París, 6 de octubre de 2015.

Querida Ofelia:

Hoy te mando otros de los nuevos testimonios (los números 13 y 14), que sigo recibiendo desde Miami de los ex guerrilleros del Escambray, nuestros amigos Miguel García Delgado y Roger Redondo González.

“Cuando Pompilio Viciedo hizo contacto con Roger Redondo para que lo aceptaran en el Escambray, fue ahí que, Roger que se buscó un problema con Darío Pedrosa. Pompilio Viciedo buscaba refugio en sus filas argumentando que el ejército lo tenía acosado y que pretendía matarlo, por lo cual él se veía obligado alzarse.

Tratándose de quién se trataba no había que hacer ningún tipo de averiguación, era un honor recibirlo y fue admitido inmediatamente, tanto él como los suyos. Luego sin más dilación se le autorizó a que regresara a recoger siete carabinas italianas, uniformes, 200 balas para cada carabina, cananas y cantimploras. Roger y Armando Salabarría con un caballo, montaron en un serón las armas, y en dos viajes completaron la misión. Ellos fueron a la Aguada del Negro, que distaba 2 ó 3 kilómetros. Ese fue el recibimiento a Pompilio Viciedo por los alzados del Escambray y la iniciación de una guerrilla cuya jefatura la hizo inoperante.

Abastecer la guarnición militar y el hospital de Topes de Collantes se convertía en un espectáculo único en su clase. Docenas de camiones cargados de mercancías iniciaban la ascensión, que serpenteando la carretera que conducía a la elevada cumbre, iban protegidos por un convoy militar encargado de cubrir por igual la vanguardia y la retaguardia de aquella fila de vehículos interminables, cuyo operativo se hacía cada vez más incosteable, dado que los soldados despilfarraban miles de municiones disparando con sus armas a ambos lados de la carretera. Con aquel alocado derroche pretendían ahuyentar a los alzados de cualquier posible emboscada. Pero era en vano, en cualquier curva de camino, agazapados en alturas rocosas, o confundidos entre la maleza, pequeñas guerrillas eran suficientes para efectuar ataques relámpago que sembraban el pánico y el desconcierto entre la soldadesca. Los guerrilleros habían aprendido a ocasionar estragos al enemigo y a proteger a los suyos, evitando riesgos innecesarios que hicieran crecer el rosario de mártires que había quedado en el camino. Pero no todo era color de rosa.

En la carretera de Topes de Collantes, una de las guerrillas acantonada en las cercanías que no reportaba haber ocupado los puestos asignados. Ese fue el caso de Pompilio. Él fue asignado a la zona de Mangos Pelones o sea a los alrededores de Topes de Collantes, desde los cuales el debería fustigar al enemigo. Pompilio Viciedo se fue mucho más allá de la zona asignada, es decir al área del Circuito Sur, que era un área de menos actividad militar. Pompilio era un hombre de reconocida reputación por su participación en la Guerra Civil Española, y en la lucha armada contra la dictadura de Gerardo Machado. En su zona natal de Sancti Spiritus era respetado y admirado por muchos, vivía modestamente con el producto obtenido honradamente con la venta de carbón. Tras el advenimiento del Golpe de Estado del 10 de marzo, muchos jóvenes acudían a él en busca de sus sabios consejos y de su experiencia militar.

Pero Pompilio Viciedo ya no era el mismo, los años lo habían vuelto conservador y no creía en la lucha armada, consideraba como una vana pretensión cualquier intento de alzamientos para enfrentar a un ejército bien equipado y que por ende contaban con una moderna aviación.

Después de haber sido designado para que cubriera la zona de la carretera de Trinidad a Topes de Collantes, fue transcurriendo el tiempo, y un día Pompilio se apareció en la comandancia y pidió hablar con Menoyo. A Pompilio se le había dado un área con autonomía operacional a su guerrilla, ya que con su historial y su experiencia le resultaba incómodo a Menoyo incorporarlo de subalterno en una guerrilla. Le dio por pensar a Menoyo que Viciedo vendría a reportar alguna operación exitosa, cosa que sería un gran logro por tratarse de la primera, pero no fue así.

