Desabastecimiento en Holguín

Todos, humildes y solventes, padecen el azote de la escasez

LA HABANA, Cuba.- Por muy agitada y dificultosa que sea la vida en La Habana, siempre es un ejercicio de consciencia visitar las provincias del oriente cubano. En Holguín, una de las ciudades más hermosas, limpias y acogedoras de toda la geografía insular, el contraste entre el pujante progreso de algunos y la rural simpleza de numerosas familias, llama poderosamente la atención. Pero todos, humildes y solventes, padecen el azote de la escasez de proteínas.

Holguín ha sido acreditada como una de las provincias de mayor productividad en el sector agrícola; de ahí que en sus puestos de venta todavía puedan comprarse cultivos como malanga, tomate, zanahoria o lechuga a precios mucho más baratos que en los agros capitalinos –el mazo de lechuga cinco pesos, la libra de tomate o de malanga ocho pesos, mientras en La Habana cuestan dos o tres veces más–, con una calidad superior y, por lo general, bien despachados. Pero en lo tocante al “plato fuerte”, la compraventa está totalmente dominada por la carne de cerdo, tan costosa que los clientes deben escoger entre comer viandas, frutas y vegetales, o destinar la casi totalidad del salario a adquirir la también necesaria proteína.

El pollo, comodín nutricional de los cubanos que pueden escapar al ultimátum de “salchichas o croquetas”, no aparece en la red de mercados en divisas de Holguín y, cuando lo hace, es acaparado por individuos que revenden cada cuarto a 40 pesos moneda nacional (1,40 USD). Esta situación es permanente en el reparto de Pueblo Nuevo, ubicado a escasos dos kilómetros del centro de la ciudad. El único mercado regularmente abastecido es “La Placita” pero, tal como se puede apreciar en la foto, la oferta es reducida y cara, tomando en consideración el salario promedio en Cuba (18 USD) y el hecho de que en esta provincia muchas familias intentan ajustarse a su sueldo, sin contar con el producto del “invento” o la “raspadera”, tan común en la capital.

Mercado "La Placita" en la zona de Pueblo Nuevo (Foto: Ana León)

Los especuladores que acaparan y revenden víveres son la pesadilla de una población en su mayoría trabajadora, honesta y muy conformista que debe trazar estrategias para adquirir un alimento tan básico como el huevo. Mientras viajaba en uno de los antiguos buses “Girón” –ahora remodelados y bautizados con el delicado nombre de “Diana” –, Margot, una anciana de 71 años, declaró haberse levantado a las cuatro de la madrugada para acudir al mercado de Garallalde y poder adquirir 14 huevos a precio estatal (1,10 pesos), pues en el mercado negro de Holguín un cartón con 24 huevos cuesta ¡60 pesos! Considérese lo que esta cifra representaría en la chequera de 200 pesos de la señora en cuestión.

Sin embargo, la escasez no se limita a las fuentes de proteína. Las pastas también han desaparecido de las tiendas para abarrotar los puestos de venta clandestinos, donde un paquete de espaguetis puede costar hasta 20 pesos.

Con este panorama como telón de fondo, la mayor parte de las familias que tienen ingresos ligeramente más elevados, recurre a la carne de cerdo como principal aporte de proteínas. El problema es que se trata de una alternativa tan cara como el pollo que se vende “por la izquierda”, pues la libra de carne de cerdo limpia cuesta 40 pesos.

En una ciudad donde no existe un flujo constante de bienes ni dineros, en buena medida porque la iniciativa privada se encuentra aún en ciernes, los polos turísticos de la provincia están bastante alejados del centro urbano y el abastecimiento por parte de la red minorista es limitado y ocupado por los propietarios de restaurantes particulares, no es de extrañar que se agoten en pocos minutos las salchichas, croquetas y hambergues, buenos para meriendas escolares pero no para suplir las necesidades nutricionales de las personas.

Mujer vendiendo a la entrada de su casa (Foto: Ana León)

A lo largo de la carretera del Valle, en Pueblo Nuevo, ambas aceras son flanqueadas por revendedores de alimentos. Ancianos diabéticos venden a 50 pesos la bolsa de leche en polvo descremada que el Estado les ha asignado, para poder comprar la encarecida carne de pollo. Y la lata de carne rusa (de res, molida, muy popular en la época del campo socialista) ha sido revindicada –con un valor de 30 pesos– como una adquisición de lujo, a pesar de su alto contenido de grasas saturadas que aumenta los riesgos de enfermedad coronaria.

Antes de 1959, Holguín era una de las zonas de mayor extensión y sostenibilidad para la crianza de ganado vacuno. Hoy sus mercados comercializan un picadillo de res importado que a simple vista muestra sus impurezas; los quesos y yogurts brillan por su ausencia, y aunque los estantes de algunas tiendas exhiben cajas de cereales también importados… ¿dónde está la leche? Cuando aparece, ¿quién la puede comprar?

A pesar del crecimiento constatable en el sector turístico y de las amplias posibilidades de desarrollo que posee la provincia, la economía doméstica holguinera no supera el menudeo, con el agravante de que la corrupción se halla aún distante de los niveles apreciables en provincias como Matanzas o La Habana. Mal que pese admitirlo, es el comercio ilegal sostenido por delincuentes –comunes y de cuello blanco– lo que facilita la circulación de las finanzas en un país donde todo está cínicamente permitido.

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