Cuando me siento especialmente inspirado para la ocasión, cada vez más, estoy llegado a la conclusión de que algún “asesor gubernamental” ya habrá propuesto en más de una ocasión a sus jefes, que la mejor solución para acabar con el problema de la gente mayor, de los viejos, lo mejor de todo y más rentable, es molerlos y hacerlos piensos para que esos animales, los perros, excelentes compañeros del hombre, que han llenado las casas, los pisos, y han pasado a ser los reyes del hogar, no tengan falta de proteínas.

No tengo nada en contra de los perros; todo lo contrario; pero no creo que estén los tiempos para que toda la solidaridad ciudadana se vuelque hacia ellos. Y si ya nosotros en nuestra generalidad somos una bandada de gilis, produce cierta tristeza cuando se ven los perros por la calle vestidos, reflejando la misma condición de sus amos.

Entre las muchas cosas que no ha resuelto esta España y ni está en ello, es en el hecho de la incorporación de la mujer al trabajo, y como una consecuencia muy directa las separaciones o rupturas de la pareja, y, tampoco, el atender a los viejos en las ciudades, donde, como el vejete no tenga retiro suficiente como para ser atendido por la “suramericana” correspondiente, se va a morir, y cuanto antes mejor en opinión de sus familiares, en la soledad de su piso, supuesto que los asilos, en la cristiana y católica España están en manos del clero, y el clero es el estamento más lejano de la solidaridad que existe, por encima de clubs, asociaciones o bandas, como no reúnas las condiciones económicas exigidas.

Cuando entras en los pormenores de cuestiones de tan triste actualidad y realidad; y cuando la dependencia lo es realmente del dinero y lo demás son cuentos chinos, como se ha puesto judicialmente de moda que por perjudicar o maltratar a un animal de compañía en esta España de estupidez votada y bien votada, tienes más delito que por hacerle mal a una persona, partiendo de semejante base social de preocupación actual, todo lo demás son gritos y escasos razonamientos, por no decir ninguno.

Cuando uno expresa en voz alta que para la pareja, con la forma de vida actual, con un porcentaje elevasímo de gente viviendo en las jaulas que son los pisos, la presencia y posibilidad social de que la mujer, porque es tradición por milenios, asunto que todos tenemos claro que no es un obligado dogma de fe, prepara a diario una comida de las llamadas de puchero o caliente, parece que todo en el hogar, digan lo que digan, los nuevos asesores sociales, funciona mejor que cuando el fundamental acto hogareño de contentar las panzas se efectúa por la vía de urgencia y el “bocado” para volver al trabajo.

El barco vació o el barco lleno para que no flote; es decir, el que la mujer tenga que trabajar sí o sí fuera de casa, como si el llevar una casa para adelante no fuera trabajo, no es un asunto que se deba convertir en un mandamiento social a cumplir o te condenan en un penal; sino que, más bien, debe de ser algo que si se tiene que hacer se hace, a cambio de la remuneración económica, pero no a cambio de que sea la primera obligación en la realización de la mujer.

Preguntaba estos días de atrás a un grupo de mujeres que me indicaran cuales son los parámetros sociales de conducta que definen que un hombre es machista o no; y, en concreto, no supieron o no quisieron responderme nada al respecto, porque después de la marabunta social que tenemos encima, creo que todos caminamos en un desconcertante proceso, donde, hasta ahora, los únicos seres vivos en las sociedades que estamos gestando que están ganando son los animales de compañía, mientras que los hombres, a pasos agigantados, estamos dependiendo de un sociedad estúpida y mentirosa, deshumanizada, que presume de culta y desenvuelta, pero mata, asola y abandona a sus elementos débiles, con la misma o mayor crueldad que en sus mejores años aquellos que llamamos tiempos bárbaros.

Y claro, como en todas las cosas, salvo que el sentimiento del ridículo tiene la misma intensidad desagradable en todos los países y culturas, no todas las patrias son iguales a la hora de atender a sus súbditos, y España no sabe ni los que tiene en dificultades, debemos de entender como patria, no la que forjan y hacen los políticos, que esos siempre van a la suya, y la suya no se sabe de tiempo, era o milenio que hay coincido con la del los pueblos, sino de aquella patria que forjamos entre todos los que ahora, en estos días, estúpidamente nos deseamos paz y felicidad, una frase hecha que puede quedar muy bonita y muy tradicional, pero que cada vez jode más escucharla, especialmente cuando ves con tus propios ojos como llegan las pateras cargadas de seres humanos que viene huyendo de las hambres y las desgracias, y algunos locales que van paseando el perrito abrigado para que no se constipe, pronuncian aquella otra frase hecha de : “No se donde coño vamos a llegar, si ya estamos más que completos…”

Toda una reflexión egoísta que es mucho más sincera que aquella otra de desear paz y felicidad, y acto seguido sacar la cuenta de las toneladas de pienso que se podrían sacar.

Salud y Felicidad en el año 2.055 de la Era Hispánica. Juan Eladio Palmis Sánchez.

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