Él venía como mediador para interceder en favor de Luis Vargas con quien había hecho contacto. Pompilio quería que se le diera una oportunidad a Vargas y a pesar de la insistencia, Menoyo le recordó quién era el mulato Vargas y la forma en que había desertado después de que todo el personal en Banao le había dado esa oportunidad absolviéndolo en el juicio que se le había hecho en Banao. Ni Luis Vargas ni quienes lo acompañaban eran confiables para nada por lo tanto Menoyo no lo quería en ninguna de las guerrillas en el Escambray.

Pompilio juraba y perjuraba que Luis había cambiado y que era preferible tenerlo bajo control que deambulando anárquicamente por las montañas, él se responsabilizaba con ellos si Menoyo lo autorizaba a que permanecieran en su guerrilla.

Menoyo pensó que la argumentación de Pompilio y su propuesta no dejaba de tener su lado positivo, se quedó pensativo hasta que al fin accedió. Pompilio se sintió muy honrado al ver que su gestión diplomática había fructificado positivamente. Luego se le autorizó a que estableciera un campamento cerca del cuartel de Topes de Collantes y se le asignó como objetivo operacional el último tramo de dicha carretera.

Los días transcurrían rítmicamente uno detrás de otro día, al Estado Mayor llegaban diariamente reportes de operaciones realizadas por las guerrillas. La de Pompilio Viciedo por el contrario seguía vegetando, al parecer de nada le servía su experiencia, y su espíritu había sido minado por su falta de fe anulando por completo su compatibilidad, o al parecer tomaba muy en serio aquel refrán de cría fama y acuéstate a dormir. Pero lo cierto es que los propios hombres de su guerrilla le estaban perdiendo el respeto. Pompilio se estaba convirtiendo en el hazme reír de todos ellos, algunos inclusive ponían en duda la veracidad, su participación en la Guerra Civil Española y se mofaban de él, como quien dice… ‘éste no ha tirado un tiro en su repuñetera vida’.

Realmente era lastimoso el tener que admitir como se resquebrajaba su autoridad a medida que crecía el descontento entre sus hombres, quienes no perdían la oportunidad de hacerle llegar notas a Menoyo solicitando su traslado para otras guerrillas. Al no haber sido atendidas al tiempo dichas peticiones, se dio a lugar a que se colmara la copa, tras un bochornoso episodio que patentizó su falta de iniciativa y de combatividad. Un día Pompilio Viciedo había ordenado en la casa de un campesino que le asaran un pequeño lechón, para su guerrilla.

En el cuartel militar de Tope de Collantes, acostumbraban a desplazar pequeñas patrullas en misión exploratoria por los alrededores, una de estas patrullas de rutina, compuesta por 30 soldados detectó la presencia de los guerrilleros y avanzó hacia ellos. Pompilio Viciedo sabía que la orden era combatir, no dejar que los soldados llegaran a la casa y pudieran tomar represalias contra los campesinos, su reacción dejó mucho que desear, y sin presentar ningún tipo de resistencia lo abandonó todo, y ordenó a sus hombres que lo siguieran en una fuga innecesaria y carente de sentido común. La soldadesca como es lógico estaba feliz ante aquel inusual espectáculo y atraídos por el apetitoso lechoncito que se cocinaba, y que ya estaba casi listo para ser comido, decidieron abandonar todo tipo de persecución y optaron por el suculento banquete, el cual los dejó tan satisfechos, que se despidieron cortésmente de los campesinos, sin tomar ningún tipo de represalias contra ellos.

Después que ocurrió aquello, todos los guerrilleros se fueron al Estado Mayor y dejaron abandonado a Pompilio y su segundo al mando Sindo Naranjo. Alegaron que no querían estar más en la guerrilla de Pompilio.

