Ante el altar de un Cristo hizo jurar de rodillas a sus hijos morir por la Patria. Terminó en el exilio, sin patria y sin hijos

 

Tania Díaz Castro para Cubanet

 

La primera vez que ofrecí mi opinión sobre el personaje histórico de Mariana Grajales -1808 ó 15-1893-, fue ante un señor censor del Instituto Cubano de Radio y Televisión -ICRT-, quien me interrogaba para llenar una de aquellas célebres planillas, conocidas como ¨Cuéntame tu vida¨.

Finalizaba la década del sesenta del siglo pasado. Yo aspiraba a una plaza de guionista de radio. Fracasé. Cuando me preguntó sobre el internacionalismo proletario, respondí que yo no estaba a favor de la guerra.

El entrevistador, extrañado, me dijo:

-Entonces, ¿qué piensa usted de nuestra Mariana Grajales, que envió sus hijos a la guerra por la libertad de Cuba?

-Lo peor. –Le respondí- Pienso lo peor de esa mujer.

Y no dije más. Llevo más de 76 años escuchando las mismas alabanzas, los mismos elogios de la madre de los Maceo. Una apología que jamás he podio comprender. La naturaleza, que es tan sabia, ha dotado de amor materno hasta a las gallinas para la defensa de sus polluelos. ¡Cómo se transforman mientras iracundas, protegen a sus hijos del gavilán!

Así una mujer defiende a sus hijos, hasta cuando se convierten en gallos.

Pero la Historia es así. Se puede equivocar, trastocar, adulterar por quienes la escriben, ya sea por ignorancia o conveniencia. Alabar el ejemplo excepcional de conducta humana de Mariana Grajales es algo morboso, a mi entender.

Ante el altar de un Cristo hizo jurar de rodillas a sus hijos morir por la Patria.

Mariana era una campesina pobre, semianalfabeta y con 13 hijos en su existencia. ¿A eso podía deberse su inusual comportamiento como madre? “Y tú, empínate”, le dijo al hijo más pequeño, cuando había perdido a los mayores en la guerra.

¿Conocía ella acaso que mientras el ejército español tenía más de doscientos mil hombres, bien armados y entrenados, los mambises no pasaban de veinte mil efectivos?

En la fallida guerra de 1868 Mariana Grajales perdió a muchos de sus hijos.

Derrotada como madre, terminó en el exilio, sin patria y sin hijos. Por suerte, esta mujer es una excepción de la regla. Por lo general, las madres cubanas no han sido ni son como ella. No se conoce otro caso en la historia de mi país.

Mariana no es un verdadero símbolo de la mujer cubana.

Si Mariana prefirió la patria a sus hijos, una madre verdadera prefiere a los suyos para la vida.

Han pasado más de cincuenta años de aquella estúpida entrevista y la vida me ha dado la razón.

Por suerte, tengo a mis tres hijos en países libres, mientras que Fidel Castro, en su afán por llevar a cabo su ¨destino verdadero¨ -así lo escribió en una carta a Celia Sánchez en junio de 1958: ¨Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande¨-ha dejado al país sin hombres aún en edad laboral.

A más de veinte países envió los hijos de las madres más humildes de Cuba a guerrear. Varios miles murieron. Los demás quedaron inválidos física o mentalmente. A ninguna de esas tantas guerras fue él. Fracasó también en eso el ¨guerrero¨. Los países africanos y latinos americanos donde cayeron cubanos gozan de democracia.

La idea de crear dos, tres Viet Nam para poner de rodillas a los Estados Unidos, quedó como una quimera y su obsesión belicista terminó el 17 de diciembre de 2014, cuando su hermano se dio un beso de amor con el Imperialismo yanqui.

 

 

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