José Gabriel Barrenechea

En Cuba las empresas comercializadoras minoristas no pueden rebajar el precio de los artículos ni aun cuando ya han pasado de su tiempo de vencimiento. Lograrlo implica una cantidad inmensa de papeleo, y casi solo puede hacerse con un permiso personal del Presidente del Consejo de Estado.

En Cuba, por lo tanto, el que vende, en teoría el pueblo propietario de los medios de producción y distribución, no puede nunca perder. A costa, no obstante, del mismo pueblo, que es también el que consume esos artículos a los que no se le puede bajar su precio de venta en establecimientos minoristas, del pueblo, ni aun cuando ya están vencidos.

Aquí, evidentemente, hay algo que no encaja.

La caducidad de un producto solo no conlleva obligación de rebaja para el consumidor, dónde el Mercado no funciona, por la existencia de un monopolio total de la oferta que no deja posibilidades de exigir nada al que demanda. Salvo agradecer a su proveedor, y aplaudir cuando prometa revisar el problema.

La realidad es que es el pueblo el que consume casi sin ninguna defensa legal, pero no es a la vez el pueblo el verdadero propietario de los medios de producción y distribución de la riqueza.

Cuba, más que un estado socialista establecido sobre las ideas de progreso social de Carlos Marx, está realmente edificado sobre la peor pesadilla del Gigante de Tréveris: Cuba es un estado en que ha concluido el proceso de concentración del capital en unas pocas manos, hasta el punto en que la empresa monopolista y el estado se han hecho uno y lo mismo.

En Cuba no tenemos un estado socialista, sino un monopolio económico que se ha convertido en estado, o un estado que se ha convertido en super-monopolio económico y financiero.

En esta situación la empresa monopolista-estado super-centralizado, ya no nos impone sus condiciones solo desde su favorable posición de control total sobre el mercado desde el lado de la oferta, sino también desde la privilegiada posición que le da el tener bajo su control a todas las herramientas de control y represión del estado moderno.

Que ese estado se arrope en todo un pretendido discurso de propiedad social, de socialismo marxista en definitiva, no es más que un recurso (efectivo, por lo que parece, si miramos lo engañados que hemos andado, y andan todavía muchos en Cuba) que ha debido emplear para intentar justificar ese dominio totalitario sobre la economía y la vida humana que para Marx solo podía ser la antesala de la victoria del verdadero socialismo: Aquel en que lo principal de la propiedad es social, o privada de interés social, y en que por otra parte ha ocurrido una real socialización del poder.

En este sentido, tú, que te dices socialista, o hasta marxista: La verdadera Revolución Socialista solo comenzará en Cuba cuando en el Referendo no simplemente refrendemos pasivamente lo que una élite de monopolistas de la propiedad, y el poder político, han tenido a bien concedernos, y que luego nos ha consultado de manera personal, pero sin permitirnos discutirlo de manera verdadera. La Revolución Socialista solo comienza cuando hagamos el primer acto en el camino de la socialización del poder: Cuando digamos NO, al menos para que tenga que contar con nosotros de verdad.

#XelNO

Deja un comentario