Talía dice que la operaron clandestinamente en un hospital del Cerro a cambio de 320 CUC. Dice que le picaron el pecho para colocarle los dos moldes de silicona sin entubarla siquiera

 

Del blog El toque

La abrieron, manipularon y cosieron sin anestesia general. Sintió dolor, mucho; sobre todo durante las últimas suturas, ya había pasado el efecto del adormecimiento local y no había otra opción que aguantar las puntadas a sangre fría. Y eso hizo.

Cuando Talía habla pareciera que intenta ocultar un vozarrón, el cual amenaza con salir, o algún que otro ademán de macho. Aún en su cuerpo quedan rastros de lo que fue: la espalda ancha, los hombros abiertos, un cuello grueso. A pesar de esos rasgos, Talía prefiere pintar sus uñas plásticas de rojo y llenarlas de adornos a relieve. Tiene el pelo oscuro a media espalda, las cejas y los labios levemente delineados y sobre todo, lo que más presume: unos senos grandes y engomados por los que arriesgó todo. Talía es también Maykel Carmona. Uno de los tantos travestis que han optado por las operaciones ilegales para obtener unos senos.

“Me operé hace casi dos años en un hospital de aquí de La Habana. Yo había pagado 850 CUC por mis implantes a un muchacho que los trae de afuera y le llevé la silicona al doctor. Él solo ponía la mano de obra. Fotos: Alejandro Trujillo
_ ¿Eso cuestan regularmente los moldes?

_ Depende de la calidad y el tamaño. Se pueden conseguir un poco más baratos pero los quería grandes. Si iba a tener tetas tenían que impresionar. Estas son una 4,25. Imagínate que el doctor pasó casi cuatro horas conmigo en la cirugía intentando acomodarme estos implantes. Eran superiores a mi cavidad, me explicó después.

_ ¿Cómo soportaste esa cirugía solo con anestesia local?

_ El médico me dijo desde el principio a lo que me enfrentaba. No podía entubarme porque esas operaciones son a escondidas y tenía que olvidarme de anestesia general o de estar en un salón de cirugía real. A mí me operaron en un cuartico de un cuerpo de guardia sin condiciones de esterilidad, sintiendo tremendo dolor, y con el riesgo de que si llegaba alguien me dejaban a media, pero yo quise exponerme. Era la única manera de obtener lo que deseaba.

“Las operaciones legales a los transexuales se hacen a través del Cenesex y son muy escasas. Entiendo que es costoso y que no pueden hacerle la cirugía gratis a todo el que quiera. Se le llenarían las consultas de pájaros… Por eso mismo pienso que es mejor que cobren. Y ese dinero que le pagamos a doctores por la izquierda lo entregamos al hospital y tenemos una cirugía menos riesgosa. Todo el mundo gana”.

De la noche que la operaron Talía recuerda cada sensación. Siempre estuvo consiente: cuando picaron, cuando comenzó a sangrarle el torso, cuando la cosieron. También recuerda que después de cuatro horas de cirugía se desmayó al intentar levantarse. Aun así el doctor no le dio tiempo de recuperación. Tenía que irse cuanto antes. Fotos: Alejandro Trujillo

“Salí retorcida del dolor y sin fuerzas para caminar pero el médico me dijo que no podía estar ni un segundo más allí. Si lo cogían explotaba. Bueno… al final explotó: una conocida mía, a quien él le puso las tetas, lo echó pa´ lante después para no pagarle. Ahora mismo está preso. Pero La Habana está llena de travestis con implantes y él no se los puso a todas”.

_¿No te frenaron los riesgos de una operación en esas condiciones?

_ Sabía a lo que iba. Conozco a otras transexuales que cogieron bacterias o estafilococos al picarles la piel en lugares no estériles. Y aun así  me enfrenté al peligro. Y no solo es delicado para nosotras. Los médicos que se atrevan a esto saben que están operando a muchos trans seropositivos, y por tanto llenando de sangre con VIH lugares que no están diseñados para cirugías.

A pesar de su traumática experiencia anterior, Talía insiste en operarse de nuevo. Esta vez, por unas nalgas voluminosas. Con 13 años se travistió por primera vez y desde entonces se ha pensado como mujer. Hoy está dispuesta a todo para verse como tal, aunque tenga que ir armando su cuerpo por pedazos, mientras arriesga su vida.

Hoy Talía tiene 34 años, es prostituta, seropositiva, vive saltando de un alquiler a otro con una pareja que la maltrata; pero dice ser feliz con sus senos grandes y engomados.

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