Nos ayuda la dignidad de Cuba

Ayer nos juntamos un grupo de personas en la localidad de Albatera (San Isidro) Alicante, y, desde el estamento del mando heredero del franquismo, aunque no éramos muchos, seguro que se pusieron incómodos. A ellos, a los que siguen mandando y disponiendo en toda España de la herencia recibida atada y bien atada, aunque ellos sean puntas obedientes y peleles del imperio, el mero hecho de que acudan un grupo de personas a evocar, a llorar y a agradecerle el derroche de dignidad de los que murieron defendiendo sus ideas, tal puñado de españoles reunidos, nada nostálgicos, sino reivindicativos de una justicia que se nos debe como pueblo y gente, para los otros, para los hasta ahora impunes herederos del franquismo, el asunto de la memoria histórica, del recuerdo de los asesinatos que se cometieron en lugares como Albatera, en la provincia de Alicante, preferirían que no tuvieran ni un solo día de evocación, y mucho menos que más de cien personas de todas las edades (afortunadamente abundaban los jóvenes) estuviésemos todo el día evocando y exigiendo pacientemente justicia.

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Y Cuba, como expongo en la foto, estaba presente. Sencilla y llanamente porque allí y donde tenga que hablarse de dignidad tiene que estar la gente de Cuba, la que está aguantando carros y carretas económicas, entre los aplausos de aquellos que le dan la razón al imperio yanqui, que, aún viendo que no ha podido poner de rodillas a todo un pueblo, lo sigue apretando en lo económico y exige a sus vasallos que aplaudan su criminal actitud.

La crónica del imperio, en aquellos lejanos, y desconocidos para la mayoría de los que nos tienen catalogados como occidentales, territorios en su día denominados por Francia como la Indochina Francesa, que lo formaban los actuales Laos, Vietnam y Camboya, esboza y quiere exponer como elementos malos, muy malos, gente asesina y desaprensiva, a los Jemeres Rojos; y una y otra vez quiere dejarle el protagonismo de que los guerrilleros camboyanos, después conocidos como los citados jemeres rojos, que luego pasaron a partir un piñón fraternal con el imperio yanqui y con el sistema, fueron los que más asesinatos cometieron en aquel envite sangriento de la gente campesina contra la ciudadana, según nos cuentan que aconteció en Camboya. Aunque lo básico, el genocidio del Sudeste, del Sur, del Norte, del Este o del Oeste del Oriente Asiático, eso se quiera tapar.

se cuentan con lágrimas en los ojos la fechorías que hicieron los rojos, que anhelaban la forma de gobierno bajo un república

Y claro, la mejor manera de que un grupo determinado se lleve la palma generando muertos, es no contar los que pudo hacer otro bando, en el mismo país o en otro determinado. Y eso más o menos es lo que pasó en el Oriente Asiático y lo que pasó en España y sigue pasando. Y se cuentan con lágrimas en los ojos la fechorías que hicieron los rojos, que anhelaban la forma de gobierno bajo un república, pero no se dice ni se cuenta ni se escribe, que en campos de concentración franquista que los hubieron desde el 1.936 hasta casi finalizar el siglo pasado, al finalizar el siglo más o menos camuflados, y en mayor cantidad que todos los que hubieron en Europa juntos, el genocidio de los Jemeres Rojos fue una pelufa de caña al lado del que se gestó en los campos de concentración españoles franquista como el de Albatera en Alicante, donde ayer mismo, todavía, en el silencio de los granados plantados actuales próximos, se siente perfectamente el pálpito de los miles y miles de personas que murieron de sed, de hambre, y de vejaciones cometidos por otros españoles, que nunca fueron juzgados, como por ejemplo los jemeres rojos, y que insistentemente repiten que todo eso pasó, y lo pasado, pasado está, y que la porquería no se debe de agitar porque huele.

aquí estamos hablando y exigiendo que si los llamados rojos participaron en asesinatos en masa como los de Albatera, que sean juzgados y condenados

Quieren, los herederos impunes del franquismo, que la falta de hacer una elemental justicia sobre los miles y miles de asesinatos, no se remueva; que todos tienen por qué callar; pero, aquí estamos hablando y exigiendo que si los llamados rojos participaron en asesinatos en masa como los de Albatera, que sean juzgados y condenados, y, del mismo modo, este poder judicial español que no siente rubor alguno porque Camboya esté juzgando a sus jemeres rojos y aquí no se haya abierto un solo enjuiciamiento contra los responsables de lugares definidos y determinados, verdaderos centros de exterminio como fue el campo que visitamos ayer de Albatera, en Alicante, un lugar y una página que la rememoramos buscando justicia y dignidad para todos, aunque el sistema clérigo-franquista diga que lo único que se logra así, es generar odios y rencores actualizando asuntos pasados y olvidados.

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Ni están pasados ni están olvidados. España probablemente no haya alcanzado la sociedad política que se necesita para ser, caso de Francia, un país o una nación, y simplemente seamos un puñado de gente que vivimos sobre unos territorios que están próximos los unos a los otros. Pero es muy necesario que se sepa que hubo un tiempo donde España iba caminando a ser un pueblo políticamente culto, aunque fuera analfabeto en letras; y tal cosa le dio miedo a los que entienden que un pueblo con cultura política, no se le puede robar el dinero del erario público, y mucho menos tener causas de asesinatos: de genocidios, abiertos, sin que nadie le preocupe lo más mínimo.

Hemos pasado del silencio total de los hechos acaecidos en lugares como Albatera en Alicante, a que ya algunos cómplices al servicio del sistema mandamás en España, intenten decir que los jemeres rojos sí que fueron unos asesinos; pero en España solo fue que hubieron unas acaloradas discusiones porque unos querían tener como forma de gobierno la República, y otros no.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

Hispanista revivido.