El Costa Mágica anclado en Gibraltar, abril de 2016.
El Costa Mágica anclado en Gibraltar, abril de 2016.

París, 8 de junio de 2016.

Querida Ofelia:

Pasamos todo el sábado 16 de abril navegando por el este del Océano Atlántico a una velocidad media de 18 nudos, desde la Isla de Madeira rumbo a Gibraltar. Amanecimos con el cielo nublado y temperatura de +16°c. y mar poco agitado.

Según explicaron en una interesante conferencia a la cual tuve la oportunidad de asistir: para determinar la posición marítima, al día de hoy se utilizan sistemas modernos de posicionamiento satelital como el GPS, que consiste en una red satelital artificial que envía coordenadas geográficas a los aparatos a bordo. En otros tiempos, los navegantes determinaban su posición en alta mar gracias a sus conocimientos astronómicos y a la existencia de un instrumento llamado Sextante. El mismo permite medir la altura de los astros en el horizonte. Se puede utilizar durante el día, usando como referencia astral el sol y de noche, fijándose en los astros celestiales que iluminan el cielo, incluyendo los planetas. Una vez realizada la medición basta aplicar la formula analítica para recibir nuestra posición.

El Sextante, si bien hoy ha sido substituido por complejos dispositivos modernos, sigue siendo una dotación fundamental en cualquier barco como método para la determinación de la posición geográfica.

Durante todo el día hubo numerosas actividades recreativas en los diversos: salones de baile, bares, restaurantes, piscinas, casino-promoción de las máquinas de slot-, galerías de tiendas, piscinas, áreas deportivas, Spa, etc.

Hubo clases de: gimnasia, de abdominales; de bailes (zumba, tango, merengue, etc.);  torneos  (futbolín, tejas, tennis, anillas, cartas, etc.) y un Super Bingo jackpot de 3000 euros.

Hubo bailes en diferentes salones, amenizados por: el Trío Birdland, el Dúo Los Paraguayos, el Trío Cosatinta, Luca, los Coconuts Band y el DJ Romeo.

En el Teatro Urbino el espectáculo de esa noche consistió en un recital de Vicus,  que posee una voz increíblemente bella y su personalidad es carismática.

Recibimos en el camarote una linda postal enviada por Marie Giambruno- la amable empleada de Costa que nos organizó el viaje-, en la que nos deseaba un maravilloso crucero. Grazie mille carissima Marie!

Me encontré a babor en el puente tres, a la señora de la cual ya te hablé, la que había comprado la botella vodka “souvenir” de Málaga. Estaba sentada en el piso con cara muy seria. Le pregunté si se sentía mal, pero no, solo estaba enfadada debido a la espera de la señora que la acompañaba y había decidido  sentarse en el piso. Me senté junto a ella por solidaridad. Un empleado muy amable, al vernos, nos trajo dos sillas. En eso llegó la amiga. Nuestra conversación derivó haca el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, pues él había anclado en Madeira y en las Canarias antes de lanzarse a lo desconocido. Cuando se me ocurrió decir que el vikingo noruego Erik el Rojo (por ser pelirrojo), había llegado a Groenlandia en el siglo X y se había asentado por un tiempo allí, la señora me dijo:

-¡Desde que nací he oído que el español Colón descubrió América y ahora usted me dice que fue un vikingo noruego!

-Y le digo además que Colón no era español sino genovés – agregué.

-Ah, era italiano- replicó.

-En aquella época Italia como tal no existía, Génova era una República- exclamé.

Al oírnos hablar, se nos acercó un señor de unos ochenta años. Nos dijo que era cubano, que era comunista y había combatido contra el régimen de Batista, pero que cuando vio que lo que hacía Castro no era el verdadero comunismo, decidió irse de Cuba en 1968- tengo la impresión de que demoró mucho en comprenderlo-. Abandonó Miramar, donde había dejado una bella casa (como  un gran % de cubanos, tengo la impresión de que Miramar era un barrio gigantesco), había partido hacia los EE.UU. Había vivido en Miami hasta el 1996, pero como no le gustaba la forma de vivir allí – se demoró de nuevo mucho en darse cuenta-, decidió irse a vivir a Italia, en donde ahora era muy feliz.

Como llegaron mis nietos acompañados de mi esposa, que iban hacia la piscina y de esa forma abandoné a las dos señoras, que tengo que confesar que me cayeron muy bien y me dirigí al señor comunista de Miramar solamente para decirle – Yo vivía en Camajuaní, soy guajiro y nunca he sido comunista, sencillamente no los soporto.

Almorzamos y cenamos en el Ristorante Costa Smeralda.  El menú del día tuvo como base fundamental la cocina de Calabria. Calabria es picante como la guindilla. El mar cálido y brillante y, a pocos kilómetros, la montaña sombría y áspera. Es una región a la que es difícil llegar por tierra y completamente abierta al mar. Dos realidades netas y separadas de una tierra que no conoce matices sino valores absolutos, reflejados en sus gentes reservadas y hospitalarias, capaces de amar profundamente y de odiar visceralmente.

Experiencias que se reflejan también en la tradición culinaria, expresión de muchas influencias y de almas contrastantes.

Los sabores son fuertes e intensos como las emociones que te suscita la guindilla, presente en todos los platos, que al principio te engatusa con su aroma, después te acomete con su fuerza y por último te complace con su armonía.

Probamos la sopa de legumbres con pan tostado y un embutido preparado con las partes grasas del cerdo y la guindilla, spaghetti bucati con pimientos asados y gambas y strascinati con salsa de carne blanca y puerros estofados.

El plato del almuero fue: “Strascinati con salsa de carne blanca y puerros estofados.”

Los Strascinati son una pasta fresca, sin huevo, de forma similar a las orecchiette pero mucho más largos. El nombre deriva de su preparación para la que hay que trascinare (arrastrar) en una artesa de madera la pasta con tres o más dedos, según la dimensión que se quiera obtener. El motivo de esta elaboración es que así la pasta tendrá un lado liso y un lado áspero que absorberá mejor la salsa, o como en este caso, la dulzura de los puerros estofados y la delicadeza de la carne blanca.

Calabria posee la dulzura de una tierra escabrosa. Allí el sol caliente obliga a la cigarra a chirriar y la canícula ralentiza el ritmo de todos los trabajos, que se vuelven más cansados. Se alza el polvo del campo cuando pasa el campesino, mientras los olivos nudosos siguen observando, inmóviles y mudos. El aroma de azahar que viene del naranjal nos embriaga mientras descansamos a la sombra fresca de la casa de labranza y saboreamos los platos de una tradición que propone ingredientes sencillos y acertados contrastes, como en la sopa de cebolla de tropea tostada, un plato simple y sustancioso que nos ofrece el dulzor de un bulbo que no hace llorar, como no sea de alegría al probar este plato.

Ese fue el plato de la cena, la sopa de cebolla tostada. La combinación de la cebolla con la guindilla y el queso cacio cavallo exalta los aromas de esta tierra generosa. La cocción lenta realza el sabor de la cebolla que, mientras se vuelve transparente en el aceite caliente, suda y llena la cocina con su aroma.

Celebramos el Aniversario de Bodas de nuestro hijo y su encantadora esposa Anne-Laure al final de la cena en el Ristorante Costa Smeralda. El amabilísimo maître Carlos Ríos se encargó de traer al fotógrafo, el “cake” y a los camareros que les cantaron alrededor de la mesa.

Mañana te contaré sobre el día que pasamos en Gibraltar.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

 

Deja un comentario