Los del Mediterráneo nos tomamos muy en serio esto de la familia.

Por Pol Rodellar, Redactor de Vice España

Con la familia no se juega. Los del Mediterráneo nos tomamos muy en serio esto de la familia. Vivimos 40 personas en una misma casa, generaciones y generaciones de apellidos bajo el mismo techo. Edificamos negocios eternos que duran más que la propia tierra que los sujeta. Este es el juego. Europa nos mira de reojo, extrañada. En el norte los chavales se van de casa a los 13 años y no vuelven nunca más. Unos buscan trabajo y se ponen corbatas, otros se pierden en las profundidades de los bosques, alimentándose de raíces e intentando invocar dioses y fuerzas ancestrales. Nosotros no. Nosotros esperamos a heredar las paredes, los techos, las puertas y las ventanas. Esperamos, en definitiva, a tomar el relevo y convertirnos en nuestros padres y vivir así hasta que nuestros hijos se conviertan en nosotros.

Supongo que todos entendemos que aquí estoy exagerando un poco. Evidentemente también existe ese español espabilado que encuentra trabajo y se independiza, esto existe, dicen. No es solo una cuestión de tradición, la verdad es que los países de los márgenes de Europa estamos bastante jodidos y pocos jóvenes pueden permitirse pagar ellos solos un alquiler. Hace poco salió este estudio en una página llamada “mapas brillantes” —un nombre realmente “brillante”— donde se nos muestra el tanto por ciento de población de jóvenes-adultos (esa gente de entre 25 y 34 años) que sigue viviendo con sus padres. Esto trae ciertas ventajas —comer caliente cada día, no quedarte sin papel de váter o tener tiempo para terminar ese currículum vitae que llevas tres años elaborando y que será la hostia—pero está claro que también abre la puerta a un buen montón de problemas, siendo la articulación de casquetes uno de los problemas más difíciles de tratar.

Supongo que algunos ya lo vivisteis en vuestras propias carnes cuando fuisteis adolescentes e invitabais a vuestros novios o novias a casa de vuestros padres para follar, al mediodía, cuando sabíais que no habría nadie ahí presente para joderos el plan de penetrar y ser penetrado. Yo aquí no puedo opinar ya que mi adolescencia fue una auténtica laguna en cuanto a experiencias sexuales se refiere, pero he leído cosas, me han contado historias y conozco situaciones realmente incómodas donde lo menos destacable es la frase “semen en el cenicero”.

Yo prefiero indagar a través de las grutas más tristes e incómodas, prefiero hablar del sexo adulto, de ese tipo que tiene alrededor de 30 años y sigue viviendo con sus padres y todo es un laberinto vital terrible. No solamente ha fracasado —en cierto sentido— en la vida sino que encima las pasa putas para poder follar. Las opciones son pocas, de hecho se limitan a la misericordia de la otra parte implicada, que esta decida ceder su piso/habitación/zulo para copular. Estoy hablando tanto de relaciones esporádicas, “soportes” de una noche ( one night stand según Google Translate) o de protomatrimonios más o menos aposentados.

Es una regla no escrita pero ningún joven-adulto (ya sabéis, esa gente de entre 25 y 34 años) puede traer a casa de sus padres a una persona para follársela en una cama individual. Los padres nunca podrán tolerar la visión de entrar a tu cuarto por la mañana y encontrarte abrazado a una tipa y ver esos dos condones tirados por el suelo. Además, ¿crees que a tu presa le interesará ir a casa de tus padres CON tus padres dentro? Se tiene que tratar de alguien muy cachondo o muy borracho. Y piensa en la mañana siguiente, la clásica evasión de la víctima será peor que el Escape de Absolom, nadie quiere vivir eso: largarte de casa de un desconocido que te acabas de follar y encontrarte a su madre haciendo patchwork en el comedor. “Hola señora, hasta luego”. NO.

Es por eso que uno de los pocos momentos en los que podrás disfrutar del sexo será cuando, por alguna razón, tus padres abandonen el nido de forma temporal (cuando pasan el fin de semana en Cubelles o cuando van a comprar al supermercado). Eso sí, si la persona con la que quieres copular forma parte de una relación mínimamente estable en la que estás involucrado y, pongamos, esta tampoco dispone de un piso donde vivir con independencia de sus progenitores —menudo desastre de pareja sois— no te quedará más remedio que mezclar pareja y familia, cosa que agarrará la relación que tienes con esta persona y la tirará a la basura.

Con los años uno aprende y siempre hay soluciones tolerables —que no perfectas— a esta situación. Pongamos que tus padres se han ido de vacaciones y tienes la casa para ti. Cuando te dijeron la palabra “vacaciones” ya se te puso dura a modo de “perros de Pávlov”. Ha llegado tu momento. La primera opción siempre será intentar ir a casa de la persona con la que quieres copular en la nocturnidad pero si esta no tiene o no quiere llevarte a su casa puedes inventarte una historia para que NUNCA sepa que sigues viviendo con tus padres y, por lo tanto —eso crees—, piense que eres un perdedor en la vida. Esta narración ficcionada hará que todo sea más cómodo para los dos. Manéjalo bien, ten en cuenta cada detalle, si te inventas a una persona ponle un nombre y dos apellidos. Utiliza conceptos e historias que te sean familiares. Vamos a intentarlo: prefieres que piense que, en vez de vivir con tus padres, eres un padre soltero que vive con su hijo de tres años —el niño duerme en tu habitación actual que es la que utilizabas de adolescente pero le dices que preferiste amueblarla así pensando en el futuro. Su madre se desentendió y te ocupas tú solo de la criatura, esto puede hacerte ganar puntos para follar. Hoy tienes al crío con la abuela y esta noche te la “quieres dedicar a ti”. La tipa verá que tu casa es de puta madre pero como que está decorada a la antigua. “Los setenta están volviendo” le dices. Con la borrachera vas por defecto a follar a la cama individual de tu cuarto de adolescente y ella te pregunta que por qué coño quieres follar en la habitación de tu hijo. Sales de la situación como puedes (“le echo de menos” por ejemplo). Vais a la cama doble de tus padres y después de correros ella te pregunta que por qué te estás leyendo un libro para “convivir y aceptar la menopausia”. Ves, tienes que tenerlo todo MUY preparado. Lo que quiero decir con todo esto es que la cosa es complicada.

También puedes tener la decencia de pagar un hotel o ni que sea un motel de 20 euros. Otra opción es sincerarte y contarle la verdad. Subís a la azotea del edificio, os tumbáis en el suelo y miráis los aviones pasar, esos que buscan la pista de aterrizaje de El Prat. Con este panorama te sinceras, le dices que te gusta pero que ahí abajo viven tus padres y que te daba vergüenza contárselo. Abres tu corazón, muestras a ese pequeño pájaro azul) que tienes dentro. Entonces, con esta estrategia puede que incluso te folle ahí arriba; bajo los aviones, las nubes, las estrellas y todos los planetas y galaxias que existen ahí fuera. Es una de las pocas situaciones en la que habrá valido la pena decir la verdad.

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