Mamerto, por Nicolás Aguila

Mamerto es un santo. San Mamerto de Vienne. Vivió en el siglo V y es venerado indistintamente por católicos, ortodoxos y anglicanos. Pero no me parece que tenga muchos devotos. Al menos yo no conozco a nadie que lo invoque en momentos de aflicción como a otros muchos santos. Santa Bárbara y San Lázaro, por ejemplo.

A San Mamerto le pasó igual que a San Apapucio, a quien le cortaron el miembro viril desde la base hasta el prepucio, según el relato tradicional. Pero no lo digo por eso, sino porque su nombre mueve igualmente a la guasa y el choteo, más que a la devoción. Y que Dios me perdone.

Decirle a alguien mamerto es decirle tonto o bobo. En Colombia les llamaban mamertos a los viejos comunistas y luego, por extensión, a los izquierdosos en general, debido a sus tonterías políticas aderezadas con pujos teóricos. Aunque desconozco el nivel de uso que tenga la palabra en el ámbito hispanoamericano, parece que se emplea en varios países del área. En cuanto a Cuba, vengo oyendo la palabra desde niño.

Para empezar –y si no me falla la memoria remota, que se activa con los años–, al Mr. Potato le llamaban Mamerto en la Cuba de los cincuenta. Recuerdo además que los estudiantes de los tiempos de mi hermana mayor cantaban una copla festiva, si se quiere extravagante, que decía más o menos así:

“Se murió Mamerto
la viuda del muerto
pobre Restituta
qué vieja más sata
qué vieja más bruta”.

Ingenuos que eran los muchachos de la época. Hoy dirían cosas más fuertes y malsonantes a ritmo de reguetón y a lo papichuli matador.

De modo que hallo bien que el escritor Armando de Armas haya rescatado la palabra mamerto en el doble sentido de tonto e izquierdista. El término está avalado por la tradición y el uso tanto cubano como hispanoamericano. Muy bien que se lo endilgue a los tontos útiles e inútiles que son los idiotas políticos centro, sur y norteamericanos. Nada los define mejor.

1 COMENTARIO

Deja un comentario