«Pégate al agua, Felo», 40 años después

Cuba asegura que el terrorismo ha costado la vida de 3.478 personas, sin embargo las victimas de la dictadura  entre el 1° de enero de 1959 y el 25 de diciembre de 2015 alcanzan los 7.062 fallecidos

Iremos presentando las historias de estas personas, muertas todas como consecuencia de la establecimiento de la dictadura y la opresión a la sociedad civil en Cuba.

Manuel Espinosa copiloto del CU-455 de Barbados

Manuel Espinosa tuvo miedo. «Siento que no me queda mucho tiempo de vida», le dijo a su familia días antes del crimen en Bar­bados.

En otras dos ocasiones, en ese año de 1976, Espinosa había copilotado un avión en peligro de estallar. La primera vez, cuando trasladaba de México a La Habana a Hortensia Bussi, viuda del presidente chileno Salvador Allende. Uno de los equipajes de la aeronave contenía una bomba que no detonó.

Poco tiempo después, aguardaba su salida del aeropuerto de Kingston, Jamaica, el avión de Cubana que él comandaría de regreso a la Isla. La demora técnica impidió la muerte de Espinosa y del resto de los pasajeros, porque el artefacto explotó en el vagón que trasladaba los equipajes a la nave.

La tercera vez no corrió la misma suerte. No estaba en la lista del vuelo CU-455 de Bar­bados a La Habana ese 6 de octubre, pero a última hora tuvo que suplir a un miembro de la tripulación. La aeronave salió en tiempo con dos bombas activas que estallaron a po­cos minutos del despegue, a solo 600 metros de la costa de Bridgetown. Manuel Espinosa murió a la edad de 47 años, junto al resto de la tripulación y pasajeros. 73 en total, de ellos 57 cubanos.

Es uno entre los 3 478 asesinados y miles de heridos, víctimas del terrorismo que ha azotado a Cuba según el gobierno cubano.

Fuente: Granma.

Masacre en el Río Canímar del 6 de julio de 1980

Al menos 56 víctimas de un intento de fuga

El Canímar es un panorámico río cubano que desemboca en la bahía de Matanzas a poca distancia de la playa Varadero.  En 1980, se inauguró un servicio de excursiones turísticas con el “XX Aniversario,” gran embarcación de dos plantas llenas de sillones y con capacidad para 100 pasajeros. Navegaría tierra adentro unas 5 millas a lo largo del río Canímar.

El 6 de julio del 1980, tres jóvenes secuestraron el barco con la intención de huir de Cuba rumbo a los Estados Unidos.  Eran los hermanos Silvio Águila Yanes de 18 años y Sergio Águila Yanes de 19, junto con Ramón Cabeiro de 15 años.  Sergio, que cumplía el servicio militar obligatorio, había extraído armas de fuego para el secuestro.

Al apoderarse de la embarcación, los jóvenes gritaron “A Miami” en medio de los gritos de aprobación por parte de muchos de los sorprendidos pasajeros. Uno de los guardias de seguridad resistió, disparando contra los jóvenes.  Quedó herido cuando éstos devolvieron el fuego. Preocupados por su estado, los jóvenes lo colocaron en un botecito para que regresara a tierra junto con otro pasajero que tampoco quería irse.  El “XX Aniversario” tomó dirección hacia el mar mientras los otros dos llegaban a tierra y alertaban a las autoridades.

Julián Rizo Álvarez, secretario del partido comunista de la provincia de Matanzas, se hizo cargo de la persecución.  Despachó dos lanchas rápidas de la patrullas de la Marina cubana con órdenes de evitar la fuga y hundir la embarcación si fuera necesario.  Las lanchas patrulleras abrieron fuego contra el XX Aniversario y los jóvenes lo devolvieron.  Como resultaba difícil hundir la embarcación que estaba hecha de fibra de cemento, las patrullas se retiraron.  En cubierta quedaron varios pasajeros muertos y heridos.  Entonces, un avión de las Fuerzas Aéreas cubanas sobrevoló la nave. Algunos padres cargaron en alto a sus hijos con la esperanza de evitar un ataque, pero éste regresó y abrió fuego, hiriendo y matando a más personas.

