Muy sencillo: sus tesoros están en otros paraísos fiscales

 

Para comprenderlo hay que recordar los cubanos, tras más de 50 años de embargo económico se han convertido en expertos violadores de las reglas bancarias internacionales y no necesitan pasar por ningún bufete de abogados para mover el dinero. En cualquier caso, el interés de Panamá para los Castro despareció en el año 2009.

Desde esa fecha hasta hoy, allí sólo quedan aquellos que no se enteraron que los países de la OCDE  habían incluído a Panamá en su famosa lista de paraísos fiscales. Aquel año, con el fin de volverse frecuentables otra vez para Europa, las autoridades panameñas tuvieron que someterse al reglamento internacional firmando leoninos pactos fiscales con países como Singapur o Japón. Dos años después, tras intensas presiones del ‘Buen Vecino del Norte’  la república bananera dirigida por Enrique Martinelli, cede nuevamente y firma  con los Estados Unidos un Tratado bancario extremadamente restrictivo.

Las razones de su capitulación son conocidas. Martinelli es hoy multimillonario y, entre sus numerosos negocios figura la gran cadena de supermercados ‘Super99’. Dirige los consejos de dirección de al menos ocho grandes empresas panameñas y también es CEO de al menos dos más. Su felicidad actual no hubiera sido posible, si este antiguo cadete hubiera plantado cara, tal y como le pedían sus amigos cubanos.

Así pues, en 2011, don Enrique dejó que las autoridades norteamericanas campearan por sus respetos en los libros de cuentas de los bancos panameños y en los de las empresas acreditadas.

Naturalmente, antes de que todo esto se produjera, los tramposos más grandes (y también quizás los más peligrosos), desplazaron sus fortunas hacia paraísos menos comprometedores.

Correr urgía, pues el acuerdo firmado por el presidente Martinelli permitía las llamadas “pesquerías”, o sea, la pesca a la información sensible en cualquier momento del día o de la noche; sin olvidar, que obligaba a las autoridades del país a colaborar de manera irrestricta e incondicional con sus homólogos norteños, y poco importaba si los presuntos infractores habían violado o no las leyes panameñas.

Según el periódico francés Le Monde, las consecuencias para los norteamericanos residentes fueron inmediatas, pues desde 2011 la mayoría de las sucursales internacionales se niegan a abrirles cuentas corrientes. Esta situación tal vez explique la ausencia de norteamericanos en las listas negras divulgadas esta semana. Por su parte, los cubanos no han vuelto a abrir cuentas bancarias en un país que desde hace cinco años carece de un sistema financiero realmente independiente. La gran verdad, es que el ojo avizor del águila de cuello blanco (y sus servicios fiscales) controla de hecho todas las transferencias y movimientos de dinero. Para Panamá, la firma de aquel Tratado en 2011 puede equipararse al paso de un gran huracán que en unas cuantas horas, hubiera barrido  todo el interés que presentaba el país en materia fiscal para los inversores internacionales.

Por suerte les queda el Canal.

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