Niki de Saint Phalle en el Museo Guggenheim Bilbao

Niki de Saint Phalle

Niki de Saint Phalle.

Bilbao, 28 de mayo de 2015.

Querida Ofelia:

Una completa retrospectiva de la obra de Niki de Saint Phalle, la primera gran artista feminista del siglo XX. La exposición aporta una mirada nueva y profunda a las obras de una artista polifacética y pionera, a través de un recorrido por sus pinturas, esculturas, grabados, performances y cine experimental. La violencia, radicalidad y compromiso social de su obra conviven con el enfoque alegre y colorista de algunas de sus piezas más emblemáticas.

El Museo Guggenheim Bilbao presenta Niki de Saint Phalle, una completa retrospectiva de la obra de Niki de Saint Phalle (Neuilly-sur-Seine, Francia, 1930–San Diego, EE. UU., 2002), figura enmarcada en el Nuevo Realismo internacionalmente célebre por obras como las alegres y poderosas Nanas, las impactantes Pinturas -disparo (Shooting Paintings ) y obras de arte público emblemáticas como el Jardín del Tarot , en la Toscana.

Esta exposición, organizada por el Museo Guggenheim Bilbao y la Réunion des Musées Nationaux–Grand Palais de París, con la participación de la Niki Charitable Art Foundation, constituye la primera gran retrospectiva dedicada a Niki de Saint Phalle en España y ofrece una visión profundamente nueva sobre la artista a través de más de 200 obras y documentos de archivo, muchos de ellos inéditos. Comisarios: Camille Morineau y Álvaro Rodríguez Fominaya. Abierta al público hasta el 11 de junio 2015.

Así quedan fielmente reflejadas las diferentes facetas como pintora, escultora, grabadora, autora de performances y cine experimental de una artista con un universo creativo propio y una visión del mundo pionera, complementadas con proyecciones en las que la propia autora comenta su obra.

A lo largo de 2.000 metros cuadrados de exposición, los visitantes podrán reconocer los grandes ejes y mitos que articulan la carrera de Niki de Saint Phalle, una artista que alcanzó el aplauso y el reconocimiento internacional en vida y que supo captar el interés de los medios de comunicación, como también hiciera Andy Warhol.

En la muestra, organizada cronológica y temáticamente, las piezas abordan temas recurrentes en toda la trayectoria Niki de Saint Phalle, como el poder de lo femenino y el ataque a las convenciones sociales. En sus obras conviven la radicalidad y el fuerte compromiso político y social con el color y con el optimismo de sus mundialmente conocidas Nanas. La retrospectiva revela, por tanto, un mundo paradójico y singular que se inspira en Gaudí, Dubuffet y Pollock.

Niki de Saint Phalle nació y pasó gran parte de su vida en Francia, aunque creció en Estados Unidos, donde eligió quedarse durante la última parte de su carrera. Siempre a caballo entre sus dos patrias, forma parte del panorama artístico de ambos países. Conocida como la única mujer artista del movimiento del Nuevo Realismo en Francia, también se la vincula con los neodadaístas Jasper Johns y Robert Rauschenberg y sus Combines, y es considerada una de las precursora del arte pop, al que dotó de un nuevo punto de vista.

Niki de Saint Phalle es considerada asimismo la primera gran artista feminista del siglo XX. A través de una nueva representación del cuerpo femenino, el erotismo y las grandes figuras míticas, cuestionó los cánones establecidos y reivindicó el poder de la mujer y su papel en la sociedad. Hija, esposa, madre, guerrera, hechicera y diosa son etiquetas de sus célebres Nanas , retratos imaginativos de la propia artista y de otras mujeres coetáneas que reinterpretó a lo largo de toda su trayectoria. Las series de Novias, Alumbramientos y Diosas y, tras las Nanas , las Madres devoradoras , conforman una verdadera mitología femenina, que se completa a través de los textos y declaraciones de la artista y el contenido de sus películas.

El feminismo es uno de los elementos de su lucha contra los convencionalismos y las actitudes rígidas, aunque no el único. Niki de Saint Phalle fue una artista comprometida cuyas obras destilan una fuerte crítica social y política, expresada en numerosas ocasiones a través de la violencia y el caos. A pesar de ser más conocida por la faceta más alegre y colorista de su trabajo representada principalmente a través de las Nanas, todas y cada una de las obras de Niki de Saint Phalle pueden interpretarse desde diferentes puntos de vista y niveles de profundidad, y muestran una clara carga subversiva. Nítido ejemplo de ello son los Disparos (Tirs), performances en las que la artista o personas del público disparan y destrozan pinturas con un rifle. Escandalosas en su momento por la violencia que destilaban y también por ser orquestadas por una mujer, los Disparos se ubican entre las obras fundadoras de la historia de los happenings.

