Hay que remontarse a la época española de Cuba, asegura Emilio Roig

  • Para el habanero, con el consentimiento tácito o explícito de las autoridades, se hicieron habituales el tráfico clandestino, el fraude, el cohecho, el robo de los bienes públicos…

El historiador Emilio Roig que un sistema comercial de exclusivismo y monopolio obligó a los habaneros a burlarlo a como diera lugar, lo que los llevó a vivir en la ilegalidad, la trasgresión y el irrespeto a la ley. El contrabando fue válvula de escape de una población oprimida y agobiada por el monopolio. Para el habanero, con el consentimiento tácito o explícito de las autoridades, se hicieron habituales el tráfico clandestino, el fraude, el cohecho, el robo de los bienes públicos… todo aceptado y justificado por razones de necesidad suprema, lo que disolvió la vergüenza en el hábito. Provechosa y fatal fuente de ingresos, precisaba Roig en 1963, el contrabando fue tónica para la vida y agente formidable de perturbación moral.

Otro hecho que contribuyó a modelar de manera notable la fisonomía moral de la naciente Habana fueron las flotas. Escala de todas las Indias, era La Habana a mediados del siglo XVI, como ya se dijo, una villa pequeña, de población escasa y marcada pobreza. Los habaneros, en buena medida, vivían del alquiler de sus casas a los tripulantes de las flotas y de la venta de bastimentos para los navíos. La marinería era de nacionalidades diversas y de hábitos relajados.

La ciudad ‘mercado, garito, lupanar’ engullía oro y volcaba concupiscencia, comentaba un historiador. Lo que fue fuente de daños morales que entronizaron el hábito de vivir sin trabajar, la corrupción y el escándalo.

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