Hoy he leído la frase “Cuando el corazón no rebosa de las energías vitales del amor y de la armonía, ni el dinero, ni el poder, por mucho que sean permiten estar en paz”.

A mi mente vino en estos momentos, la educación que  nos proporciona en la sociedad donde vivimos  que nos enseña a fuego, que lo más importante para alcanzar la felicidad es  el dinero y el poder, sin darse cuenta que el camino que nos muestran es completamente erróneo y que la única manera posible de alcanzar la felicidad es estar en paz con uno mismo, disfrutar de buenas amistades y de los pequeños momentos que  la vida nos proporciona. Sin duda el camino de la vida no es fácil para nadie.

Cuántas familias muy próximas a mi he visto destrozadas por las peleas internas de pequeñas herencias, que ni siquiera le solucionan la vida a ninguno de sus miembros. La ambición de poseer los ciega y se dedican a luchar a brazo partido por las propiedades de su padres, rompiendo quizás lo más importante que tienen que es su familia, el cariño y el respeto de los unos hacia los otros.

Ayer en casa antes de ir a acostarnos y una vez en la cama, como hacemos todas las noches mi mujer y yo conversamos acerca de las vivencias del día,  me quejaba a mi mujer de que no podía disponer de algunos de los caprichos que siempre había ambicionado.

Ella me respondió que no debía quejarme, tienes lo más importante de la vida como los verdaderos amigos que darían la vida por ti, tienes excelentes relaciones con tus compañeros, me tienes a mí, dispones de salud, duermes todas las noches tranquilo y no te falta lo esencial para vivir, y encima te realizas en tu hobby como escritor, que más le puedes pedir a la vida.

Has recogido en vida lo que has plantado durante años, sin duda has recorrido un camino difícil, pero la vida te ha recompensado con creces. Cuanta gente le gustaría tener de lo que tú dispones, no eres rico en dinero pero eres rico en espíritu. Me puso el ejemplo de algunos conocidos que habían puesto todos sus esfuerzos en conseguir dinero y poder, tenían todos los caprichos a los que una persona puede aspirar y  ser socialmente admirados por su patrimonio, pero estaban profundamente solos, no tenían familia  y en muchos casos al haber renunciado a sus principios éticos y morales  por la consecución del dinero y el poder, esta forma de proceder los había conducido a la más profunda infelicidad y lo que es peor a su renuncia como personas, eran acomplejados y profundamente infelices.

Pensé fríamente las sabias palabras de mi mujer, realmente tenía razón a nosotros que no disponíamos de fortuna personal, no nos faltaba lo esencial que es ser coherentes con uno mismo y disfrutábamos del cariño de cuantos nos rodeaban, en definitiva disponíamos de lo necesario para ser felices y sin duda lo éramos.

La sociedad en la que nos movemos nos recuerda constantemente a través de los medios de comunicación que para la consecución de la felicidad es requisito indispensable el dinero y el poder. A la consecución de los citados objetivos dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzos, descuidando la parte más importante de la persona que es la de amar a los demás, ayudándoles en la medida de nuestra posibilidades en los problemas que les acontecen a lo largo de la vida diaria  y  a lograr la paz de espíritu que deben ser el objetivo de nuestra meta. Cuanto más dinero y propiedades acumulemos más nos hacemos esclavos de ellas de ahí cobra sentido la frase no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.

Con esto yo no quiero decir que el dinero no deje de ser importante, que si lo es, pero en la medida que éste sirve para alcanzar nuestras necesidades esenciales, una vez alcanzadas éstas, debe dejar de serlo y en ese preciso momento debemos centrar nuestros esfuerzos en alcanzar nuestra felicidad y nuestra paz interior,  podemos poseer todo el dinero del mundo y todo el poder pero somos unos desgraciados como personas y como seres humanos, al traicionarnos a nosotros mismos por aquellas cosas  materiales que sin duda no nos conducirán a la felicidad.

Mi abuelo un viejo médico humanista, decía: “Tú puedes tener todo el poder y dinero del mundo, ahora bien si el día que te mueras nadie derrama una lágrima por ti desde el corazón, ten por seguro que tu vida ha sido un completo fracaso”.