Dirigidos contra una visión tradicional del arte, la religión y la sociedad patriarcal, y contra la situación política que mezclaba la Guerra Fría y la guerra de Argelia en un país, Estados Unidos, donde las armas son legales, los Disparos representan su obra temprana, casi siempre provocada por cuestiones sociales. De hecho, Niki de Saint Phalle fue una de las primeras artistas en abordar la discriminación racial y defender los derechos civiles y la multiculturalidad y en utilizar el arte en su última etapa para despertar la conciencia pública en torno a los devastadores efectos del sida.

Como una nueva muestra de su carácter pionero, Niki de Saint Phalle fue la primera mujer en dejar su impronta en el espacio público a nivel mundial, ya que pronto tuvo la necesidad de dirigirse a todo el mundo, no solo a los visitantes de los museos. La decisión temprana de crear arte público debe interpretarse como una elección política y constituye una parte esencial de su investigación a mediados del siglo XX. Durante toda su carrera se suceden los proyectos arquitectónicos y las esculturas monumentales: fuentes, parques infantiles, jardines esotéricos y casas habitables. El majestuoso Jardín del Tarot es una obra clave que la artista costeó en su totalidad, en parte a través de la creación y venta de un perfume, joyas, grabados y libros de artista.

“Pintar calmaba el caos que agitaba mi alma. Era una manera de apaciguar a esos dragones que han ido apareciendo en toda mi obra”. La exposición comienza en la sala 305, donde se muestran las primeras obras de una joven Niki de Saint Phalle, que elige dedicar su vida al arte y ser autodidacta. En sus numerosos viajes por Europa se sumerge en la escena artística y literaria de París y también se relaciona con frecuencia a los artistas expatriados americanos. En este contexto, a finales de los años 50 ejecuta una serie de pinturas de gran formato que

recogen la influencia tanto de la vieja Europa como del audaz arte americano. Así, la perspectiva amplia y plana de sus grandes pinturas parece inspirarse en el trecento italiano, las rugosas superficies recuerdan a la obra de Jean Fautrier y Jean Dubuffet, sus cielos en blanco y negro rociados de gotas de pintura evocan las salpicaduras de Jackson Pollock y los objetos adheridos a las superficies evocan a los Combines de Jasper Johns y Robert Rauschenberg. Ya desde sus primeras obras, Niki de Saint Phalle refleja una contradicción que será constante a lo largo de su carrera: la convivencia entre la violencia y el caos con lo lúdico y la alegría de vivir.

“Descubrir el arte fue una suerte para mí, porque, a nivel psicológico, tenía todo lo necesario para convertirme en terrorista. En lugar de ello, utilicé las armas para una buena causa: la del arte”. En la sala 306 prosigue la muestra a través de su impactante serie Disparos . Durante casi diez años, entre 1961 y comienzos de la década de 1970, Niki Saint Phalle ejecuta más de 20 sesiones de tiro que combinan performance y Body Art, escultura y pintura, la mayoría de las cuales son grabadas o fotografiadas. Todas siguen un ritual. En la fase de preparación, objetos cuidadosamente elegidos son rellenados con bolsas de pintura de colores, sujetados a una superficie plana y recubiertos con yeso blanco. Una vez en la sesión, la artista, otros participantes o cualquier observador disparan a la pieza, dando lugar a explosiones de color que configuran en vivo la obra de arte. El impacto y la precocidad de estas obras en la historia del arte de la performance —a raíz de la primera Pinturas-disparo, el crítico de arte Pierre Restany propuso a Niki de Saint Phalle unirse al grupo de los Nuevos Realistas— han enmascarado su complejidad. De hecho, estas pinturas tienen múltiples significados, desde el “asesinato” y la crítica social y política, hasta la reivindicación feminista.

“Muy temprano decidí convertirme en heroína. ¿Quién iba a ser? ¿George Sand? ¿Juana de Arco? ¿Una mujer Napoleón?”. La sala 307 recoge una selección final de las Pinturas-disparo y un conjunto de obras diversas que la artista agrupó bajo el título Roles femeninos . Ante la falta de igualdad de oportunidades para la mujer y la ausencia de modelos femeninos con los que identificarse, Niki Saint Phalle decidió a una edad muy temprana “convertirse en heroína”. Impactada por la lectura de El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir y anticipándose unos años a los movimientos en favor de los derechos de la mujer, Niki Saint Phalle fue una precursora a la hora de convertir a la mujer en tema de su arte y abordarlo en toda su complejidad. La autora muestra a las mujeres como víctimas de los límites de su condición femenina y también como heroínas en potencia de un nuevo mundo que aún debía ser creado. Sus ensamblajes, con títulos tan evocadores como Novia, Alumbramiento, Prostituta , Hechicera , Diosa , siguen siendo impactantes por su radicalidad y su ambivalencia.

