La actual gira por algunos países del Cono Sur que realizan dos jóvenes políticos españoles de Izquierda Unida y PODEMOS, Eduardo Velázquez y Sara Vilà respectivamente, ponen de manifiesto una laguna que no ha sido capaz de llenar ningún partido institucional español por más de izquierdas que sea: el del abandono en que tienen a la comunidad española residente en Cuba.

Es como si Cuba no existiera en el mapa de los políticos españoles. En efecto, si a la isla viajan con frecuencia los secretarios de acción exterior que se ocupan de los asuntos de la emigración en las Comunidades Autónomas, principalmente los de Galicia, de Canarias y Castilla y León principalmente. Casi ningún joven político de esta generación, ha puesto los pies en La Habana de manera oficial para reunirse, como lo acaban de hacer Vilà y Velázquez en Argentina, con la comunidad española presente en la isla, que recordémoslo; es la tercera en número en Hispanoamérica, y está llamada a sobrepasar a la Argentina si llegase a aprobarse la reforma del Código Civil que propuso la formación de Vilà en el Senado en el mes de agosto.

De memoria y desde que existe este espacio, la única que ha viajado La Habana de manera oficial ha sido Rita Maestre, que se desplazó hasta la isla en julio del año pasado para formalizar un acuerdo para la rehabilitación integral e iluminación del Paseo del Prado cubano dentro del programa de cooperación de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas. No trascendió que se reuniera con ningún representante de la comunidad española, ni que enseñara las tetas en la Catedral.

Contrasta esta situación el interés que despierta la comunidad española que reside en Argentina, que ha sido visitada en los últimos meses por Pablo Iglesias, Alberto Rivera, por no citar a dos de los más conocidos. Es verdad que los españoles de Cuba no están organizados en antenas partidistas que los representen, como sí es el caso de Argentina, que cuenta con una poderosa (e influyente) plataforma de Partido Socialista. No son las únicas, también existen otras antenas del Partido Popular, de PODEMOS y de Izquierda Unida, con representación permanente.

Ejemplo de falta de respeto hacia los usuarios del Consulado de España en Cuba.

Y es que verdad sea dicha, ninguno de esos nuevos españoles se interesa en la política peninsular, puestos como tienen los ojos en Miami. Aun así, no deberían los estadistas peninsulares ignorarla por más tiempo. Para empezar, estos españoles del Caribe también votan, y sería un error político continuar dándoles de lado por más tiempo. En primer lugar, porque se trata de una generación de españoles formada con un alto nivel educativo y que España necesitará inmigrantes en el futuro. En segundo lugar, porque iniciarlos a la vida ciudadana, (aunque sólo sea para votar en las elecciones españolas ya que a nadie se le ha escapado que la isla es una dictadura) enviaría un mensaje muy útil al resto de los cubanos, que verían, por ejemplo, como una parte de su comunidad puede jugar un papel significativo dentro de una sociedad democrática como la española.

Por supuesto, que la iniciativa tendría que venir de la Comunidad española insular que tiene tantos asuntos pendientes por resolver, empezando por el tema de las propiedades confiscadas, el de la nacionalidad, el voto rogado o el de los desmanes que se cometen a diario en el Consulado de España en Cuba, que suele tratarlos como ciudadanos de segunda clase. Pero para ello deben sacudirse las cadenas que los oprimen, que no son las de la dictadura, sino la de sus propios “representantes” que no sirven para nada, excepto para aspirar las subvenciones que Madrid y las Comunidades Autónomas envían cada año.

Pero los españoles de Cuba no pueden saltarse solos todos los obstáculos. Necesitan un empujón para ponerse en marcha. Es inexplicable que los nuevos políticos continúen ignorándolos. El recién finalizado viaje de Pedro Sánchez a La Habana, concluyó con un protocolo de acuerdos entre los que se encontraba el de discutir sobre los asuntos de derechos humanos. Ese marco ya trazado, sería el espacio ideal para que los partidos institucionales exijan el respeto que se les debe a los españoles de Cuba imaginando, como ya es el caso en otros países del entorno, la apertura de antenas que puedan agruparlos para defender sus derechos como españoles que son.

4 COMENTARIOS

  1. Es una gran verdad lo que se comenta en este articulo.Ninguno politico español se ha preocupado. Hemos hablado en otros comentarios acerca de esto. Y por tanto las autoridades cubanas mucho menos. El anterior representante de españa en Cuba se canso de pasear por toda la Isla, alardeando de ser un preocupado por la comunidad española en Cuba, estuvo no se cuantos años en ese cargo. ¿Que hizo?. Cuantas fiestas hizo en el consulado. En el famoso consulado de la Habana.Que todos recordaremos y que por su puesto pasara a la historia. Con cuantos compartio y hablo de muchos temas, menos del fundamental o no le hizo caso a este tema.Otros representantes han venido y se han reunido con las diferentes organizaciones, se ha hablado del tema de los descendientes, pero todo se queda ahy. Parece algo magico.
    Bueno, seria una inyeccion letal si Sara Vila viniera a Cuba a los que quieren seguir con el juego en el consulado de la Habana en Cuba, y a los que tienen que hacer para que se resuelva el problema y no hacen nada. Alguien se habra preguntado ¿porque este asunto no se resuelve?
    Algun dia se sabra. Aunque mucho si lo conocemos y no podemos decir nada.

  2. De Cuba es mejor no hablar, es ignorada por los españoles, por los puertorriqueños que quieren ser parte de España, es ignorada por los latinos. Cuánta memoria deberá tener cada cubano para sobreponerse a tanto olvido.
    El problema es que en Cuba estamos tan saturados por la política que cuando salimos, nos apartamos de ella como si fuera nuestra enemiga. No queremos votar, no queremos acercarnos a los partidos, y por eso no nos respetan. Eso tiene que cambiar, los cubanos debemos tener entrenamiento cívico en democracia, debemos votar por lo que les conviene a los cubanos, dondequiera que estemos.

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