Pompilio también se presentó al Estado Mayor y acusó a un grupo de sus guerrilleros de desertar y pidió hacerles un juicio por desertores.

Menoyo le asignó al capitán Roger Redondo González la misión de investigar el caso de Pompilio. Roger entrevistó a varios de los guerrilleros y también a Pompilio. Roger conocía a la mayor parte de ellos, por ser casi todos espirituanos.

Con el primero que habló fue con Pompilio y después con Sindo Naranjo. Durante sus declaraciones ellos dijeron que los guerrilleros se negaron a seguir las órdenes y habían roto la disciplina. Esa entrevista la hizo Roger en el campamento de Anastasio Cárdenas, donde ellos fueron destacados hasta terminar la investigación. Roger hablaba como amigo a Pompilio y a Sindo, no como investigador. El sentía amistad por los dos pues Sindo Naranjo vivía al lado de su casa en la calle Martí, durante los gobiernos de Prío Socarrás y Grau San Martín. Él era policía, pero cuando Batista dio el Golpe de Estado renunció.

A Pompilio lo conocía desde que Roger tenía 17 años de edad y le leía la Carta Semanal, pues aunque él tenía un hermano dentista y un tío médico de nombre Díaz Viciedo, sabía leer muy poco.

Después Roger fue a ver a los hombres de Pompilio. Todos ellos declararon por separado.

Y esto fue lo que declararon los guerrilleros…. Cuando un campesino les avisó de que una patrulla de soldados enemigos se acercaba a su campamento, los muchachos querían emboscarlo pero Pompilio dio la orden de retirarse.

Para dar más datos adicionales sobre esta triste historia Roger entrevistó a varias personas entre ellas a Jorge Becerril (El Chino), uno de los guerrilleros que se incorporó al grupo de Pompilio y subió con él al Escambray desde Sancti Spiritus.

-Roger Redondo González: Chino yo le entregué las armas a Pompilio en la Aguada del Negro de Banao en su camión, pero desde allí no sé cómo se reunió con ustedes.

-Jorge Becerril: Él trajo las armas para la finca de Villegas que estaba detrás del aeropuerto en el camión, pero Pompilio no sabía manejar y tenía un chofer.

-RR: Sí eso yo lo sé pero él tenía un hombre que le manejaba.

-JB: Las carabinas venían en sacos de yute y tenían mucha grasa. Allí en la finca Villegas, vivía Casito Jimeraniz. Pompilio nos dejó a Lázaro Moreira, Osvaldo Castro, Guillermo Gálvez, y a mí, limpiando las armas y fue a la casa de la familia Villegas. La esposa de Gilberto Villegas (hermano de Enrique Villegas) estaba sola, pues él ya estaba alzado con nosotros en el Escambray . Pompilio recogió una carta para Gilberto, O.K.

-RR: La esposa de Gilberto se llamaba Ofelia Allen Díaz.

-J B: Cuando cayó la noche Casito nos llevó hasta la carretera central donde estaba la casa de Souto el del café, pero no llegamos hasta la casa. Allí nos esperaba Pompilio, Sindo Naranjo, y el resto de la guerrilla que la componían Rey Salas, Raúl Salas, y dos hermanos que Pompilio trajo de Jatibonico , uno se llamaba Sarvelio. De allí nos fuimos caminando por el callejón de La Picapica, pasamos por detrás de Las Tosas, hasta la finca El Jaguar. Ya cerca de Caballete de Casas, paramos en una casa donde nos fue a recoger Luis Vargas. Por cierto que él nos trajo una mochila con carne de cerdo frita y tabaco. Vargas llegó con uno que le decían el Nene francés (Agustín Bernal), el cual murió más tarde en el ataque a Trinidad junto a Anastasio Cárdenas. Desde allí caminamos hasta Caballete de Casa, al hogar de Rufino Quincoza. Pompilio se quedó allí y nos mandó a buscar con Vargas unas armas que éste último tenía escondidas en la finca El Cacahual de Banao, a 14 kilómetros de Caballete de Casas.

