En verdad que no se donde están ahora aquellos mejicanos, con los compañones muy bien puestos que incluso, aún a sabiendas que el clero del lugar tragaba con más de la mitad del dinero de lo vendido, sin miedo alguno a las represalias posteriores del obispado por solidaridad de grupo intocable, pagaron lo estipulado y se quedaron con las grandes haciendas que tenían bajo su propiedad los Jesuitas desde Guanajuato, radial a cualquier lugar de los treinta y un estados, más el distrito federal, de un México, desgraciadamente unido, estado por estado, en llevar palos en las ruedas del giro de hacerse respetar por sus vecinos del norte por situar un cardinal.

Suponiendo que sea verdad que viven en el país ciento veinte millones de mexicanos y no sean muchos más, la cifra es lo suficiente de poderosa como para que el vecino del norte, el de la “tortilla francesa” en la cabeza, entienda que no son una pelufa caña como si los mexicanos fueran colillas residuales puestas en un cenicero.

Es triste, para los que nos expresamos en español, que el país que más hispanoparlantes tiene, sea tratado por Usa y por España de la manera que es tratado, sin que ni España ni los Usas se limpien antes las caries de sus dientes para hablar de México.

Con los dos últimos reyes de la llamada Casa de Austria, Felipe IV y Carlos II, comenzó la caída en picado de México, que lo pudieron remontar y bien remontado los Gálvez malagueños de la localidad de Macharaviaya, con un criterio mayor y más completo a como después lo hiciera el conde de Revillagigedo. Y cuando se habla de remontada no se está mencionando solo los privilegios de que los grandes mineros, los grandes dueños de la minas de Zacatecas o Guanajuato, que adquirían el derecho a ser declarados nobles y no podían ser detenidos y presos por asuntos de deudas, una ley que se aplicó con holganza en esta España de leyes pero aplicando solo las leyendas, donde triunfaron, y lo siguen haciendo, con sobresaliente los granujas.

Desde el río Bravo a Magallanes que debería de ser la gran América unida y laica, con recursos suficientes para que su gente tuviese cultura suficiente para demandar respeto, por el contrario es una América en más de la mitad de su territorio en propiedad del clero regular y el secular, sin esperanza alguna de que políticamente se los puedan ya quitar de encima, y los tenga infectados de leyendas, de incultura, al mejor estilo español.

Con ciento veinte millones de habitantes y que alguien tenga la osadía, los Usa, de faltarte al respeto como gente y nación, ya tiene que estar bien atado todo para permitirte una chulería semejante. Y se echa mucho de menos los cojones que tuvieron en otro tiempo los mexicanos Fagoaga, los Otero, los Sardenetas y otros muchos que ahora está desaparecidos, que aún sabiendo que el papado estaba detrás de quedarse con todos los bienes de los jesuitas y hacer la venta solo de los que le venía bien, hicieron valer que aquella era su tierra, en un tiempo cuando el capital también era, y no como ahora, mexicano.

Hacer un muro y que lo paguen los mejicanos. Hacer un corral y meterlos todos juntos porque son mala gente los mejicanos. Y España y toda la América de habla española, como borregos, se quedan en silencio, unen las cabezas como hace el ganado en la siesta y dejan el culo al aire y libre para lo que haga menester. Y, así, un siglo y el siguiente, esperando que el “patrón” del norte no los castigue y los deje sin hamburguesas y sin aros de cebolla; que no los deje sin sus películas de Rambos y sus “ventajas” de ser más que un aliado un amigo redentor para comprar al mejor precio sus productos.

La triste realidad actual supera las injusticias de cualquier tiempo pasado cuando se le prohibía a México y a los demás territorios bajo el confuso trapo español, que progresaran y se ganaran la vida honestamente. Todo, en la actualidad es tan sumamente increíble como que países tan sumamente poderosos en recursos como son los que se extienden desde el Rio Bravo del Norte hasta la Patagonia, el milagro verdadero sea, no ya que la gente coma una comida al día, sino que la coman sin que se la tiren desde lo alto de la tabla de la mesa y la tengan que recoger del suelo, tal y como hace el eje franco-alemán con la “poderosa” España en Europa, y todos los españoles contentos.

Una unión de países, algo que ponga las cosas en su sitio, en el que a cada cual le corresponde de respeto y dignidad, pasa por parámetros totalmente diferentes a como se están encarando las injerencias no ya de los poderosos Usas con los poderosos en recursos suramericanos y centro americanos, sino que España, con muchos más remiendos que cuando los dos últimos reyes de la Casa de Austria, con mucha más superstición que con Fernando VII, se permite el lujo de comprarse un pito para pitar fuera de tiesto.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

2 COMENTARIOS

  1. M E J I C O
    Mientras que tenga vida,
    vida y memoria,
    diré que allá en Méjico
    hubo una historia,
    una historia de puños,
    brazos en alto,
    y cantos que fueron canto
    de un nuevo canto
    para la lengua libre
    republicana,
    de las que nunca callan
    ni encadenadas.

    Fueron con los fusiles
    que les dejaron:
    un gran amor libertario
    con un corazón partido
    por dos mitades.
    Pero hicieron la patria,
    la patria vieja,
    en aquel nuevo suelo,
    el del Encuentro,
    de países unidos,
    sin más distancia
    que la de un oceano,
    que sin jactancia,
    dice tener dos manos
    en cada orilla,
    y ser solo el troco
    de una Castilla,
    que, mientras tenga vida,
    vida y memoria,
    hablará de Méjico
    si habla de historia.

    De una historia callada,
    republicana,
    hecha por hombres libres
    que en esa España,
    que al igual que el Azteca
    fueron ejemplo
    del que no necesita,
    no le hace falta,
    más allá de la idea
    que hace la patria.

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