Metapintura , un viaje a la idea del arte en el Museo del Prado . Segunda parte

Vánitas. Juan de Valdés Leal. Óleo sobre lienzo, 130 x 99 cm. 1660. Hartford, Ct., Wadsworth Atheneum Museum of Art.

Historia y tradición: Tiziano

Con el Renacimiento arraigó casi definitivamente el concepto de “conciencia artística”; es decir, la idea de que la pintura o la escultura no eran oficios artesanales sino materias artísticas, y como tales, sujetas a reglas y preceptos, y susceptibles de tener su propia historia y originar una tradición.

Tiziano fue punto de referencia de una de esas tradiciones, pues se lo consideró “padre del color” y modelo de retratista cortesano. Dejó una descendencia importante en una Europa en la que las fronteras artísticas eran muy permeables, y el concepto de “escuela nacional” todavía no era preponderante.

Se aprecia en esta sección presidida por su Autorretrato, y que incluye obras de pintores españoles, italianos y flamencos en las que se rinde tributo explícito al gran artista veneciano.

Arte infinito

En las Hilanderas, Palas y Aracne discuten ante un tapiz con el Rapto de Europa de Tiziano, lo que supone incorporar al contenido del cuadro una cita “histórico-artística”.

Cuando Rubens estuvo en Madrid, con más de cincuenta años, copió la obra de Tiziano en un acto de homenaje y competencia. En esa época la fábula de la mortal Aracne compitiendo con la diosa Palas se interpretaba como prueba de que la pintura era un arte liberal, y que como tal podía progresar infinitamente. A esa competencia entre Tiziano y Rubens, y entre Palas y Aracne, se incorpora Velázquez a través de su obra, que también es un homenaje y una emulación.

A su vez, Carducho en su estampa afirma esa capacidad infinita del arte, y Valdés Leal en su vanitas parece burlarse de tanto optimismo.

El rostro del arte

La creciente consideración de pinturas y esculturas como “obras de arte” se tradujo en un progresivo interés por sus autores, los artistas. El resultado es que desde finales del siglo XV abundan sus retratos, realizados por ellos mismos o por sus colegas.

Mediante estas obras se fue creando una memoria de la profesión, y los pintores y escultores fueron incorporándose al catálogo de personajes públicos. Gracias a estas obras no solo se conocen sus rasgos, sino también su situación y sus aspiraciones.

La indumentaria habla por lo general del nivel económico alcanzado, la cercanía a reyes o nobles es elocuente de su estatus social y su éxito profesional, la frente despejada y la mirada inteligente nos dicen que son intelectuales y, en ocasiones, los objetos que les acompañan indican las bases sobre las que se asienta su arte.

Los lugares del arte

Diversas imágenes nos muestran los lugares vinculados con el arte, desde su aprendizaje hasta su exposición. La mayoría son invenciones, escenarios ideales, pero hay alguna obra que reproduce un espacio real.

Dos de las pinturas muestran lugares de aprendizaje, entre los que tuvieron cada vez más importancia las academias protegidas por el poder. Otras dos representan sendos talleres de escultura y pintura, en los que además de al artista se ve al comitente, que juzga y opina. El resto muestran algunos de los destinos de las obras antes de que surgieran los museos: ámbitos muy frecuentemente relacionados con reyes y nobles, en los que las pinturas se acumulaban afirmando el poder y la magnificencia de sus propietarios, y al mismo tiempo, creando un microcosmos.

La historia del arte

Con la Ilustración y el gran desarrollo que alcanzaron las ciencias históricas nació en Europa un concepto moderno de historia del arte, que con frecuencia se articuló en torno al tema de las “escuelas nacionales”. En España el proceso culminó en 1781, cuando Jovellanos, con su Elogio de las bellas artes, escribió la primera historia general, razonada y comprensiva de la pintura española, que aparece vinculada a los conceptos de “verdad” y “naturaleza”. En esos años surgieron varias iniciativas importantes para estudiar, reivindicar y dar a conocer el pasado artístico español, como las estampas de Goya basadas en cuadros de Velázquez, la inclusión de varios artistas en la serie Retratos de españoles ilustres (desde 1791), o varias publicaciones a cargo de importantes intelectuales, como Antonio Ponz o Ceán Bermúdez.

Goya y la crisis de la imagen religiosa

Los grandes cambios que se dieron desde finales del siglo XVIII, en la transición entre el mundo moderno y el contemporáneo, se reflejaron en las actitudes ante la imagen religiosa que tuvieron algunos artistas.

El caso más elocuente fue Goya, que en el dibujo Qué quiere este fantasmón? y en la estampa Esta no lo es menos toma una actitud extraordinariamente distanciada y se pregunta sobre el componente de superstición y temor que había en los usos relacionados con ciertas imágenes.

