UNA PERIODISTA ME PREGUNTA SOBRE EL REALISMO DE LEONARDO PADURA Y SUS CRÍTICAS LITERARIAS A LA REVOLUCIÓN CUBANA:

Lo primero es desterrar toda noción de fundamentalismo geográfico, tan peligrosa y perversa como el fundamentalismo político, racial, de géneros, o religioso. Leonardo Padura es más un ciudadano español que un ciudadano cubano. Gracias a España es que su obra literaria y periodística puede sobrevivir en Cuba. Gracias a España (y a su flamante pasaporte español) es que este autor puede viajar por todas partes del planeta y regresar a su propio país, algo que le es negado al resto de los cubanos, que dependen de la voluntad arbitraria del gobierno de La Habana para poder salir y entrar a Cuba. Gracias a España es que Leonardo Padura reside el 90% del tiempo fuera de Cuba, país donde él no posee ninguna fuente de ingreso (desde hace décadas, él es un desempleado en la Isla).

Lo segundo es no subordinar nunca la literatura a la realidad. La literatura crea a la realidad y no al revés, digan lo que digan los teóricos del marxismo cultural. Aunque el propio Padura lo ignore, su obra es una invención memorialística y emocional de Cuba: no una crónica sino una condensación creativa de su realidad. Mario Conde en la vida real sería inverosímil: su reino está limitado al de las letras y, por supuesto, el alma secreta de su nación de lectores. De ahí la fuerza formidable de la ficción. De ahí el miedo hacia los escritores y la manipulación con que Fidel Castro siempre los trató, entre la zanahoria y el garrote, para que las “ficciones de autor” (es un término de Ricardo Piglia) no compitieran con la “ficción de Estado” que es era castrismo como tal. Una ficción que hoy está en descomposición, pues, muerto el Narrador en Jefe, Cuba se ha quedado sin fuerzas ficcionales para crear consenso y gobernabilidad. Padura, aunque lo niegue con pánico oportunista, es un actor más político hoy en Cuba que cualquier miembro del Consejo de Estado, el Consejo de Ministros, la Asamblea Nacional del Poder Popular, o el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (el único legal).

El sesgo ideológico de Padura es una máscara: la novela de su vida. Él es un hombre que no cree en el socialismo, pues conoce bien de toda la barbarie cometida por este sistema a nivel mundial (como todos los sistemas lo hacen), con la complicidad criminal de los Castros en Cuba. Pero Padura tiene que insistir patéticamente en que es un producto crítico “desde dentro” de la Revolución. Incluso, tiene que fingir militancia de izquierda, cuando en realidad su única experiencia existencial en Cuba es la de habitar en una nación sin esfera pública, sin sociedad civil, un régimen monolítico por Ley y Constitución, sin la menor noción de lo que es un espectro político funcional, la separación de poderes moderna, y mucho menos la diversidad multicultural.

No se le pueden pedir peras a Padura. Nuestro hombre en Mantilla ha hecho muchísimo desde su trinchera novelística en medio del fin de la tiranía cubana. Y tenemos que dejarlo que maniobre a su conveniencia para no quemar demasiadas naves en la Isla, pues nadie está a salvo de la represión en la Cuba de Castro. Nadie está a salvo de los mecanismos anónimos de la muerte que aplica el Ministerio del Interior como tácticas de biopolítica estalinista: muerto el hombre, se acabó el problema del hombre.

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