Migajas tras el Congreso en Cuba

Es un robo bien descarado venderle al pueblo los productos de primera necesidad a tan elevados precios, sea en divisas o en pesos cubanos, lo mismo antes que después de la rebaja

 

Por Osmel Ramírez Álvarez

Este 22 de abril amaneció con una noticia halagüeña: un grupo de productos de primera necesidad serán rebajados de precio, con una disminución del 20 por ciento aproximadamente. El número pudiese considerarse altamente significativo en cualquier país normal y fuera motivo de fiesta nacional. Pero en la Cuba amorfa y disfuncional todo es diferente y les aseguro que no es nada verdaderamente importante. Ahora les explico mi aseveración

Dos problemas de fondo son los responsables de mi afirmación.

Primero: los precios anteriores eran tan elevados con relación al ingreso de los trabajadores estatales y pensionados (que son el grueso de la población), al punto que una pequeña rebaja no mejora en verdad su capacidad de compra. Un trabajador que gana 15 pesos en ocho horas tenía gran dificultad para comprar un litro de aceite en 60 pesos (2.40 cuc). Ahora tendrá igualmente dificultad para comprarlo en 47.75 pesos. Aún necesita trabajar varios días para comprarlo o robar algo al Estado, desviar recursos o inventar un negocito en su horario de descanso. Lo mismo con el pollo, el chícharo u otro producto de los seleccionados.

Segundo: la inestabilidad en el abastecimiento es crítica y hace en la práctica casi imposible que la población más necesitada acceda a ellos. Si fueran capaces de mantener siempre el suministro uno iba el día que logre reunir el dinero y compraba esos alimentos necesarios, que son carísimos con rebaja o sin rebaja. Pero vas mil veces y no hay lo que buscas. Sacan dos o tres cosas un ratico y solo los revendedores tienen tiempo para velarle “la caída”, como se dice aquí. Lo acaparan todo, casi siempre en complicidad con los dependientes que ganan poco y necesitan el soborno. Luego van por la calle en bicitaxis o carretones vendiendo a sobreprecio.

Así que no hay tal alivio. No es posible en un mercado interno anómalo. Para ilustrarlo mejor con un ejemplo personal: hace unos días, en la carnicería donde me toca comprar llegaron los huevos liberados a 1.10 pesos la unidad. Es el alimento proteico más barato que se puede consumir. Aun así un obrero medio debe trabajar casi una hora en una fábrica o dando pico y pala en la construcción para poder comprar un huevo. Una rastra repartía las cajas llenas de cartones con huevos. La carga que dejaron en el pequeño establecimiento era tan grande que no cabía dentro y dejaron más de la mitad afuera. Más de 10 mil huevos. Así fue en más de ocho carnicerías del pueblo.

Foto: Caridad

Eso fue a las 10:30 am. Fui a las 11:00 y no estaban vendiendo porque no había despachador; los cuidaba un vecino que “ayuda desinteresadamente”. Dijeron que a las 2:40 PM comenzaban la venta, porque era el horario de abrir por la tarde. Fui a las 3:30, confiado por la cantidad que vi almacenada, increíblemente ya no había. Todo se vendió por grandes cantidades. Entre los revendedores y los fabricantes de dulces acaparan todos los huevos en pocos minutos. También los despachadores se benefician más de los comerciantes que de los clientes normales. Resultado, al rato los pagué frente a mi casa revendidos a 1.50.

Así pasa con todo. Como no hay garantías de estabilidad prolifera la especulación. Como sacan algo y al ratico no hay o dura solo unos pocos días en dependencia del producto, se puede invertir con confianza en acaparar. El pueblo es quien más sufre: a los precios altísimos se le añade otro incremento.

Podemos asegurar que estas minúsculas rebajas de precios no estén respaldadas por un incremento productivo o por una mayor compra por las empresas de los productos involucrados. Se efectuará con toda seguridad sobre los montos habitualmente comercializados, los cuales se escasearán aún más.

Es un robo bien descarado venderle al pueblo los productos de primera necesidad a tan elevados precios, sea en divisas o en pesos cubanos, lo mismo antes que después de la rebaja. Pero es mucho peor todavía la ineficacia de este gobierno, incluso para robarle el dinero al pueblo. Si son tan pingues las ganancias se supondría que siempre tuvieran las ventas abarrotadas para aprovecharse. Pero no, a intervalos frecuentes se desaparece todo, debido a los males endémicos de la planificación y la centralización de la gestión económica.

El pueblo despertó este 22 de abril con un poquito de alegría. Estas cosas emocionan, no cabe dudas. Los cubanos invertimos más del triple que cualquier otro pueblo del mundo en alimentos básicos, y aun así no comemos lo que queremos, más bien comemos mal. Es lógico que la gente se alegre de cualquier posible mejora, luego de la decepción por un Congreso fallido para el cambio que necesitamos.

Lástima que la triste realidad en muy pocos días demuestre que aun continúan siendo precios difíciles de pagar y en muy pocas ocasiones tendremos la suerte de toparnos con ellos en los puntos de ventas. El susodicho ahorro quedará en manos de los pacientes especuladores que cazarán la ocasión, porque el hombre que trabaja no tiene tiempo para eso. El incremento del poder adquisitivo del peso cubano: otra ficción propagandística. ¡Nada, simples gajes del sistema que pretenden eternizar!