La muerte por contaminantes del Mar Menor, está resultando un fabuloso negocio que les va a permitir afianzarse con el poder de la zona todo el tiempo que les de la gana

Tuvo muy mala suerte la naturaleza por hacer surgir una albufera en la Comunidad
Autónoma de Murcia, una Comunidad uniprovincial y sola, porque ninguno de los territorios próximos, y con mucha razón, quisieron incorporarse políticamente a ella, porque las demás tierras limítrofes prefieren que sus gentes vivan bien y en progreso su día a día, y no bajo un fenómeno raro, más que medieval ancestral y primitivo, que denominan, con orgullo en la zona, como sentimiento religioso, capitaneado y dominado por el clero vaticano, que no atiende a más razón que no sea acaparar por acaparar recursos, y que la enseñanza, la sanidad y la justicia se llene de tal sentimiento, y todo lo demás quede relegado a algo que por no ser, no es ni empírico.

Aunque por más de treinta años la Comunidad de Murcia (no Murciana, de Murcia) sea el mayor granero de votos de la tipología de los logrados por Trump, el problema murciano no es político partidario, puesto que, en ese caso, en un periódico de la tipología del Diario de Marina, no vendría a consecuencia hablar de algo meramente local, a disfrutar por la propia inconsciencia de la gente murciana que lo genera.

No, el asunto es que la citada Comunidad es responsable directa, por más de treinta años de encubrimiento y  mentiras, no haciendo absolutamente nada, para que los millones de toneladas de estériles mineros, una verdadera bomba ecológica letal, que están en contacto con el mar Mediterráneo envenenándolo lentamente, que un día anegaron y acabaron con la Bahía de Portman, un magnifico puerto de refugio milenario del Mediterráneo que hubo que borrar de las cartas náuticas, consintiendo la citada Comunidad que se llevara a cabo el mayor desastre ecológico contaminador, probablemente de los mares del mundo entero, gracias a la francesa minera Peñarroya y a la sisa que cogieron en mano negra los mandamases murcianos, todos poseedores del sentimiento religioso señalado.

Como consecuencia del aumento del nivel de aguas del Mediterráneo en razón directa del cambio climático, la gran cantidad de acuíferos que se han activado nuevos y poderosos, que ponen en comunicación las aguas del mar Mediterráneo, que todos los días se cargan de estériles venenosos al lamer la contaminada Bahía de Portman donde duermen su mortífero sueño millones de toneladas letales para el medio ambiente marino, la albufera, conocida como el Mar Menor, que dista de ese ponzoñoso lugar mediterráneo menos de diez kilómetros, en infernal flujo y reflujo el año pasado dijeron sus aguas que estaban muertas, y empezaron a comportarse como un cadáver en putrefacción.

La muerte por contaminantes del Mar Menor, está resultando un fabuloso negocio que, aunque claramente ha sido causado por los portadores del dicho sentimiento religioso, no solo es que no van a ser penalizados, sino que, por el contrario, les va a permitir afianzarse con el poder de la zona todo el tiempo que les de la gana, que puede ser mucha y por mucho tiempo.

Y tal cosa, si no tuviera el componente de que el Mar Menor ya Muerto, puede hacer de alambique químico que cada día introduzca en el Mediterráneo un veneno que puede ser exterminador de la vida en el citado mar. Es decir, si el destrozo ecológico fuera tan solo local o regional, aplaudido, generado y utilizado en beneficio económico solo de los dueños del sentimiento, como es algo realizado conscientemente, con luz y taquígrafos, no deberían de publicitarse sus consecuencias dañinas por fuera del lugar, para disfrute de sus consentidores y visitantes, atendiendo al popular dicho que palos con gusto, no duelen, y aplicarlo igual al desastre.

El motivo, por desgracia, no es así; y algo obediente a una región que de un modo impertérrito ha presenciado como en sus costas se realizaba el mayor desastre ecológico del Mediterráneo, y como una hermosa albufera mil millonaria en años era envenenada hasta matarla en unos treinta años, a todas luces no está la gente que ha consentido tan horribles actos capacitados ni legitimados para intentar, que no lo están haciendo, darle solución al grave problema que afecta poco a poco desde el Mediterráneo a todos los mares del planeta.

Es necesario que organismos internacionales que velan por el medio ambiente, tomen la rueda del timón de tan horrible crimen medioambiental, y traten de darle solución al problema o mitigarlo sin demora alguna. Y que la Comunidad Autónoma de Murcia, pierda por disposición internacional todas las competencias de todo el puñado de organismos que dicen nacer y vivir para proteger el medio ambiente; porque hay cariños que matan.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

5 COMENTARIOS

  1. DONDE YO CRECÍ
    Donde yo crecí
    no se quería para nada
    el verde oliva verde
    de la guardia del franquismo
    que llamaban civil,
    cuña de hambre contra el hambre,
    cuña de pobreza contra la pobreza.

    Donde yo crecí,
    cuando pasaba el cura
    se hacía un silencio
    roto por un saludo obligatorio,
    falso,
    muy falso,
    porque nadie,
    donde yo crecí,
    deseaba buenos días
    al cura,
    o buenas tardes.

    De las noches del cura
    y de algunas siestas
    en las tardes largas,
    donde yo crecí,
    decían los mayores
    que nada se sabía,
    pero los chiquillos sabíamos
    mucho más
    de lo que en apariencia
    ignorábamos
    sobre las siestas y las noches.

    Donde yo crecí,
    había miedo y había silencio,
    y entre silencio y miedo,
    donde yo crecí
    los mayores me contaron cosas
    que recuerdo
    y las tengo por dentro
    guardadas.

  2. Los niños ni necesitan del “coco” ni necesitan ningún dios. Ellos lo llevan todo dentro. Uno de los grandes problemas es que todos los dioses son muy poderosos, pero dicen sus representantes que son pobres, y por eso piden ayudas económicas.

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