-RR: ¿Quiénes fueron con Vargas a buscar las armas?

-JB: Éramos cuatro, fuimos con Vargas: Lázaro Moreira, Nene Francés y Ciro Bombino y yo.

-RR: ¿Todos llegaron hasta la cueva?

-JB: Sí todos.

-RR: Pompilio no conoció esa cueva.

-JB: No, él se quedó en Caballete de Casas. Cuando regresamos a Caballete llegaron Joaquín Rodríguez y otro hombre que no me acuerdo de su nombre. Joaquín, traía la pistola de ráfagas que fue con la que mataron al coronel Blanco Rico, jefe del SIM en La Habana. A Rolando Cubela, no le gustaba andar con ella.

-RR: ¿Qué pasó después de que recogieron las armas?

-JB: De allí salimos hasta Caballete de Casas para unirnos de nuevo con Pompilio y el resto de la gente. Rufino Quincoza, nos dio carne de cerdo y acampamos en la finca de Gavilanes pero no llegamos a la casa de la finca.

-RR: Dime Chino los nombres de todos los que recuerdes, de todos los compañeros por lo menos los que tú puedas recordar.

-J B: Luis Vargas, Joaquín Rodríguez, Ciro Bombino, Nene Francés, Guillermo Gálvez, Sarvelio el de Jatibonico, Rey y Raúl Salas los dos hermanos también de Jatibonico. Además Lázaro Moreira, Osvaldo Castro, y Jícara, que es viejo amigo nuestro del barrio pero del que nunca supe su nombre.

-RR: Ah sí lo conozco de toda mi vida, pero nunca supe el nombre sólo que era el mejor pelotero del pueblo.

-JB: Oh, si hubiera seguido jugando pelota hubiera llegado a las grandes ligas.

-RR:- Bueno, ¿En Gavilanes tendieron las hamacas?

-JB:-Chino no traíamos hamacas, dormimos en el suelo sobre unas pencas de palmas.

-RR: ¿Y después de allí?

-JB: De allí caminamos hasta la casa de Moreno, cerca del río Agabama.

-RR: ¡Oh sí! Nosotros conocíamos a Moreno, con el mote de Bigote, pues él tenía un bigote enorme y vivía solo con un hijo.

-RR: ¿Y de la casa de Moreno adónde fueron a parar?

-JB: Moreno, nos llevó de guía montado sobre su caballo blanco hasta la finca de Raúl la Rosa. Raúl nos llevó hasta la finca La Gloria.

-RR: ¡Oh sí! Esa finca era de Julito Lara y su hermana Gloria, Allí nos recogió Piro Lema y nos llevó hasta donde estaba Menoyo en Guanayara en la casa de Dulce Cabrera. De allí Pompilio, quería irse pues él no quería que lo viera Rafael Cadenas, que ya se sabía venía con el grupo de ustedes.

-JB: Por esa zona se nos unieron dos hombres. Uno era hijo del representante de la cerveza Polar, y al otro le decían el Cuchillero, (éste era de Placetas), pero no sé los nombres de ninguno de los dos.

-RR: Dime Chino, ya cuando salen ustedes de Guanayara para Topes de Collantes. ¿Dónde surgió el problema entre ustedes y Pompilio?

-JB: No, nosotros salimos para la carretera del Circuito Sur (Trinidad-Cienfuegos).

-RR: Ok, es lo mismo, lo importante es el hecho.

-JB: A la salida de Guanayara para el Circuito se nos unió el padre del burrito Pérez Pérez.

-RR:- ¿Cómo se llama?

-JB: Orestes. Él traía un maletín que le dieron para que lo trajera de la Clínica los Ángeles de Sancti Spiritus. Se lo dio Rodriguito Orizondo, repleto de antibióticos y otras medicinas. Cuando llegamos a la zona del Circuito Sur, Pompilio, nos dio órdenes de hacer emboscadas en seco.