Apareció entonces un enorme barco, más sólido por ser usado en trabajo industrial, que embistió el “XX Aniversario.” Cuando ya casi habían alcanzado aguas internacionales, lograron hundirlo y continuaron disparando contra los sobrevivientes que habían caído al agua. Éstos además se vieron enfrentados a los tiburones atraídos por el olor a sangre.  Silvio Águila Yanes se tiró al agua para salvar a varios de los sobrevivientes que corrían peligro de ahogarse.  Según algunos informes, sólo regresaron a tierra a 10 sobrevivientes.

Algunos informes alegan que Sergio Águila Yanes se suicidó al hundirse la embarcación. Sin embargo, según otros relatos, la tripulación de las lanchas de patrulla de la Marina cubana lo sacó del agua, posiblemente con vida aún.  Silvio Águila Yanes y Ramón Cabeiro León recibieron una sentencia de 30 años de cárcel.  Cumplieron una larga condena en la cárcel habanera Combinado del Este, donde testigos informaron que se les sometió a tortura psiquiátrica con drogas psicotrópicas.  Con el tiempo, ambos fueron puestos en libertad y viven ahora en el exilio.  Otros tres jóvenes que sabían del plan o ayudaron a planificar la fuga recibieron sentencias de dos a tres años de cárcel.  Conforme la orden judicial, a los cinco jóvenes se les confiscó todos sus bienes.

El gobierno cubano alega que el hundimiento fue un accidente que ocurrió cuando la embarcación chocó con el barco más grande debido a la fuerza del oleaje.  La única víctima que tuvo un funeral fue uno de los guardias que en realidad fue muerto por los atacantes. No se sabe si se recuperaron cadáveres, ya que ninguno fue devuelto a los familiares para su funeral y sepultura.  Los muertos se estiman en 56 víctimas, pero el número oficial nunca se ha sabido. Entre los niños asesinados se encuentran Lilian González López, de 3 años, Marisol Martínez Aragonés, de 17, Osmanly Rosales Valdés, de 9, y Marisel San Juan Aragonés, de 11.

A los sobrevivientes se les ordenó guardar silencio y se les prohibió que jamás se reunieran más de dos.  Se les amenazó con someterlos a juicio como cómplices del secuestro si decían algo.  Por años, los agentes de la seguridad del estado vigilaron sus actividades, mientras se les ofrecían televisores y otros electrodomésticos generalmente  reservados para altos funcionarios del gobierno.

Haydée Santamaría Hart, veterana del ataque del 1953 al Cuartel Moncada, directora de la Casa de las Américas y esposa del Ministro de Educación cubano, pudo haber sido víctima indirecta de esta tragedia.  Poco después de los hechos, se dice que visitó a algunos de los sobrevivientes en el hospital de la ciudad de Matanzas.  Menos de un mes después, el 25 de julio de 1980, presa aún de la desesperación que le ocasionó el éxodo por mar del Mariel, se suicidó.

Fuentes: Entrevista con Eduardo Lolo, 27 de mayo, 2007 (autor y profesor residente en la ciudad de Nueva York quien vivía en Matanzas por las fechas de la masacre y conocía a algunos de los sobrevivientes). Testimonio de María Julia Hernández, sobrina de la víctima Vicente Fleites Cabrera. Expediente oficial del Tribunal de la provincia de Matanzas, publicado en Dr. Alberto Fibla, Barbarie: Hundimiento del Remolcador 13 de Marzo (Miami: Rodes Printing 1996).  “Cuba reportedly sank hijacked excursion boat in 1980,” Associated Press, Washington, D.C, December 8, 1985.  Joseph B. Treaster, “Radio Martí Says Cuba Sank Hijacked Boat in ’80,” The New York Times, 8 de septiembre 1985.  José Pérez-Marat, La Masacre del Canimar, Miami, informe sin fecha. Tim Bower, Between the Devil and the Deep Blue Sea, Endowment for Cuban American National Foundation, Miami, 1993.  Norberto Fuentes, ed. Modesto Arocha, Children of the Enemy, The International Republican Institute, October 1996, /www.sigloxxi.org/Archivo/children.htm.  Armando M. Lago, Cuba: The Human Cost of Social Revolution, Manuscrito inédito.

*Traducción al español por Diana Alvarez.

Fuente: Cuba Archives

 

Hispanista revivido.