Por su parte, en Tántalo recupera un tema religioso tradicional, la Piedad, para actualizarlo y reinterpretarlo en clave profana; y en su dibujo No comas, célebre Torrigiano, apela a la memoria del escultor que murió en prisión por la intransigencia de su comitente, que le acusó de haber hecho pedazos una imagen de la Virgen con el Niño.

 Mitos modernos: el amor, la muerte, la fama

Amor, muerte y fama son tres temas interrelacionados que habían estado tradicionalmente presentes en la reflexión sobre las artes, pero que se manifestaron con especial intensidad desde finales de la Edad Moderna.

Con mucha frecuencia el amor –en sus diversas vertientes– se consideraba un impulso inherente tanto a la creación artística como a las propias obras de arte, muchas de las cuales estimulaban ese sentimiento.

Por su parte, la idea de la fama llegó a tener un protagonismo creciente, en paralelo con el auge del interés por la personalidad del artista. Como ocurría respecto al mundo religioso y la santidad, en el mundo artístico la muerte se concebía en ocasiones como antesala de la fama, y al artista como héroe.

Hacia un nuevo artista: entorno afectivo y subjetividad

Durante el siglo XVIII, los “rostros del arte” se diversificaron considerablemente en España. Aparecen con una frecuencia creciente retratos de los artistas y a sus clientes, pero también de sus amigos y a sus familiares, de manera que podemos reconocer, mucho mejor que en cualquier época anterior, el entorno afectivo de los pintores.

Se aprecia en esta sección en el caso de Paret, o en el de Goya, muy aficionado a plasmar la palabra “amigo” en sus retratos. Los mismos artistas, cuando se representan, lo hacen de una forma más variada que anteriormente, introduciendo en ocasiones elementos que nos hablan de su mundo más personal, y que son consecuencia de un intenso ejercicio introspectivo.

Algunas de estas obras, en las que el “yo” invade la esfera del arte, anuncian la llegada de una nueva era en la relación entre los artistas y su arte.

El final de este viaje

En los años en los que Goya creaba algunas de las obras de la sección anterior, se inauguró el Museo del Prado. Fue en 1819, y el hecho se relaciona con el impulso que se dio tras la Revolución Francesa a la creación de estas instituciones.

Este museo, ubicado en uno de los hitos arquitectónicos de la ciudad, suponía la definitiva entronización del “arte” como materia altamente merecedora del interés público, y capaz de excitar el orgullo colectivo.

En su fachada, unos medallones con artistas españoles incorporaban definitivamente a este tipo de profesionales en el parnaso nacional. Con su carácter de “templo de las artes”, su acceso público y su vocación pedagógica, el museo marcará un antes y un después en la relación entre la sociedad y el arte.

Publicación

La publicación que acompaña la exposición “Metapintura. Un viaje a la idea del arte”, recoge y estudia el material visual vinculado al arte en España, a través del cual sus autores han realizado una reflexión explícita sobre sí mismos, sus inquietudes, las reglas que rigen su arte, los usos vinculados a su actividad, o la «vida» de las imágenes.

Un «imaginario» extraordinariamente rico y variado, cuyo análisis es el objeto último de esta publicación, en la que se busca identificar los principales relatos, imágenes y tópicos a través de los cuales se ha articulado la relación entre las personas y el «arte» en España desde los inicios del Renacimiento hasta la creación del Museo del Prado en 1819. De ahí que, siendo las propias obras materia fundamental de este ensayo, no sean la única. Las obras de teatro, las novelas, los libros de devoción, las historias locales, los tratados o incluso la literatura popular proporcionan información acerca de los principales personajes, ideas y tópicos que sirvieron para expresar en qué términos se estableció la relación con las imágenes y con el concepto de arte.

El texto está escrito por Javier Portús, jefe del Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado.

Actividades relacionadas con la exposición

El Museo del Prado ha organizado un programa específico de actividades en torno a la muestra para facilitar al público su recorrido por la sala. Además del habitual ciclo de conferencias, que comienza el 16 de noviembre a las 18.30h con una conferencia de Javier Portús, comisario de la muestra, se han programado Claves, charlas didácticas sobre la exposición que facilitan al público la visita autónoma a la misma, proporcionándole las claves esenciales para apreciar y comprender mejor las obras que forman parte de la muestra.

Metapintura , un viaje  a la idea del arte. Del 15 de noviembre de 2016 al 19 febrero de 2017. Museo del Prado.  Salas A y B. Edificio Jerónimos Comisario: Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado.

Deseo dar mis más sinceras gracias al Gabinete de Prensa del Museo Nacional del Prado, por haberme proporcionado la valiosa documentación, gracias a la cual he podido publicar esta crónica.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.