Ofensiva empresarial en Cuba

Las empresas españolas rediseñan su estrategia en la isla para adelantarse al desembarco de la inversión estadounidense

CÉSAR URRUTIA

Los avances de Cuba y Estados Unidos en el restablecimiento de relaciones tras 54 años de embargo mantienen alerta a los empresarios españoles, tanto a los que ya están allí presentes como los que ven el proceso como la mejor oportunidad en medio siglo para invertir en la isla. Paso a paso, se consolida el desbloqueo y ayer, seis meses después de que los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaran por sorpresa el comienzo del proceso, Washington retiró a Cuba de su lista negra de países que apoyan el terrorismo.

La medida es un paso clave en una dirección, la de normalizar las relaciones políticas y comerciales entre ambos países, que genera grandes expectativas sobre el potencial del cambio en Cuba. Nadie duda del protagonismo de Estados Unidos en el proceso, pero existe interés por “tomar posiciones”. “El cambio es irreversible pero hay exceso de optimismo acerca de los plazos”, sostiene Gabriel Escarrer, presidente de Meliá Hotels, la empresa española más veterana en la isla.

Además de los casi 60 años de guerra fría entre ambos países, los plazos hacen referencia al embargo que, a pesar de la iniciativa de Obama, mantiene el Congreso en Estados Unidos fomentado con fondos del lobby cubano en Miami. “La Ley está ahí y el año que viene hay elecciones en Estados Unidos”, advierte el empresario de origen cubano Leopoldo Fernández Pujals.

Para Pujals, que abandonó Cuba junto con su familia con 13 años en 1960, el régimen cubano es “un régimen asesino que ha traficado con armas drogas y seres humanos”.

Sin avances hasta 2017

El empresario que se hizo millonario con Telepizza y redoblará su fortuna con la venta de Jazztel es un activista del lobby cubano. “Si salen los republicanos todo se dará la vuelta y si salen los demócratas se verá lo que pasa. En el mejor de los casos no habrá grandes avances hasta 2017”, advierte.

El pasado abril, el secretario de Estado de Comercio de España, Jaime García-Legaz -el político español de más alto rango que ha visitado el país en los últimos meses- encabezó una delegación de 45 empresas españolas para estudiar inversiones en la isla. La Habana también recibió esos días a empresarios japoneses, franceses y canadienses y hace apenas 15 días Francois Hollande aterrizó en la isla para pedir el fin del embargo.

La reconstrucción de infraestructuras es una necesidad evidente en Cuba y la falta de obra pública en España ha forzado un éxodo de empresas pero la patronal de constructores, Seopan, descartó profundizar por la falta de seguridad jurídica que suponen las leyes del Congreso estadounidense que penalizan a las empresas que establecen relaciones económicas con la isla.

Oportunidad en el turismo

No sucede así con el turismo, el área donde los principales empresarios españoles han puesto el ojo. Meliá Hotels tiene actualmente 27 hoteles con 13.000 habitaciones en Cuba, que opera en régimen de gestión porque la propiedad es pública.

La relajación desde enero de las normas que regulan los viajes de estadounidenses a la isla son la mejor noticia para estos empresarios. En 2014, Cuba -cuyo PIBdepende en un 10% del turismo según la OMT- recibió un total de tres millones de turistas, de los que poco más de 100.000 eran estadounidenses. La expectativa es que con mejores relaciones esos tres millones sean a medio plazo solo estadounidenses con lo que el negocio se duplicará.

Entre quienes ya han avanzado en este sentido figura Juan José Hidalgo, presidente de Globalia. Gracias a su grupo de agencias de viajes y a su aerolínea, Air Europa, Hidalgo, que declara conocer Cuba desde hace 40 años, es ya una potencia en República Domincana. Reconocido por su don de la oportunidad, apostó por reemplazar a Iberia cuando la antigua aerolínea de bandera abandonó la ruta entre Madrid y La Habana. Iberia retomará la ruta esta semana.

“Todo ha cambiado ya, pero sobre todo es que el cambio ya está en la calle, en la gente”, dice. Hidalgo estuvo en Cuba en la primera semana de mayo. Coincide en que los objetivos que persigue el proceso en términos de apertura económica se verán en una década. Pero entre los nuevos proyectos que asegura estudiar ya en la isla destaca un hotel de 1.000 habitaciones en Varadero, la localidad más turística del país.

La competencia de EEUU

En Estados Unidos, la segunda economía mundial a tan solo 160 kilómetros de distancia, está la esperanza y, también, parte del riesgo de una gran competencia. “El crecimiento del negocio que traerá la futura apertura a un mercado tan importante para todo el Caribe como es el Estadounidense, es una gran noticia, y un acicate para mantener y fortalecer nuestra posición”, piensa Escarrer. “Pero para los nuevos empresarios que deseen implantarse ahora a la vista de las nuevas expectativas, creo que será difícil competir con los grandes grupos norteamericanos e internacionales que sin duda querrán posicionarse con fuerza”, avisa.

A finales de los años 90, Meliá llegó a ser acosada por la Administración estadounidense por su presencia en Cuba. Salvada aquella crisis, resulta curioso que su próxima apertura será este año en Miami, la cuna del anticastrismo. En esos años era ministro de Exteriores el empresario ibicenco Abel Matutes, que con complejos hoteleros de su compañía Palladium Hotel Group en el Caribe, hoy sigue de cerca el proceso con sus empresas participadas Baleària -naviera que ha pedido al Departamento estadounidense del Tesoro una de las nuevas licencias para conectar Florida con La Habana- y la propia Globalia, perteneciente a Hidalgo.

Ritmo más lento

“El ritmo será más lento de lo que algunos creen”, pronostica Matutes. La amenaza de sufrir problemas legales en el mercado estadounidense es uno de los principales riesgos que el empresario ve aún latente. “Sería muy conveniente que también se produjeran cambios en este ámbito. Los inversores necesitan contar con un marco jurídico estable que les permita involucrarse en nuevos proyectos con cierta seguridad y confianza. No podemos olvidar que la confianza es uno de los puntos que determinan las inversiones”, afirma. Y subraya como igualmente “conveniente” la necesidad de “llevar este proceso a todos los sectores implicados para evitar conflictos en el futuro” en alusión al exilio cubano.

Con sede principal en Miami, la colonia cubana, la segunda más influyente en el Congreso estadounidense tras la judía, ha reaccionado a la apertura del proceso dividiéndose entre quienes consideran la iniciativa de Obama una traición y quienes lo consienten. Pujals está entre los primeros.

Infraestructuras

“Ningún negocio en Cuba será próspero sin Estados Unidos y el embargo no se debe levantar. En una hipótesis de economía abierta y democracia, había gran número de sectores que cubrir pero, lógicamente, la construcción y las infraestructuras serían de los primeros.

Posiblemente muchos de los empresarios españoles piensan: ‘Vamos para allí antes de que lleguen los americanos’. Y en esas los cubanos piensan: ‘Y nosotros qué?’ Esta gente se cree que aún andamos en taparrabos. Si llega la democracia a la isla, hay gente que puede ganar unas elecciones libres y que no olvidará a quienes hicieron negocios con el régimen. Ni sus inversiones ni la deuda que exista con ellos se reconocerá”, afirma.

Hispanista revivido.