De París a Port Everglade para iniciar el crucero en el Costa Deliziosa

El Costa Deliziosa.

París, 2 de marzo de 2017.

Querida Ofelia:

Después de un cómodo viaje con gran espacio para las piernas en el gigantesco Airbus 380 de Air France, aterrizamos en el aeropuerto de Miami el jueves 16 de febrero pasado.

Del avión desembarcamos varios cientos de personas y nos encontramos en la aduana con pocos policías para el control de pasaportes, por lo cual estuvimos de pie en la fila durante una hora y 55 minutos. Es curioso que no haya prioridad para personas minusválidas, personas con bebés o ancianos con bastones. ¡Allí la igualdad es total!

Primero se va hacia unas máquinas en las que se debe pasar el pasaporte al escáner y registrar tus huellas digitales en una pantalla verde. Posteriormente cuando se llega frente al policía, la operación se repite. No me molesta en absoluto todo tipo de controles, al contrario, me alegra, pues me da seguridad.

Cuando llegamos a las esteras, ya todas las valijas habían sido colocadas a un costado. Mi esposa y yo encontramos las nuestras, pero a nuestro hijo, que iba acompañado de su esposa y de sus dos hijos, le faltaba una.

Una señora empleada nos dijo que fuéramos a hablar con el representante de Air France, el cual estaba sentado tras un mostrador frente a las esteras. Le dije: « Bonjour monsieur, s’il vous plaît, une valise est manquante.. »

Este me respondió sin dejarme terminar la frase : “Sorry I do not speak English!” (No sé si se escribe así, bien sabes que mi nivel en la lengua de Shakespeare es indigente).

Comenté con mi esposa: Es increíble que el representante de Air France no hable francés. La señora empleada saltó con un cierto enfado y me lanzó en español cubano: “Aquí estamo en lo Etado Unido, aquí se habla inglé”.

Le respondí: Yes, of course !

Pero ya mi hijo había logrado comprender que el funcionario de Air France era un cubano y cortesmente le dio toda la información y los formularios que rellenó para hacer la reclamación. Ya aquel señor sabía que la valija se había quedado por error en el Aeropuerto Charles de Gaulle de París.

Después de caminar por los casi interminables pasillos, se me ocurrió entrar a los servicios sanitarios, donde la falta de higiene me hicieron recordar los de Sudán.

Un autocar cuyo chófer era un simpático cubano que había vivido en Asturias antes de llegar a Miami, nos condujo por una autovía casi vacía (pues por ella se paga), paralela a otra con un intenso tráfico ( por la que se circula gratuitamente).

En la aduana de Port Everglades pasamos el control de pasaportes con una muy amable policía de origen subsahariano, la que nos deseó un buen viaje con una gran sonrisa.

Ya en el Atrium del Costa Deliziosa, mi hijo fue atendido en el mostrador de Hospitality Service Desk por la encantadora señorita Dorotea Valenti, con la cual rellenó los formularios de reclamación de la valija. Ella le dijo que muy probablemente podría recuperar la valija dentro de dos días en Amber Cove (República Dominicana) y…así mismo fue. También le dio para él y nuestro nieto: t-shirts, cepillos y pasta de dientes, desodorantes, ropa interior desechable (mata pasiones) y hasta un traje color gris pizarra y camisas blancas de gala.

Estábamos en las suites con balcones 4319 y 4321. Al entrar en ellas encontramos botellas de champagne y cestas de frutas como regalos de bienvenida de parte del capitán Severino Palomba, el cual resultó ser todo un caballero, pues tuvimos la oportunidad de conversar con él durante el viaje.

Solo diez minutos después nos fueron entregadas las valijas en los camarotes.

Entre los documentos que encontramos estaban los billetes de las excursiones que ya habíamos reservado con anticipación, así como la asignación del Restaurante Costa Club del puente diez para todas las comidas durante el viaje.

Esa noche el Teatro Duse presentaba un espectáculo “Abba en Concierto”, pero estábamos fatigados a causa de las seis horas de diferencia entre París y la costa este de los EE.UU., por lo cual nos fuimos a descansar.

El crepúsculo ocurrió a las 5 y 44 pm, el cielo estaba poco nublado, había un poco de marejadilla y +25°c.

El Costa Deliziosa zarpó del puerto de Port Everglades a las 11 p.m. en dirección a Freeport.
Una vez levadas las anclas, emprendimos la navegación por el canal de Port Everglades. El práctico desembarcó al alcanzar las 2 últimas boyas a la salida del canal. Proseguimos navegando hacia el oeste, atravesando el canal de La Florida, recorrido por la Corriente del Golfo que nace en el Golfo de México, donde las grandes masas de agua tropicales se calientan por la acción directa de la radiación solar. Estas masas tienden a dirigirse hacia el norte a una velocidad de 2,5 m/s (9 km/h) por la diferencia de densidad de las aguas más frías del norte, viéndose desviadas por la rotación de la tierra: el desplazamiento de las masas de agua se somete a un desvío hacia el este por la fuerza de Coriolis. En resumen, el agua, moviéndose hacia el norte, tiende a mantener su velocidad, determinada por el principio de inercia. A eso de las 3y 30 a.m. entramos en el Canal de La Providencia entre al norte la isla de Grand Bahama y al sur la de Great Bahama Bank. Alrededor de las 4 y 30 a.m. el barco tomó la ruta septentrional en dirección a la isla de Grand Bahama donde estaba prevista la llegada a las 7 y 30 aproximadamente al puerto de Freeport.
Mañana te contaré sobre el día que pasamos en Freeport. Como ya te dije, tomé apuntes con los cuales puedo escribir unas diez crónicas.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares,

Félix José Hernández.