Bilbao, 2 de julio de 2017.

Querida Ofelia:

El Museo Guggenheim Bilbao presenta “París, fin de siglo: Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos”, una exposición que aborda la escena artística parisina centrándose en las vanguardias francesas más importantes de finales del siglo XIX, especialmente en el Neo-Impresionismo, el Simbolismo y los Nabis. En la muestra están representadas las figuras más destacadas de estos movimientos a través de aproximadamente 125 piezas incluyendo pinturas al óleo y al pastel dibujos, grabados y estampas.

El fin de siglo en París fue un período marcado por turbulencias políticas y transformaciones culturales, durante el cual la prolongada crisis económica y los problemas sociales estimularon la formación de grupos de la izquierda radical, así como una ola reaccionaria que plagó Francia a lo largo de la década de 1890. En 1894 el presidente Sadi Carnot fue asesinado por un anarquista, mientras que el caso Dreyfus causó la división de la nación, a raíz de la arbitraria acusación de traición a Alfred Dreyfus, oficial de origen judío-alsaciano. Tales acontecimientos sacaron a la luz los extremos sociales y políticos existentes en Francia: burguesía y bohemia; conservadores y radicales; católicos y anticlericales; anti-republicanos y anarquistas.

Como reflejo de una era de angustia y agitación, este período acogió una gran variedad de movimientos artísticos, y a finales de la década de 1880 emergió una generación de artistas que incluían a los neo-impresionistas, los simbolistas y los nabis. Sus temas seguían siendo similares a los de sus antecesores impresionistas, que aún estaban en activo: los paisajes, la urbanización moderna y las actividades de ocio. Sin embargo, los nuevos movimientos cambiaron el tratamiento de estos temas familiares, y a ellas se añadieron escenas visiones introspectivas y fantásticas, así como retratos descarnados de la vida social.

La exposición ahonda en estas vanguardias, centrándose especialmente en algunas de las figuras más destacadas de la época: Pierre Bonnard, Maurice Denis, Maximilien Luce, Odilon Redon, Paul Signac, Henri de Toulouse-Lautrec y Félix Vallotton. De la mano de estos artistas, la ambición de capturar de manera espontánea un momento fugaz de la vida contemporánea dio paso a trabajos cuidadosamente realizados, anti-naturalistas en sus formas y ejecución, que buscaban provocar emociones, sensaciones o cambios psíquicos en el espectador. A pesar de ostentar características a veces contradictorias, estos artistas compartían la meta común de crear un arte con una resonancia universal, produciéndose ocasionalmente diálogos entre los grupos. En una visión de
conjunto, esta agitada época muestra un terreno complejo de estéticas y teorías filosóficas divergentes, al tiempo que delinea los acontecimientos turbulentos en el umbral de un nuevo siglo.

Recorrido por la Exposición

Sala 305: Neo-Impresionismo

El Neo-Impresionismo hizo su debut como entidad propia en una de las salas de la octava (y última) Exposición Impresionista en París, en 1886, liderada por Georges Seurat. Ese mismo año, Félix Féneon, crítico de arte y paladín de ese grupo, forjó el término “Neo-Impresionismo” en un artículo. Cuando falleció Seurat, aún joven, Paul Signac tomó su lugar como líder y teórico del movimiento. A los principales neo-impresionistas —Henri-Edmond Cross, Maximilien Luce, Seurat y Signac— se unió Camille Pissarro, previamente impresionista, al igual que artistas con similares intereses que provenían de países cercanos, como el pintor belga Théo van Rysselberghe. Estos pintores vanguardistas usaron teorías científicas sobre el color y la percepción para crear efectos ópticos en obras puntillistas, inspirados en los nuevos métodos ópticos y cromáticos desarrollados por los científicos. Tuvieron especial relevancia la teoría del químico francés Michel-Eugène Chevreuil, De la loi du contraste simultané des couleurs et de l’assortiment des objets colorés (1839) y la del físico americano Ogden Rood, Modern Chromatics (1879).

Esta aproximación moderna y revolucionaria a la pintura se caracterizó por la yuxtaposición de pinceladas individuales de pigmentos para crear el efecto visual de un color intenso y único. Con su manera de disponer los colores complementarios y el uso de formas difusas, los neo-impresionistas producían composiciones unificadas. Así, la representación del impacto de la luz sobre el color al ser refractada sobre el agua,filtrada a través de las condiciones atmosféricas, o propagada a través de un campo, era una preocupación constante en ellos. La mayor parte compartía opiniones políticas izquierdistas que se hacían evidentes, por ejemplo, en las representaciones de Pissarro o de Luce de la clase obrera. Las imágenes idealizadas del socialismo anarquista también estaban presentes en las representaciones utópicas que los neo-impresionistas
retrataban frecuentemente en sus obras. Éstas solían unir el contenido ideológico y la teoría técnica. Pese a todo ello, los neo-impresionistas no se guiaban por objetivos explícitamente políticos; en sus representaciones deslumbrantes de urbes, suburbios, costas o campos, se reflejaba una búsqueda formal de lo armonioso.

