Perdió una pierna luchando contra los “Alzados”, ahora también ha perdido la fe en las ideas por las que combatió

 

VILLA CLARA, Cuba – Corría 1961, y Ramón Cubas Madrigal era entonces un adolescente de 15 años. Residía en Las Aromas, zona rural perteneciente a Manicaragua, provincia de Villa Clara, en una casa de yagua, guano y piso de tierra, junto a sus padres y seis hermanos. Como muchos otros de su edad y con el embullo de la naciente revolución liderada por Fidel Castro, se fue a la guerra. Allí perdió la pierna izquierda a causa de las balas.

“Me uní a la compañía uno, sector uno móvil, bajo las órdenes de Israel Pardo Guerra, que operaba en las montañas del Escambray, en la llamada Lucha contra Bandidos, en la misión ‘Limpia del Escambray’. Todos éramos muy jóvenes, había uno de 14 años. Los fusiles eran prácticamente más grandes que nosotros”, cuenta Ramón mientras junta, con un rastrillo, el carbón vegetal que produce.

Se detiene por unos segundos, se quita el sombrero y limpia el sudor con la manga de la camisa. No le cabe más tizne en el rostro. Su mente regresa más de 50 años atrás y dice: “Eran las cinco de la tarde del 12 de junio de 1961, subíamos un sendero; de pronto una lluvia de balas nos sorprende. Me puse fatal: esta pierna fue impactada por dos balas, estuve varios días en estado de coma. Por muy poco no hago el cuento”.

Ramón afirma que se libró de la muerte pero no de la miseria. Al salir del hospital regresó al seno familiar. Logró un dominio casi perfecto de las muletas que le permitió trabajar en las labores del campo.

Ramón muestra lo que queda de su pierna afectada por las balas (foto del autor)

“El tiempo pasaba y nadie de la lucha contra bandidos se acordaba que yo había perdido la pierna en acciones de guerra, incluso hasta la fecha no me han reconocido como mutilado de guerra”, refiere Cubas.

En busca de mejoras se mudó para la capital municipal, Manicargua. Allí logró que le pusieran una prótesis. También se casó y tuvo dos hijos. Participó como machetero en la zafra de 1970, la de los Diez Millones que jamás fueron.

Y dice con nostalgia: “Corté cañas y me dieron un refrigerador, es decir, el derecho (al equipo), porque tuve que pagarlo; yo vivía del orgullo se ser mutilado de guerra y que había peleado por mi país. A cambio solo recibí una jubilación por incapacidad, que ahora es de 242 pesos (alrededor de diez dólares), y el olvido del gobierno y sus organizaciones”.

Deja el rastrillo a un lado y se sienta en una silla rústica que utiliza de vez en cuando para descansar, se vuele a quitar el sombrero y expresa: “Este país está pata arribas; siempre lo ha estado. Mírame a mí con 70 años haciendo carbón para poder sobrevivir”.

Señala Ramón que fue fundador de Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM). Hace trece años que le pide a esa organización una nueva prótesis pero “no le resuelven nada ni se preocupan por sus necesidades”.

(foto del autor)

Con relación a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), afirma: “Ser combatiente es tener un nombre para formar un grupo. Unos tienen más suerte que otros. En la ACRC existen diferentes clases y yo pertenezco a la de más abajo. A mí solo me visitan para que pague los diez pesos de cotización al año, los cuales decidí no pagar más hace tres años”.

Ramón Cubas Madrigal sólo cuenta con la visita de sus hijos de vez en cuando. Actualmente habita en un cuarto, sin baño, de una escuela cercana a la comunidad rural Palo Bonito, en el municipio de Santo Domingo, que le prestaron a cambio de encender el fogón de leña en las madrugadas.

“Si yo me hubiera imaginado que mi vida iba a ser de esta forma jamás hubiera enfrentado a aquellas personas que en la década de 1960 tuvieron luz larga y trataron de enderezar el curso de la historia de Cuba. Ahora me arrepiento pero ya no hay marcha atrás”, reflexiona Ramón, mientras se apoya en un bastón de marabú y continúa su faena.

(Yoel Espinosa Medrano)

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