“El comunismo y el capitalismo han fracasado. Creo que ha llegado el momento de una nueva sociedad matriarcal. ¿Acaso la gente seguiría muriendo de hambre si las mujeres intervinieran? No puedo evitar pensar que las mujeres que dan a luz, que tienen la función de dar vida, podrían construir un mundo en el que yo viviría feliz”. La exposición prosigue en la sala 303 con la incursión de Niki de Saint Phalle en la producción de la serie que denominó Nanas . Realizadas al principio con papeles pegados (papier collé) y lana, y posteriormente con resina, las Nanas eran la extensión natural de la idea de las diosas de la fertilidad y los nacimientos. Según la artista, estas mujeres, que con frecuencia presentaban vientres abultados, tenían su origen en un dibujo que realizó con Larry Rivers de la esposa embarazada de éste, Clarice. Alegres y poderosas a un tiempo, las Nanas son la manifestación de un nuevo mundo en el que las mujeres ostentan el poder. Los cuerpos de las Nanas , generosos y coloridos, pronto se transforman y se abren para convertirse en Casas-Nana, que sugieren una forma diferente de vivir. La primera y mayor de estas Casas-Nana fue Ella (Hon), una escultura temporal gigante en la que el público podía introducirse, creada en 1966 en el Moderna Museet de Estocolmo.

“Para mí, mi escultura representa el mundo de la mujer amplificado, las aspiraciones de grandeza de las mujeres, su papel en el mundo actual, el poder de las mujeres”. Danzarinas o atléticas, grandes —e, incluso, gigantes—, algunas imponentes, otras sexis, las Nanas contienen la esperanza de un nuevo mundo que reconocería a la mujer todos sus derechos. Liberadas de los estereotipos impuestos por la moda, sus cuerpos expresan una feminidad sonriente y sin limitaciones. En palabras de la artista, “Quiero ser superior: tener los privilegios de los hombres y conservar los de la feminidad, mientras continúo llevando hermosos sombreros. Las Nanas han sido reproducidas muchas veces en forma de globos hinchables, serigrafías, joyas y diversas ediciones. Son las guerreras de la batalla feminista que Niki Saint Phalle lideró en el mundo del arte. Muchas de ellas, también son también abanderadas de los derechos civiles, una causa a la que Saint Phalle se unió bastante pronto. “Yo, ¿salvaje? Por fin, ella encontró la respuesta: una mujer en un mundo de hombres es como un negro en un mundo de blancos. Tiene derecho a negarse, a rebelarse. La bandera ensangrentada está en lo alto ”. La colección de Nanas se completa en la terraza del Atrio del Museo, donde se exhibe el grupo de esculturas Las tres Gracias (Les Trois Grâces ) que, gracias a su instalación en el exterior, podrán ser contempladas por todos los transeúntes. Se pone así en contacto la obra de la artista con la ciudad, un aspecto fundamental en el desarrollo de su trabajo.

La sala 302 incluye una gran obra escultórica, El sueño de Diana (Diana’s Dream ) junto con la serie Madres devoradoras (Devouring Mothers ) y Papá (Daddy ), su pionera película. Gran parte de la obra de Niki de Saint Phalle es la manifestación de un universo fantástico que proviene de los sueños y pesadillas de la artista, quien consideraba que en los sueños se encontraba la mitología personal de cada uno, reveladora de las imágenes arquetípicas más profundas de la persona. En El sueño de Diana, la autora nos muestra el teatro encantado que está enterrado en la mente de la diosa guerrera que duerme: monstruos y animales amenazadores mezclados con símbolos positivos como corazones y soles. Un Jano de dos caras expresa la dualidad del mundo y de nuestro interior.

“En el transcurso de la vida, todos sabemos lo que es una buena y una mala madre. He representado a la buena madre a través de las Nanas; a partir de ahora, me consagraré a su antítesis, a esa madre que no queremos ser. A comienzos de la década de 1970, Niki de Saint Phalle realiza su primer largometraje, Papá (Daddy ), una película experimental coproducida con Peter Whitehead, que expone claramente el abuso sexual cometido por su padre y la dinámica de poderes entre los sexos. Al mismo tiempo, la artista trabaja en una nueva serie de esculturas que denomina Madres devoradoras . Escenificadas en diferentes situaciones, con distintos accesorios, o en compañía de personajes secundarios, estas mujeres maduras parecen extraídas de escenas en las que el terror se enfrenta a lo grotesco. Tras las alegres Nanas , Niki de Saint Phalle explora a través de las Madres devoradoras los roles femeninos de manera inflexible.

La producción de arte público de la artista se muestra en las salas 301 (dedicada a los Tótems) y 304, que concluye el recorrido de la muestra. Para Niki de Saint Phalle una de las razones de ser de su creación era aportar alegría, humor y color. Los grandes proyectos arquitectónicos que aborda a partir de los años sesenta responden a esta visión del arte: apelan a cada persona y tratan de hacer feliz a la gente. Su obra de arte público más relevante y ambiciosa es el Jardín del Tarot (La Toscana, Italia, 1978–98). Cada una de sus piezas ofrece diferentes niveles de interpretación, y su complejidad a menudo se diluye en favor de una lectura más decorativa y superficial. Uno de los rasgos de esta obra es que fue financiada íntegramente por la propia artista, a través de la venta de productos y ediciones relacionados con la obra. De nuevo, vemos en la obra de Niki de Saint Phalle un planteamiento innovador y pionero.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta España,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.