-RR: ¿En seco? ¿Qué quiere decir eso?

-JB: Bueno donde no había soldados enemigos. Porque el Pompilio era un cobarde.

-RR: ¡No espera, no era cobarde! Lo que pasa es que él no estaba siguiendo las órdenes del mando nuestro. Él seguía las órdenes de Wilfredo Velázquez (el Compañero José), que era la de no exponer su vida por ser él un cuadro del partido. Y él no podía morir allí.

-JB: Hacer emboscadas cuando no había presencia del enemigo y salir huyendo cuando apareció la oportunidad de hacer una emboscada, eso es cobardía.

-RR: Ok, Chino al grano. ¿Cómo fue lo del incidente de la rebelión de ustedes?

-JB: Estábamos asando un lechón y llegó el campesino de la casa y nos avisó que unos soldados de Batista que se encontraban trabajando en arreglar el tendido eléctrico se acercaban a la casa, y que sólo eran seis, no treinta como él decía. Nosotros nos pusimos en posición de combate sin esperar por las órdenes del jefe. Pompilio y Sindo nos comenzaron a dar la orden de retirada dejando el lechón asado y a huir de un grupo chiquito de soldaditos.

-RR: Chino ¿Tú no recuerdas el nombre de la finca o de los que vivían allí o qué casa era?

-JB: El nombre no, pero era una casa a dos kilómetros del Circuito y la casa tenía un cafetal muy frondoso.

-RR: Así no puedo saber la casa pues todos los cafetales de esa zona eran muy frondosos. ¿Era plano o eran lomas?

– JB: Habían lomas pero más bien plano, tú sabes que yo no conozco por ahí.

-RR: Eran muy pocas las casas por ahí, pero seguro que era la casa de Benitico Castillo que está en El Colorado cerca de la carretera del Circuito Sur.

Y aquí terminó la entrevista de Roger con el Chino Becerril.

Llegado el momento en que se encontraba el caso de Pompilio no le quedó más remedio que admitir su responsabilidad, pero trataba de minimizar la importancia de los hechos alegando que había actuado bajo la creencia de que se trataba de fuerzas inmensamente superiores y al mismo tiempo trataba de desviar la atención acusando de desertores a todos los miembros de su guerrilla. Es decir, trataba como se dice de ‘virar la tortilla’ y convertirse de acusado en acusador. Pero nada apuntaba en su favor, por mucho que le doliera al Estado Mayor aplicar medidas disciplinarias contra una persona con la cual se simpatizaba por su historial y prestigio bien ganado.

Al Estado Mayor no le quedó más remedio que degradarlo a él, tanto como a su segundo al mando, y ponerlos ambos bajo las órdenes del comandante Anastasio Cárdenas en su columna, en la cual deberían combatir hasta que por méritos propios recuperaran sus grados. Como es de suponer, aquella orden fue recibida por ellos con muestras de amargura reflejadas en sus rostros, pero como corresponde a todo buen soldado pareció ser acatada disciplinadamente.

Parecía que todo se había arreglado pues a los miembros de la guerrilla de Pompilio los ubicaron en otras guerrillas. A Pompilio y Sindo Naranjo los dejaron bajo las órdenes de Anastasio Cárdenas.

Por segunda vez Roger fue a ver a Pompilio y a Sindo Naranjo al campamento de Anastasio y ellos le manifestaron su disgusto, pues querían operar en la zona de Sancti Spiritus. Después Roger fue a hablar con Menoyo para saber qué se podía hacer.

En aquellos días habían muchas escaramuzas por los cafetales pues no teníamos el control de las zonas y el enemigo entraba por todas partes”. Miguel García Delgado

En los próximos días te seguiré enviando otros testimonios sobre la lucha guerrillera en el Escambray.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Foto:Pompilio Viciedo – a la derecha-, durante la Guerra Civil Española.

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