¿Por qué no sabes nada sobre el hijo de José Martí?

José Francisco Martí y Zayas-Bazán, su vida y actos estuvieron muy lejos de las idílicas fantasías paternales, plasmadas en el ‘Ismaelillo’

 

Una desagradable sorpresa significó para mí el artículo a página completa que en la edición del diario Juventud Rebelde del pasado jueves 22 de octubre hace el elogio inmerecido del general (del ejercito constitucional) José Francisco Martí y Zayas-Bazán

 

 

Lo único destacable de este personaje fue su prominente participación, en la condición de jefe del estado mayor del ejército constitucional, como uno de los principales diseñadores y promotores de la masacre de miembros del Partido Independiente de Color (PIC) (1908-1912), ordenada en la primavera de 1912 por el presidente José Miguel Gómez.

Este partido, liderado y compuesto en su mayoría por veteranos de la guerra de independencia, luchaba en el terreno político contra las desigualdades e injusticias que, entrada la república, enfrentaba la población afrodescendiente, sin embargo esta lucha se estructuraba sobre un programa colmado de propuestas y demandas muy progresistas para todos los cubanos sin distinción.

Los poderes fácticos de la época, muchos de cuyos representantes habían sido compañeros de armas y correligionarios políticos de los miembros del PIC, ante el prestigio de sus líderes y el potencial de su propuesta no encontraron otro argumento que la más cruenta represión, ignominioso acto de racismo fratricida que cobro miles de vidas entre los miembros del PIC, pobladores inocentes e incluso entre soldados negros del ejército en campaña en varias regiones del país.

Acto seguido de esas semanas de terror, el señor Martí y Zayas-Bazán organizó y presidió, en el Parque Central de La Habana, el banquete de celebración por la brutal masacre.

Si grave es promover el genocidio fratricida, más grave aún resulta organizar la celebración del crimen como si constituyera una hazaña digna de orgullo. Es acaso a eso a lo que llama civismo la ilustre biógrafa.

Las autoridades cubanas y sus voceros intelectuales y mediáticos, un siglo después, no se han dignado a reconocer los méritos de los líderes del PIC, si no se atreven a reconocer que el PIC fue precursor del progresismo político en el continente o que treinta años antes de la Constitución de 1940 y cuarenta años antes de “La historia me absolverá” señalaron los principales problemas sociales —algunos hoy vigentes— que enfrentaba la joven república, y además muchas soluciones. Resulta lógico y entendible que reinstalen en su pedestal la estatua del principal promotor de la masacre fratricida de 1912 (El ex presidente José Miguel Gómez) o considere al general Martí Zayas-Bazán un caballero de gran civismo y puro continuador del legado del apóstol.

Cosas como estas no es primera vez que suceden. En 2012 al cumplirse un siglo de la masacre, la destacada cineasta Gloria Rolando estrenó en la Casa de las Américas la segunda parte de su documental “1912, voces para un silencio”, en el cual destacó la participación del hijo del apóstol en los lamentables hechos. Pocas horas después un grupo de intelectuales, con soberbia y guapería asistida por el evidente respaldo y la orientación de las autoridades, develaron una placa alegórica al personaje en la mansión de la barriada habanera de El Vedado donde vivió hasta su muerte Martí Zayas-Bazán y hoy es la sede del Centro de Estudios Martianos (CEM). La posición de esas autoridades en estos casos siempre resulta inequívoca, el documental jamás ha sido trasmitido por la pequeña pantalla. Ahora se abren las páginas del diario de la juventud cubana al este increíble elogio de la ignominia.

No deben extrañarnos tales proyecciones. Con la misma indecorosa inmisericordia que demostró el hijo del apóstol hace un siglo, los paladines del civismo que hoy representa la señora Luzón bombardearon quimbos (aldeas) en Angola, hunden embarcaciones llenas de niños cuando lo creen conveniente, enviaron hace doce años a tres jóvenes cubanos negros al paredón de fusilamiento y golpean mujeres inocentes cada mañana de domingo.

Hispanista revivido.