Aunque Juan Carlos Monedero Fernández nació en Madrid, no se le nota; y es un español del universo de habla española allí y donde geográficamente se encuentre, y por él apuesta y trabaja desde una ciencia social y política que abunda en descarada ausencia de la inmensa mayoría de los políticos dirigentes españoles que, por regla general, a lo que suelen llegar con presteza y diligencia a decirte si las gambas son de Huelva, o son de mares cálidos tropicales.

Monedero es un intelectual que le da mucho miedo al bipartidismo español, Pepe, Peseo, y al sindicalismo enterrado vivo y coleando, porque a tres manos desvalijaron España entera, y ahora tienen miedo de que alguien, sin hacer el paripé, pueda hacer que todo lo robado se devuelva y lo que falte lo paguen muchos en cárcel.

Desde luego que tiene que ser difícil poder mantener una charla al nivel de equidad de Monedero en los escalones que llaman de altura de la política española, pues por lo que se ve y se oye de las boquicas de piñón y oído de cualquier sabio místico del conservadurismo patrio y progresista, en lo primerico que uno piensa uno es en si habrá o no papel higiénico en el retrete, porque de Castelar aquí, del Cardinal Cisneros hasta aquí, se repite lo mismo; y cuando ellos se cansan de hablar mandan a algunos sociatas “proguecistas” que son eficadísimos en el desvalijo patrio jugando al dominó con el pueblo mientras tienen el yate atracado en Tánger.

Monedero trabucó las cifras enteras finales de aquel año del treinta y seis, y el duende le abrió el portillo de la vida en el sesenta y tres del siglo pasado; pero aunque naciera fuera y lejos del año señalado para todo el destino universal de lo español, a Juan Carlos Monedero (no confundir con otro Juan Carlos, por eso hemos repetido apellido) lo estudiaran como uno de los muy pocos políticos españoles que saben leer y escribir y lo practica, y lo lleva a cabo, no porque la veintena de libros que lleva escritos lo acreditan, sino porque se pone delante de la gente y expone sus razonamientos con tanta lógica, que sus enemigos, los comemieldas del sistema, sepan o no de lo que va el asunto, siempre suelen decir lo mismos: “Será hijoputa”. Y de ahí no los sacas.

El encanto de Juan Carlos Monedero, un madrileño que ejerce de español raro, porque antes de hablar sabe de lo que está hablando, radica en que está tan vivo y tiene tan frescas los asuntos en una cabeza bien colocada, que despierta, casi como lo que despierta el rayo: admiración y miedo.

Admiración a los que sabemos que de su orden natural nunca podrán nacer decretos antinaturales y contrarios al equilibrio necesario para vivir en justicia y equidad. Y miedo en el cazurrismo español, puede que con más poder que nunca, y que en su proceso ascendente, casi imparable que lleva de volver a la España por cuyas calles discurran abiertamente los alcantarillados y nadie sienta olor, sino por el contrario se recree en tales arroyos de inmundicias: cloacas abiertas al cielo azul, se necesitan personas de la talla de Monedero para detenerlos y meterlos en prisión a muchos.

Hasta la fecha que está corriendo de un abuso constante de mentiras, supercherías, genocidios, miserias a capazos, amores patrios que se traducen en la realidad en robos de millones y millones con impunidad, ante un sistema particular y muy privado español de entender el poder, de considerar al pueblo como un grupo a esquilmar y utilizar cuando haga falta, la presencia de gente honesta como Monedero asusta al estamento del ordena, hago lo que me da la gana, me aplauden y mando.

A Juan Carlos Monedero le tienen un miedo atroz la pandilla que controla en España y mantienen bajo las alfombras la porquería que reflejaría el robo mil millonario de desvalijar impunemente una nación, y quedarse con un patrimonio más que increíble de millones de euros para sus bolsas, mientras reparten para devociones y clérigos todos los años una buena tajada que los mantiene protegidos de que sean encarcelados y obligar a devolver todo lo que robaron cuando desvalijaron el Instituto Nacional de Industria, con todo tipo de empresas de titularidad española, pero ellos las privatizaron para sus patrimonios particulares, y hasta hoy, no han devuelto ni un euro y hasta los han condecorado.

Juan Carlos Monedero representa algo que la mitad monje mitad corrupto en lo que se ha convertido el particular sistema español, mientras el pueblo no alcance conciencia y reflexione y proceda en consecuencia, por el momento está resultando muy fácil e incluso irrisorio evitar que el pueblo español reaccione y exija, simplemente que aquello que se le ha robado se le devuelva y paguen su delito en cárcel los ladrones.

Una campaña muy bien orquestado, con un punto de partida favorable de que España lleva bastantes años sin responder nada más que a la llamada de los colores del futbol y demás “tradiciones”. Pero no se sabe de ninguna persona honrada española que le de miedo Monedero.

Salvo los padres y madres patrios redentores. Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

2 COMENTARIOS

  1. Charlatán, querrá decir, por intelectual tiene nada. Basta ver lo ‘bien’ que asesoró a Venezuela. Palabrería no le falta, eso es cierto, como a todos los estafadores, son charlatanes como usted, Sr. Palmis.

  2. REALIDAD AMERICANA
    Muerde y desgarra,
    no suelta el bocado,
    vapulea, destroza,
    parece como una bestia
    inmensa,
    como un perro hambriento
    rabioso
    que cuando suelta por un segundo
    la presa
    para seguir mordiendo,
    ordena exigiendo
    ¡Aplaudid, aplaudid!
    todo es por vuestro bien,
    todo democrático,
    justo, sano
    muy bueno y cristiano.

    Yo soy el presente
    y el futuro,
    sin mi nada existe
    más allá de lo que ya
    ha pasado.

    Y se ríe
    mientras muerde
    desgarra y aniquila
    de San Martín,
    Santander, Bolívar,
    Sucre, Sandino,
    Fidel,
    Che Guevara,
    Chávez, Céspedes,
    Zapata, Pancho Villa,
    Morelos, Maceo,
    y a carcajadas
    de los millones de hombres
    y de mujeres
    sacrificados con su muerte
    para nada.

    Destroza entera
    el gringo
    a todo el resto de una América
    boba,
    que por separado,
    aplauden los unos,
    vitorean los otros,
    guarda silencio la mayoría,
    mientras los del norte los destrozan.

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