Sepultura de mis abuelos y mis padres en Camajuaní, mayo 2016.
Sepultura de mis abuelos y mis padres en Camajuaní, mayo 2016.

París, 13 de mayo de 2016.

Estimada Doña Aida Chávez López:

Tengo ante mí tres fotos tomadas por su hijo Reemberto, de la sepultura donde reposan los restos de mis abuelos maternos Claudio Valdés Yera (+ 1953)  y Aurelia Ríos (1976), así como los de mis padres Ofelia Valdés Ríos (+1988) y Amado Hernández Padrón (+ 2004).

Mis abuelos tuvieron doce hijos a inicios del siglo XX en Camajuaní. Ellos vivieron hasta que fueron llamados por el Señor, en nuestro querido pueblo, Santa Clara, Caibarién y en La Habana.

Recuerdo cuando al fallecer mi abuelo en 1953, mi madre se encargó de la  construcción de la modesta sepultura, con azulejos grises, fileteada de negro y con una banda estrecha de tierra al centro, donde ella  sembraba flores.

Cada fin de semana, cuando yo la acompañaba a limpiar y florecer la sepultura, encontrábamos al bueno de Don Salustiano construyendo su panteón a la entrada del cementerio. La de mi abuelo se encuentra a su derecha, a sólo algunos metros de distancia.

Al fallecer mi abuela hubo que romper los azulejos y ya no había los mismos, por lo cual apareció una fea tapia de azulejos marrones y rosados, los únicos disponibles en aquel momento.

Alguien robó la jardinera de mi abuela y posteriormente la dedicada a mi madre, alguien rompió la urna de cristal situada bajo la cruz, alguien robó la imagen de la Virgen de la Caridad que mi madre había colocado en ella, alguien arrancó y robó los azulejos negros que fileteaban la “cabecera” de la sepultura. ¡Qué Dios los perdone!

Aún no han robado la jardinera de mármol gris dedicada a mi abuelo, donde usted tan amablemente colocó las flores.

Mi madre fue llamada por el Señor en 1988 y mi padre en 2004. Ambos vivían en La Habana. Fueron sepultados en el Cementerio de Colón y posteriormente sus restos trasladados a esa sepultura del Cementerio de Camajuaní.

El dolor que se siente cuando estando lejos físicamente de nuestros padres, nos enteramos de que están muy enfermos y nos es imposible estar junto a ellos en esos momentos.  El dolor que uno experimenta cuando nos hacen saber que Dios los ha llamado y no tenemos la posibilidad de estar allá en nuestra querida Cuba, para acompañarlos hasta la última morada. La magnitud de ese dolor tan profundo, estimo que  sólo la pueden conocer los que hemos pasado por las mismas situaciones.

Pasan los años y a cada Día del Padre, Día de la Madre, fechas de sus cumpleaños y de sus fallecimientos, uno sólo puede rezar por sus Almas, encender una vela y poner unas flores en su hogar dedicadas a ellos. A veces les escribo cartas, prometiéndoles que si algún día pudiera volver a mi Patria, a mi terruño camajuanense, iría a rezar y colocar un ramo de flores sobre  su sepultura.

Doña Aida,  este año, una de mis Cartas a Ofelia, fue leída por su hija Maribel Rodríguez Chávez. Ella, muy amablemente me escribió por Facebook y me pidió que le explicara dónde se encontraba la sepultura de mis padres, para mandárselo a decir a usted a Camajuaní y pedirle que le pusiera unas flores.

Usted no sólo encontró la sepultura, sino que también le puso flores y su hijo Reemberto sacó las tres fotos que me envió por medio de Maribel. Esta última me escribió que usted pondría de nuevo algunas flores sobre la sepultura de mis abuelos y mis padres, a cada visita suya al Cementerio de Camajuaní.

Le envié las fotos y los recados de Maribel a mi hermano Juan Alberto a Italia, donde vive con su familia desde hace más de veinte años.

Tanto mi hermano como yo, no encontramos palabras para agradecer tanto a usted como a sus hijos, el gesto tan bello, la gentileza tan extraordinaria,  que han tenido hacia nosotros, sin conocernos personalmente.

Les deseamos de todo corazón que Dios bendiga a su bella familia.

Un gran abrazo desde París y la isla italiana de Ischia,

Juan Alberto & Félix José Hernández Valdés.

 

 

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