El caso es que entre las muequitas de Trump y la vocecita de niña boba de la esposa y la voz de cotorra con catarro de Hillary Clinton nuestros tímpanos padecerán durante unos buenos años

 

Por Zoé Valdés

En sociedades volcadas en el espectáculo, donde lo único que importa es dar el batacazo momentáneo en contra del enemigo (que no del adversario, adversario es otra cosa muy del pasado), estamos asistiendo al refrito del refrito. No hay una expresión del pensamiento, lo que existe es la mala copia de lo que una vez funcionó y marcó a los votantes, o lectores, en el caso de los artículos y libros.

La señora Melania Trump, esposa del candidato republicano Donald Trump, fue acusada de plagiar en su reciente discurso en la Convención Republicana las palabras de la primera dama Michelle Obama en un discurso del 2008. El plagio no fue confirmado por la escritora de turno del discurso, contratada y pagada para ello pues enseguida declaró que ni se tomó el trabajo de leer el discurso de Michelle Obama -según ella tan admirado por Melania Trump, y que solamente reprodujo los puntos pautados por Melania del discurso de la primera dama. La no confirmación es más comprometedora casi que el plagio: concluye que Melania es una rabiosa admiradora y seguidora de Michelle Obama, siendo como es la esposa del candidato republicano a la presidencia.

Los que con tanta rapidez indagaron en relación al discurso de la señora Trump no lo hicieron y todavía se niegan a efectuar idéntica investigación acerca de a quién habría plagiado la señora Obama en su momento. Resulta que la señora Obama, así encontrado muy por arribita en Facebook, al parecer plagió a Nancy Reagan en un discurso de 1982 cuando pronunció ella a su vez otro discurso en el 2013. Si así ocurrió, yo lo que me pregunto es por qué Melania Trump no fue y plagió directamente a Nancy Reagan, ya que estamos, en vez de irse con la bola “cuadrada” de Michelle. Ah, pero Melania no admira seguramente a Nancy Reagan.

Pero no son solamente las primeras esposas de los ¿contrincantes? los que se plagian, comparemos este discurso de Barack Obama en el 2008 con el de Deval Patrick en el 2006.

Lo curioso es que a nadie se le haya ocurrido sacarlo y exponerlo en todas las vitrinas de la prensa izquierdosa del mundo mundial como sí han hecho con la señora Trump.

A mi Donald Trump me da que pensar. ¿Este señor no era amiguísimo de los Clinton, no financió la campaña de algunos demócratas, qué hace entonces coronándose con el Partido Republicano? Pero bueno, igual cambió de palo p’a rumba en un santiamén, que todo es posible en este mundo del espectáculo, que es de donde proviene en buena medida el candidato Trump.

No me gusta Trump, pero tampoco me voy a quedar tan tranquila, aquí hay gato encerrado: La misma prensa que antes le lameaba la supuesta pelucona rubia ahora le tira de la misma con una furia poco vista. Que si el señor es racista, que si es un ladrón, que si es un esto y un lo otro, lo peor de lo peor del mundo. Entonces, ¿por qué lo vota y lo quiere para presidente tanta gente? En cuanto a Hillary, más de lo mismo, pero con los medios de comunicación a su favor, como era de suponer. Sin decencia, ¿qué es eso?

¿Por qué tanta gente sigue al millonario showman? ¿Será porque Trump continúa siendo el que mejor asegura el espectáculo? ¿O porque verdaderamente suponen que resultará el que cambiará de manera radical al país como argumenta la mayoría de sus devotos?

El caso es que entre las muequitas de Trump y la vocecita de niña boba de la esposa y la voz de cotorra con catarro de Hillary Clinton nuestros tímpanos padecerán durante unos buenos años. Pero, qué idiota soy, si es que no hay espectáculo sin ruido. El ruido, claro está, forma parte de la “cosa”.

En cuanto a los plagios de libros, los que copian de Wikipedia, los de esos mismos políticos, y ya no mencionemos los de los escritores fabricados y de los que por ansiar devenir famosos acusan de plagio a los únicos que una vez los citaron con nombre y apellidos (como hicieron conmigo), tocaré el tema en otro post. Bien lo merece. Sólo recuerden el libro del ensayista Carlos Rangel y uno de sus obras mayores Del buen salvaje al buen revolucionario, uno de los análisis más plagiados en la historia más reciente de lo que entonces se llamaba todavía pensamiento. Ahí se los dejo.

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