El día en que mi abuelo murió, en el momento de su entierro la iglesia rebosaba de gente, allí observé en la cara de gran cantidad de los asistentes que éstos derramaban abundantes lágrimas que brotaban desde lo más profundo de su ser y que otros me manifestaban de corazón  lo que había significado mi abuelo en sus vidas y cuanto lo echarían de menos. Sin embargo en otras ocasiones, he asistido al acto de recibir cristiana sepultura de importantes políticos que disponían de grandes cotas de poder y grandes fortunas, con las iglesias abarrotadas de gente y con una puesta en escena magnificente con la asistencia de las autoridades de la isla,  en los que en ningún caso tuve la percepción que sentí el modesto entierro de mi abuelo. En ese momento comprendí, el significado de aquella frase que me enseñó cuando  era  niño, esa frase la he llevado grabada en mi mente y ha presidido la forma de actuar a partir de aquel momento, hace ya más de cincuenta años.

Desde este punto de vista  he intentado comprender el perfil psicológico que se oculta detrás de aquellos que llegan al poder, someten una población e intentan perpetuarse en él una vez que lo alcanzan, manteniéndose a costa de la traición y el engaño de aquellos que de buena fe lo apoyaron para conseguir sus oscuros objetivos, incluso eliminándolos de cualquier forma.

Ellos sin duda  intentan demostrar su poder ante una población a la que someten a través del control del aparato del Estado que se encuentra en sus manos y se creen sin duda mucho más importantes, ante un pueblo que no le queda más remedio que soportarlos, cuando en el fondo de su alma si se miran con honestidad, saben que son unos desgraciados con evidentes complejos de inferioridad  intentando  hacer pagar sus frustraciones en aquellos que se encuentran bajo su influencia.

¿Que subyace en el fondo de estos personajes que creyendo tener el poder, el control de la parte económica  y  un pueblo al que dominan sustrayendo sus libertades? Ellos con esta actitud pretenden sentirse plenamente reconocidos, se sienten objeto de admiración por los que creen que han sometido y se encuentran bajo su poder, a los que no les queda otro remedio que plegarse, cuando lo que realmente generan es repulsa, pero están tan borrachos de poder y bañados en  su ego por aquellos que los adulan únicamente para conseguir sus favores que no quieren verlo, en definitiva son unos pobres hombres carentes de valores éticos y morales que buscan en el control sobre los demás su propia satisfacción personal, sin duda así creen que se sentirán importantes y su pobre ego saciado. No son capaces de triunfar por sí mismos, ni de demostrar su propia valía en el campo  personal y se valen del mundo de la política para engañar a los demás y sentirse importantes. En realidad en lo más profundo de su ser saben que  son unos fracasados a los que sin duda la vida les pasara factura tarde o temprano, y cuando tengan que abandonar su existencia, en sus últimos momentos vivirán la más profunda de las soledades y se encontrarán con su mochila vacía, pero ya es tarde para rectificar y en ese momento de soledad en el que uno se enfrenta consigo mismo  se darán cuenta de los errores cometidos invadiéndoles una terrible angustia.

En definitiva el perfil de estos personajes no difiere mucho del de  Fidel Castro, que no triunfó como abogado, padecía una serie de lastres personales que arrastró desde su más tierna infancia, que lo llevaron  a unas ansias de poder por encima de cualquier límite razonable para imponerse  a los demás ejerciendo hasta los últimos extremos su autoridad que le confería la detentación de su poder político.

Este curioso personaje, una vez que arribó al poder, incumplió sus promesas de convocar elecciones libres e instaurar la antigua Constitución cubana de 1940 progresista para la época, engañó a muchos de aquellos que lo apoyaron en el proyecto revolucionario y que fueron sus colaboradores, costándoles a muchos de ellos la vida y en otros casos la cárcel. Sin duda la historia por mucho que nos pese se repite inexcusablemente, muchas veces nos dejamos seducir por personajes que en momentos delicados de una nación, llenan nuestros oídos con lo que queremos oír y sin duda la población harta de tantos desmanes les sigue, pero cuando llegan al poder se llenan de él y para mantenerse en  hacen lo que sea necesario para seguir en el poder siendo incluso peores que los anteriores.

Desde luego la frase que manifestó en su defensa en el alegato por el asalto al Cuartel de Moncada, donde dijo: “la historia me absolverá”, desgraciadamente no ha sido así, sino todo lo contrario.

Agustín Ravina Pisaca escritor de “Mi Habana en el Recuerdo”

Deja un comentario