Sala 306: Simbolismo

El Simbolismo empezó como un movimiento literario en la década de los 1880, y su ideario fue resumido en 1886 cuando el poeta Jean Moréas publicó el “Manifiesto Simbolista” en el periódico francés Le Figaro. Sin embargo, las filosofías idealistas y las cualidades formales del lenguaje no tardaron en infiltrarse en el campo de las artes visuales. El término “Simbolismo” se aplica a una variedad de artistas que comparten las mismas metas anti-naturalistas. A veces, las obras neo-impresionistas o nabis son identificadas como Simbolistas debido a sus formas peculiares y temas alusivos, como las de Maurice Denis, que recurrió a temas religiosos y alegorías empleando líneas sinuosas y zonas planas, y cubriendo por completo las superficies dibujadas. Los artistas asociados con el Simbolismo no siempre se definían como tales. Una de las figuras más importantes fue Odilon Redon, en cuyas escalofriantes representaciones encontramos cabezas flotantes e incorpóreas, insidiosas arañas, escenas desancladas de la realidad con significados enigmáticos y atrapadas en el silencio; características todas ellas estrechamente asociadas con este movimiento.

La mayor parte de los artistas conectados con el Simbolismo eran reacios al materialismo y habían perdido su fe en las ciencias, las cuales habían fracasado en su intento de remediar los males de la sociedad moderna. En su lugar, el espiritualismo y los estados mentales alterados empezaron a ganar terreno, poniendo de relieve el valor de imágenes evocadoras y oníricas. En estas obras se infiltró un lenguaje decorativo, inspirado por los diseños orgánicos y formas arabescas del Art Nouveau.

El arte simbolista abrazó las narrativas legendarias, la temática religiosa y el mundo macabro de las pesadillas, abandonando lo factual por lo fantástico, el mundo exterior por el drama de los paisajes psicológicos, lo material por lo espiritual, y lo concreto por lo etéreo. El Simbolismo estaba estrechamente vinculado a la narrativa pero buscaba sonsacar sensaciones abstractas y, a través de imágenes subjetivas, transmitir una experiencia universal. Estos impulsos responden al deseo suscitado por el lado oscuro de la sociedad moderna:la búsqueda de lo transcendental.

Sala 307: Los Nabis y la cultura del grabado en los años 1890

La técnica del grabado, tanto la litografía como el grabado sobre madera, renació en Francia a raízde la exposición de estampas japonesas en la Escuela de Bellas Artes en 1890. Los responsables de este renacimiento son los nabis, junto con el artista Henri de Toulouse-Lautrec. Los nabis (palabra que proviene del hebreo “profeta”) formaban una fraternidad con rasgos comunes y su arte estaba influenciado por los planos de colores uniformes y la disposición de trazos del Sintetismo clave de Paul Gauguin, al igual que por las bruscas delineaciones y composiciones bidimensionales de los grabados japoneses. Renunciando a la pintura de caballete, la obra de los nabis estaba presente en medios como grabados, posters e ilustraciones de periódicos como La Revue blanche, que pertenecía a Thadée Natanson.

Los artistas se sentían atraídos por la libertad que la técnica del grabado ofrecía al ser considerado como un arte “popular” y por lo tanto exento de las reglas académicas que gobernaban la pintura. Durante la década de1890 estos artistas experimentaron con las posibilidades que ofrecía el duro contraste de los grabados sobre madera, como el ingenioso uso del blanco y negro por parte de Félix Valloton en sus comentarios mordaces sobre la sociedad parisina. A otros nabis, como Pierre Bonnard y Édouard Vuillard, les fascinaba la litografía en color, y testaron los límites de esta técnica de innumerables maneras, incluso introduciendo manipulaciones durante el proceso, para lo que contaron con la ayuda del maestro grabador Auguste Clot.

Estos artistas produjeron numerosos carteles y porfolios por encargo de marchantes, entre los que destaca el galerista Ambroise Vollard. Toulouse-Lautrec centró sus energías en el arte del cartel buscando la representación incisiva, tal vez reduccionista, de la realidad urbana. Estas creaciones de gran tamaño, atractivas y brillantes, eran anuncios efímeros que se exponían por las calles de París. Los transeúntes, potenciales consumidores, no podían evitar ser,seducidos por los retratos caricaturescos de la vida bohemia que en ellos se anunciaban: los cafés-concierto de Montmartre o los famosos actores, incluyendo La Goulue (la glotona) y Jane Avril. Esa vida animada, a menudo poco convencional, que celebran sus estampas y carteles, acabó por definir el París del fin de siglo.

El proyecto Didaktika ofrece a los visitantes la posibilidad de ahondar en las tesis de las exposiciones a través de espacios educativos y actividades especiales.

El Espacio didáctico ofrece una mirada sobre el turbulento contexto socio político y cultural que caracterizó las últimas décadas del siglo XIX en París, en el que la prensa tuvo un papel clave para la difusión de la información y el desarrollo de la opinión pública. Así, la documentación dispuesta en el espacio didáctico se presenta en titulares, a modo de una crónica de tendencias y hechos relevantes, como los enfrentamientos políticos, la angustia creciente ante la inestabilidad de las clases sociales, la popularidad cada vez mayor de los cabarets y los últimos desarrollos científicos, que configuran el telón de fondo del momento creativo e intelectual del momento.

El espacio se completa con una actividad interactiva sobre un mapa del París de fin de siglo, que permite al visitante descubrir lugares de la ciudad y algunos de los sucesos y obras más importantes.

París, fin de siglo : Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos.Museo Guggenheim Bilbao. Hasta el 17 de septiembre de 2017. Comisaria: Vivien Greene, Solomon R. Guggenheim Foundation.

Un gran abrazo desde nuestra culta y querida Bilbao,

Félix José Hernández.

Deja un comentario