Miremos el bosque y no sólo el árbol

Todos nuestros problemas nacen cuando decidimos inventar nuestros países

A ver si se entiende el separatismo indigenista y los problemas fabricados con estados vecinos. Todos nuestros problemas nacen cuando decidimos inventar nuestros países.

Hasta que se inició nuestra secesión de España y con la posterior balcanización de nuestros reinos en nuevos estados entre 1810 y 1824 en la batalla de Ayacucho, nosotros éramos un solo país desde la Patagonia hasta más allá del actual México, llegábamos hasta Nevada, Texas, California y la Florida y al oeste llegábamos hasta Filipinas con la misma moneda, el Real de a 8 que era la única moneda global, lo que produjo que las economías de India y China fuesen complementarias con la de Hispanoamérica entre los siglos XVI y XVIII.

Tan fuerte era nuestra moneda que era la única aceptada en Asia y circuló en ella más allá de nuestras independencias y fue la base del yuan chino y del dólar norteamericano.

Entre los primeros cuatro meses de 1825, los nuevos estados americanos firmaron un Tratado de comercio y navegación con Inglaterra, que comenzaba: “entre el gobierno de S.M.B y las Provincias Unidas y sus habitantes”. Es decir entre un gobierno firme, el de su majestad británica y una tierra con gente arriba, nunca se refieren a nuestros gobiernos como entidades legítimamente independientes y eso que ellos provocaron las seudoindependencias y trajeron en fragatas a nuestros seudolibertadores.

Luego de ese período de gestación de países, perdimos el mercado de Asia, que se lo quedaron los ingleses y fabricamos nuevas monedas que no han parado de depreciarse en estos dos siglos, resultado de habernos dividido en estados sin posibilidades ni destino propio. Pasamos de ser parte del imperio más grande del mundo, a ser colonias encubiertas de la banca de Inglaterra. Y para entretenernos, nos fabricaron conflictos entre nosotros, donde siempre dirimía la corona inglesa.

Nos hicieron pelear con España, bajo el pretexto de ser supuestamente sometidos para dividir nuestra grandeza. A Perú y Bolivia contra Chile por el salitre, a Bolivia con Paraguay por las disputas entre la Standard Petroleum y la Shell. A nosotros, a España, a Venezuela y a Guatemala, nos mantienen pedazos de nuestro territorio ocupados por fuerzas británicas y a pesar de eso, mantenemos desunidas nuestras fuerzas ante un país mucho más pequeño que la totalidad de la hispanidad.

Incluso hubo una guerra entre Honduras y El Salvador tras un partido de fútbol, cosa impensable cuando éramos la mayor potencia terrestre.

Y así ad infinitum, podemos ver los separatismos catalanes y vascos, que buscan destruir a la misma península. Y teniendo la misma lengua, origen y religión, nos seguimos pelando como chicos de colegio y careciendo de relevancia en el concierto mundial, pues nos dominan de a uno y en fila. Abandonamos nuestra identidad y nuestro mandato histórico de llevar la civilización cristiana al mundo.
Entonces, repito, ¿es mejor estar unidos o separados?

Hispanista revivido.