    pensando siempre
    en el bien por el bien,
    y los puedo contar
    con una sola mano
    y me sobran dedos.
    Gente buena de verdad
    que se van
    en un derroche de locura
    del éter
    que sabe los pocos
    que llegan
    haciendo el bien,
    por el premio
    de hacerlo.

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