Miserias del emigrante español en el siglo XXI

3 horas de cola tuvieron que hacer los franceses para votar en Montral, Canadá

La emigración de españoles y franceses: la noche y el día.

Los franceses en el extranjero son casi tan numerosos como los españoles. Por su número constituyen una comunidad a tener en cuenta en ambos países; sin embargo la diferencia en el tratamiento a sus emigrantes entre ambos Estados europeos es abismal: mientras que en uno se les respeta y considera, en el otro se les ningunea.

Actualmente viven 2.300.000 franceses fuera del territorio nacional (el equivalente a la Región Bouche-du-Rhone). Por el lado español, el número de personas con nacionalidad española que residen en el extranjero alcanzó los 2.406.611 el 1 de enero de 2017. Esta cifra equivale a la población de Valencia; o sea que los españoles en el exterior pueden ser considerados como la tercera provincia de España, según la expresión acuñada por Ángel Capellán Gonzalo, el Consejero a la Ciudadanía Exterior por los Estados Unidos.

Podría esperarse que este capital humano, que contribuye a la riqueza nacional en cantidades nada insignificantes (6 mil millones de euros de remesas en 2012), gozara de una representación política en las Corte o en el Senado, tal como ocurre en Francia, pero no es así.

Casos y cosas

Hasta el mes de julio del año 2008 los franceses en el Exterior estaban representados con 12 senadores. La Cámara Alta francesa, tiene un papel importante en la vida democrática en el país galo, pues es la encargada de supervisar y dar el visto bueno a las leyes aprobadas por el Parlamento. El voto de los 12 representantes se negocia a la hora de crear alianzas, lo que significa que los mismos pueden impulsar leyes que favorecen a ese colectivo, considerado como una parte integrante de la comunidad nacional. No contentos con esto, desde el 2012 los franceses que viven fuera de Francia disponen, como el resto de sus compatriotas de una doble representación parlamentaria, en el Senado y en el Parlamento. Como resultado de las elecciones legislativas de ese año, 11 diputados los representan en el Parlamento. En total, la comunidad francesa dispone de 23 representantes, a través de los cuales son canalizados sus variopintos intereses en la Metrópoli.

Otra instancia de importancia capital es la Asamblea de los Franceses en el Extranjero (AFE), compuesta por 90 personas, elegidas por entre los 443 consejeros consulares. El  Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, sería el equivalente español, una versión pasada por agua de las competencias que tiene esta Asamblea, que recordemos se encuentra representada en ambas Cámaras.

Si en España existieran órganos parecidos podríamos darnos más que por satisfechos; pero la verdad es que la situación de los españoles en el exterior interesa poco a los partidos políticos tradicionales. Así pues, contrariamente a Francia, los españoles en el exterior carecen de representantes en el Senado y en las Cortes. Lo cual no deja de llamar la atención, pues el espectro político español ha sido dominado largos años por la izquierda. La misma que favoreció una reforma electoral vergonzosa, que en 2011 introdujo el llamado ‘voto rogado’, cuya primera consecuencia ha sido la de laminar la participación ciudadana en la vida política. En las pasadas elecciones presidenciales casi la mitad de los franceses inscritos en las 11 circunscripciones en el extranjero pudo ejercer su derecho al voto, mientras que en las pasadas Generales, ¡el voto de los españoles residentes en el extranjero no llegó al 4%! Analizaremos en otro momento las razones de esta aparente apatía de los residentes fuera de España.

¿Cómo se organizan?

Estos españoles deben contentarse con un  Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, creado al amparo del artículo 10 de la Ley 40/2006, de 14 de diciembre, del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior. Se trata de un órgano colegiado de carácter consultivo y asesor, sin vida propia, pues está adscrito al Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a través de la Dirección General de Migraciones, cuya finalidad es la de garantizar la efectividad del derecho de los españoles residentes en el exterior a participar en los asuntos que les conciernen y promover la colaboración de las Administraciones públicas en materia de atención a la ciudadanía española en el exterior y personas retornadas.

El escalón siguiente del edificio lo constituyen los Consejos de residentes españoles en el Exterior (CREs), radicados en los diferentes países, y que cada cuatro años eligen los 43 Consejeros que forman el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, con la distribución que determine el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, de forma proporcional al número de españoles inscritos en el Censo Electoral de Residentes Ausentes de cada país, según los últimos datos publicados en Internet por la Oficina del Censo Electoral.

Los CREs tienen las funciones de asesorar al jefe de la Oficina Consular, encauzando hacia ésta el sentir y preocupación de la comunidad española, proponiendo medidas que puedan contribuir a mejorar la atención a ella y constituyendo un cauce abierto para que los españoles en el exterior puedan conocer las medidas de las administraciones públicas españolas que les afecten o exponer sus problemas.

Si bien desde hace años se intenta dar una mayor representación y derechos a los españoles residentes en el extranjero, ninguna de estas iniciativas ha prosperado hasta el momento. La reforma de la ley electoral está en camino, y deberá ser debatida próximamente en las Cortes, sin embargo, la creación de una (o varias) circunscripciones en el exterior fue rechazada en el 2016, y por el momento ninguna formación política se plantea atacar de frente este problema.

Durante el V pleno del sexto mandato de Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, Idelfonso de la Campa, que sustituye a Aurelio Miras Portugal en ese cargo, declaró ser consciente de todos los problemas y reivindicaciones de los expatriados: “sus inquietudes en cuestiones de participación y representación política, como la creación de una circunscripción electoral exterior o la reforma de la LOREG” pero no propuso ninguna línea de acción en ese sentido. Por su parte, en una reciente entrevista, Ramón Moreno, el flamante Secretario ejecutivo del Partido Popular en el exterior, considera el problema de la circunscripción exterior como un problema entre tantos, desconsiderando su importancia crucial para la vida democrática española: “Creo que es una idea más que hay que tener encima de la mesa para mejorar la participación de la ciudadanía española a la hora de votar (…) hay que tener en cuenta que para lograrlo se debería hacer una modificación constitucional y eso ya son palabras mayores.”

Nada, que España sigue siendo diferente, pero por desgracia no en el buen sentido.

Hispanista revivido.